domingo, 27 de marzo de 2016

CONAN: LA REINA DE LA COSTA NEGRA

Roy Thomas en el guión, John Buscema en los dibujos, o en la mayoría de los dibujos, son motivo más que sobrado para sacar de la estantería esta edición de las viñetas de Conan con el primer año, más o menos, del ciclo de Bélit, la reina de la Costa Negra. O lo que es lo mismo: el ciclo piratesco de las aventuras del personaje bárbaro creado por Robert E. Howard. 
Buenos recuerdos de la primera vez que pude echarle córneas a este ciclo en cómics independienetes, mensuales o quincenales, no lo recuerdo muy bien, pero en blanco y negro según la edición que en aquel momento circulaba por los quioscos. 
 
Años setenta. Un buen ciclo para las peripecias mensuales de Conan, aunque a muchos de sus seguidores no les convencía esa compañía femenina fija del bárbaro que fue Bélit. 
 
El tomo reúne más o menos ese primer año del ciclo de Bélit. En orignal eran en color, y de hecho así los tengo en otra edición, a base de grapas, pero lo cierto es que me gusta repasarlo en blanco y negro, porque fue así como los conocí la primera vez. Supongo que es cuestión de nostalgia, o de haber estado enganchado a la colección de La espada salvaje de Conan, que era en blanco y negro. Por un motivo u otro, no me molesta leerlo en color, que es como originalmente se pensaron, pero prefiero el blanco y negro porque lo tengo más asociado en mi memoria al personaje. 
Al tomo sólo le falta haber metido las portadas para ser todavía más completo. 
El ciclo interesa porque mezcla las historias de piratería con las peripecias selváticas, y añadido a todo ello tenemos el clásico entorno de espada y brujería con monstruos sobrenaturales de las historias de Robert E. Howard. El resultado de esa hibridación de géneros es una de las etapas más divertidas de leer de Conan en viñetas. 
Es también una de las etapas más cinematográficas de los cómics del bárbaro. De hecho, estaría bien que cualquier día el cine decidiera simpelmente tirar de guinoes de Roy Thomas para las viñetas, redescubriera este curioso ciclo de Bélit, uno de los mejores para mi gusto de todos los cómics de Conan, y se pusieran a la tarea de trasladarlo a la pantalla grande como merece. Sin duda sería más interesante que otras intentonas con el personaje en el cine. Sería además una buena oportunidad de hacer una puesta a punto y partir de cero con Conan. La mezcla piratesca con aventura selvática más el protagonismo de Bélit serían buenas claves para actualizar el personaje. 
Además este ciclo brilla por los personajes secundarios que sirven bien a un esquema más amplio de desarrollo argumental. Por un lado Bélit tiene casi tanto protagonismo como Conan, pero en las subtramas que incluye este ciclo encontramos una especie de variante oscura del Tarzán de Edgar Rice Burroughs, Amra, el León, en el que han cambiado simios por leones y a partir de ahí han acoplado un tarzanesco personaje a las peripecias de espada y brujería de Conan. Por cierto, sospecho que el personaje de Amra en este ciclo de Bélit fue la inspiración para el protagonista del largometraje El señor de las bestias, dirigida por Don Coscarelli en 1982, que saltó a la cartelera en el mismo año del éxito de la primera película de Conan protagonizada por Arnold Schwarzenegger y dirigida por John Milius.
 
Otro personaje secundario destacado del ciclo contenido en el tomo fue Red Sonja, que trajo a esta etapa el planteamiento más tradicional de las peripecias de Conan con brujos y referencias a la mitología terrorífica de H.P. Lovecraft, además de permitirle al maestro Frank Thorne hacer una brillante incursión en el mundo del bárbaro. 
 
El audiovisual todavía no ha descubierto el potencial de esta saga y de sus personajes, pero ahora que anuncian que se prepara una serie de televisión sobre Red Sonja podemos estar en las puertas de un cambio en la manera de entender el género de Espada y Brujería por el cine y la televisión de nuestros días, y a la vista de lo que ha hecho Netflix con series como Daredevil y Jessica Jones, o de lo que se está haciendo en series como Juego de Tronos y Vikings, es posible que finalmente el audiovisual encuentre el camino de acercarse a las imaginativas propuestas que lanzó a los lectores este tipo de historias desde las viñetas de las colecciones de Conan editadas por Marvel en los años setenta. 
 
Son los secundarios, y no sólo Conan, lo que hace más interesante este ciclo, lo cual encaja con esa idea de protagonismo múltiple que predomina en las series que he citado. Por ejemplo, junto a Conan tenemos a Karanthes, el sacerdote de Ibis, enfrentado en una guerra de magia negra y dioses antiguos con los seguidores del dios Set, que llevará a Conan, Bélit y Red Sonja hasta la mismísima corte de Valusia donde reina otro célebre personaje creado por Robert E. Howard, Kull, respaldado por su Guardia Negra. 
 
En el tomo hay también sitio para una historia de terror con amenazas siniestras surgidas del mar como la que ilustran los dibujos de Val Mayerik, o para comprobar el efecto mágico de las tintas de Ernie Chan en los dibujos de John Buscema en la última historia del ciclo, que incluye todos los elementos que hiceron grande a esta etapa de las aventuras del bárbaro en las viñetas. 
 
 
El resultado de esta reunión de talentos de paso me ha llevado a pensar que quienes ya conocimos todas estas aventuras de Conan hemos visto el personaje de una manera que no es la misma con la que alcanzan a mirarlo quienes lo descubrieron a partir del estreno de la película protagonizada por Arnold Schwarzenegger. El Conan de Howard era distinto del que se trasladó a los comics a través del desbordante talento de Roy Thomas como guionista y Barry Smith o John Buscema como ilustradores. De hecho, el conan de Barry Smith era ya muy distinto del que luego desarrolló Buscema, el dibujante que más aporte hizo a las viñetas del bárbaro. 
 
Y todo eso es anterior a las películas de Schwarzenegger. Lo que me lleva a pensar que al decir Conan, quienes pasamos antes por las novelas de Howard y los comics escritos por Roy Thomas e ilustrados por Barry Smith y John Buscema tenemos una percepción ligeramente distinta del personaje y de su mundo. 
Un ejemplo: la subtrama sentimental que acompañó a Conan y Valeria en la primera película de Schwarzenegger está inspirada por la que vinculó a Conan con Bélit en el ciclo del que aquí hablo, pero en el mismo nunca se llegó a desvirtuar tanto al personaje por la vía de lo sentimntaloide como lo vemos en la pantalla grande en la versión de John Milius. 
 

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