viernes, 25 de marzo de 2016

LOS MUERTOS VIVIENTES

Es curioso. En este cómic siempre han hablado mucho, y eso no me parecía mal. Al contrario, era interesante ese cambio hacia la reflexión y construcción de los personajes. Pero ahora ya empiezan a hablar demasiado, como si se hubieran contagiado de lo que ocurre en la serie de televisión que lo adapta, The Walking Dead. Han pasado de hacer reflexiones interesantes a simplemente hablar por hablar. Y eso es mala política narrativa para el conjunto, porque concretamente en este número he estado a punto de dejar de leer. Se les nota cierto agotamiento. Y digo que es curioso porque, por el contrario, en la serie ocurre justo lo contrario. En esta última temporada, la sexta, han hecho justo lo contrario, y así la sexta temporada está siendo más interesante, con mejor ritmo, más dinámica, que las anteriores. No hay esas parrafadas que sin embargo empantanan esta última entrega del asunto en viñetas. 
El cómic sólo se salva al final de este número por la masacre. Entiendo que esto puede sonar raro, pero es la puñetera verdad. Alguien podría pensar que es precisamente para impactar más en esas últimas viñetas para lo que se frenta el ritmo a base de diálogo insulso el resto de la entrega, pero no lo veo yo así. Lo que me parece es que se les están acabando los argumentos, que abusan de los mismos recursos que ya han explotado en entrega anteriores, que se está produciendo un lógico agotamiento, que nada humano es eterno y que las cosas, todas las cosas, tienen un final por un buen motivo, que precisamente es el cansancio, el agotamiento, la reiteración, la necesidad de pasar página y saltar a otra cosa. 
Renovarse o morir. 
Sospecho que ese es el momento a que ha llegado la serie Los muertos vivientes en los cómics. 
El desenlace sangriento empieza a ser un recurso de salvamento usado en el último minuto que tambíén se reitera en exceso. 
 

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