viernes, 21 de octubre de 2016

LA CHICA DEL TREN

La chica del tren es una intriga curiosa, entretenida, un pasarratos divertido en plan crucigrama. Está a medio camino entre una especie de variante de La ventana indiscreta convertida en El tren indiscreto y Perdida... pero muy lejos de ambas dos. 
Acaba acercándose más a las novelas de enigma en cuarto cerrado estilo Agatha Christie. De hecho, es como una especie de renovada versión de las intrigas de la Christie pero fornicando como conejos. 
Una variante de Agatha Christie con polvos que supuestamente han de acercar los personajes femeninos al público actual, porque, claro, a estas alturas Miss Marple no está en condiciones de seguir descifrando enigmas. 
Pero en los esencial el juego sigue siendo el mismo, aunque la ninfomanía de un personaje y al dipsomanía de otro entren en la ecuación. 
En lo que para mi gusto falla la película es en su manera de intentar confundir al espectador en exceso. Tanto se empeña en hacer un juego de trilero -¿Dónde está la bolita? ¿Dónde está la bolita?- que al final nos cansa. Esos avisos de "Dos semanas antes", "Dos meses antes", "Cuando Colón puso el huevo", etcétera, acaban por cansar al espectador. Puede que eso en la novela funcione, pero el cine exige un poco más de orden, y menos juego de despiste, en el que se les ha ido la mano. A los de Perdida les funcionó una fórmula similar, pero es porque trabajaron y manejaron mejor el tema del tiempo del relato de lo que hacen los de La chica del tren, empeñados en sorprendernos, pillarno desprevenidos, darnos información sesgada, trucada... puro postureo narrativo, si me permiten la opinión. 
Lo que ocurre es que luego aparece Emily Blunt, y aunque su personaje llegue a ponerse notablemente petardo, con desvarío que acaba agotándonos innecesariamente, con un ir y venir cansino y en cierto modo repetitivo, lo que es letal para la tensión que debe generar el artificio de suspense, y la actriz salva la película más allá de los limitados y torticeros recursos que le han dado desde el guión a su personaje. 
Blunt es la reina de esta fiesta, aunque se deslice ocasionalmente cerca del abismo de la sobreactuación en varios momentos y al final se nos haga algo anodina, la pobre, con tanto tembleque, tanta mirada perdida y tanto flipando, flipando triunfé investigando. 
Además, para ser algo que se acerque a perdida le falta la última vuelta de tuerca, el desenlace de aquella, ese giro final, que aquí ni siquiera nos da en su desenlace una figura de culpable que podamos decir resulte realmente sorprendente, porque al enigma le falta ese empujón final que sí tenía la película de David Fincher. 
La resolución del enigma es menos sorprendente de lo que piensan los gestores de esta intriga. 
O al menos a mí no me ha sorprendido. Narrativamente tenían otros culpables que habrían proporcionado un cierre más interesante a todo el conjunto. 
 

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