lunes, 20 de junio de 2016

TERROR: MASTERS OF HORROR, DARÍO ARGENTO Y JOHN CARPENTER

Sorpresas te da la vida, como decía la canción aquella. 
Me tropecé con el volumen II de la segunda temporada de la serie Masters of Horror de Mick Garris y lo adopté de inmediato para llevármelo a casa fiando en la eficacia de John Carpenter en su aportación, Pro vida, una fórmula tan curiosa de plantear el tema del aborto como cabe esperar de un tipo tan original como Carpenter. Pero luego resulta que finalmente el que más me gustó de las tres historias incluidas en este volumen es el tercer relato, Pieles, del maestro Darío Argento. De hecho, después de volver a verla el otro día -el de Argento me motiva más para repetir el visionado que el de Carpenter, por mucho que sea fiel seguidor del trabajo del segundo como director-, he llegado a subirle puntos en el calificativo de maestro del terror a Argento. 
Su maestría, como demuestra Pieles, procede de una entrega absoluta y sin concesiones a la búsqueda del impacto visceral de sus imágenes y propuestas argumentales en el público desde una mirada más retorcida que procede de ese lado excepcionalmente oscuro y siniestro que es la sabia esencial de las buenas historias de terror. 
Para que quede más claro: Carpenter es como un Stephen King del cine mientras que Argento juega más en la línea de Clive Barker. 
Dicho sea de paso, este fin de semana Meat Loaf ha sido noticia por perder el conocimiento en el escenario durante uno de sus conciertos, lo cual supongo que pone más de actualidad su protagonismo en Pieles, donde Argento le hace lucir más siniestro y tremendo que nunca. 
Pieles es el gore visceral y primario, el escupitajo de la víscera sangrienta contra el rostro del espectador, la provocación visual primaria que saca a la luz la parte más canalla y bajuna de nuestros miedos y nuestros deseos. 
Carpenter prefiere esgrimir otras armas, y se saca de la chistera una de sus historias de asedio y resistencia en una clínica abortista donde el diablo puede llegar a convertirse en un nativo americano del lejano y salvaje oeste que intenta sacar partido de una guerra de clanes entre ganaderos. Ver a Ron Perlman rezando y practicando una cesárea a una de sus víctimas masculinas es muy divertido, pero mucho más curioso aún es comprobar cómo Carpenter se las ingenia para hacer un western con una fábula que supuestamente es mitad fábula de terror y mitad drama sobre el aborto. 
¿Cómo es posible que en todo ello acabe apareciendo una especie de sarcástico eco de La semilla del diablo resuelta en el territorio de los efectos especiales con claves que son un derivado de la carpenteriana versión de La cosa
Pues porque es John Carpenter, un rey del asunto. 
La más floja de las tres historias es la primera, El estrépito del vacío, dirigida por Brad Anderson con un planteamiento argumental que recuerda a los relatos de Richard Matheson pero no llega a desplegarse con el ingenio de aquellos y acaba convertida en una mera anécdota algo repetitiva y cansina, muy por debajo de lo que estaba dando de sí el género en la pequeña pantalla en el momento en que se estrenó esta serie (2006). Lo mejor: los gusanos. Uno siempre puede contar con ellos para que cualquier escena resulte más jugosa, aunque personalmente creo que les ganan por goleada las moscas de Darío Argento. 
Después de ver Pieles me han entrado unas ganas locas de repasarme otra vez toda la filmografía del maestro, qué cosas.

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