domingo, 26 de junio de 2016

AKIRA KUROSAWA Y DUELO SILENCIOSO: LA GRANDEZA DE UN SENCILLO CUENTO MORAL

Pieza esencial en la esencial filmografía de Akira Kurosawa, Duelo silencioso es una producción de 1949 que ejemplifica la cualidad de cuentos morales que tienen todas las películas de este director y sobre todo las que se desarrollan poco después del final de la Segunda Guerra Mundial. Es una de las muestras de las mejores cualidades de un cine que en su momento sirvió para definir y poner en pantalla el estado de ánimo de toda la nación japonesa después de perder la Segunda Guerra Mundial, y con un tono claramente cercano al del Neorrealismo italiano, con el que tiene muchos puntos de contacto estéticos, argumentales y de contenido, proponer un discurso de recuperación del país que expresan los propios personajes en algunos de sus diálogos, como en este caso la enfermera Minegishi -utilizada como espejo de las emociones del espectador ante el relato-, cuando, repitiendo lo que afirma le ha dicho el doctor interpretado por Toshiro Mifune: "No hay que ir por el mundo avergonzado, hay que seguir adelante con la cabeza bien alta". 
La fábula del médico que contrae la sífilis accidentalmente en el frente al cortarse con un bisturí duante la intervención a uno de sus pacientes que tiene la enfermedad, le sirve a Kurosawa para hilvanar un tapiz metafórico sobre las consecuencias de la guerra en la gente en una de las líneas temáticas de la película, que habla sobre todo del Japón herido, lo que queda expresado en uno de los diálogos del protagonista, cuando afirma: "El cuerpo, a pesar de no haber perdido su pureza, está corrompido". 
Lo mejor es que junto al interés de su tema y a esa metafórica cualidad de convertirse en cuento moral y reflexión sobre el estado emocional del país después de la Segunda Guerra Mundial, Kurosawa elabora un discurso visual que le lleva a desafiar el recurso del plano contra plano para buscar otras alternativas de composición del plano muy interesantes que le permiten inmplicar directamente al espectador en la tragedia íntima de los personajes. 

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