lunes, 21 de marzo de 2016

LAS MÁQUINAS DE DIOS, de Jack McDevitt

Terraformación vs. nuevos descubrimientos en arqueología interestelar. 
Ese es el primer dilema que afrontan los protagonistas de Las máquinas de Dios, una novela sobresaliente de ciencia ficción que gira en torno al descubrimiento e investigación de extraños monumentos alienígenas en un planeta anteriormente poblado por hombres-cocodrilo, incorporando a los elementos que integran el relato fauna pintoresca y en ocasiones letal, catástrofes a escala global, ecología y una trama de intriga sobre qué son y qué persiguen los llamados Constructores de Monumentos. 
"Todas las cosas verdaderamente importantes acabarán siendo uniersalmente compartidas. Por esta razón nunca habrá verdaderos aelienígenas", afirma uno de los personajes principales de esta historia con amplio arco de acontecimientos. 
Si le busco referente familiar con el cine de ciencia ficción reciente, podríamos decir que la novela está a medio camino entre Interstellar de Nolan y Prometheus de Scott, hasta el punto de que no me cuesta nada imaginarmente a los Constructores de Monumentos de la novela como una variable de los alienígenas de Prometheus, del mismo modo que el viaje que emprenden los protagonistas en la segunda parte de la novela se acerca a la traducción de este tipo de relato de exploración que llevara a la pantalla Christopher Nolan en su última película. Aunque detrás de todo eso siempre asoma la sombra de la inevitable 2001 de Stanley Kubrick. 
Lo que resulta interesante se cómo una vez más se repite una constante del género, tanto en literatura como en cine y televisión: el encuentro con una entidad superior en un momento en que como civilización y como especie nos sentimos especialmente vulnerables. McDevitt tripula ese encuentro con una notable habilidad para convertir su novela sobre todo en un relato de suspense con cierto puntito inquietante que recuerda el encuentro con la entidad gigantesca del principio de Alien. El siguente párrafo habla por sí mismo: "Había algo raro en esa estación. Algo diferente a su rareza, pues la rareza se encontraba en el corazón de ese objeto, estaba diseñada en su interior y la acentuaban todas esas ventanas sin iluminar. Había alguna otra cosa extraña". 
Lo alienígena adquiere así un significado muy especial que otorga personalidad a esta historia de aventuras en el espacio. 
Otro aspecto interesante de la novela es el protagonismo femenino de Hutch, la piloto que lleva a los arqueólogos de un descubrimiento a otro y comparte con ellos incluso las aventuras de supervivencia propias del género de catástrofe de la primera parte de la novela, que en la segunda parte se convierten en aventuras de terror con muertes sucesivas y monstruo incluido y finalmente un nuevo protagonismo de la catástrofe para cerrar el relato. La hibridación de ciencia ficción, terror, intriga y aventuras le funciona muy bien a McDevitt para mantener un buen ritmo del relato con cambios de recursos y personajes que le sirven como pretexto para desarrollar una visión de relato basado en la ciencia que al mismo teimpo seguramente hará las delicias de los aficionados a las teorías de los antiguos astronautas y adicto al fenómeno OVNI en general. 
Volviendo a las claves cinematográficas, hay que tener en cuenta que la novela de publicó en 1996 y los restos encontrados en la base alienígena de Beta Pacíficca III que describen a gigantes (la bota, las sillas, las mesas... los cadáveres) anticipan algunas de las claves que veremos luego en Prometheus de Ridley Scott. 
 
 
 

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