viernes, 1 de enero de 2016

DINOSAURIOS: MI QUERIDO BRONTOSAURUS, de Brian Switek

Cuantas más cosas sabemos sobre dinosaurios, más complejos resultan. Aunque encontramos respuestas nos topamos con nuevas preguntas”, afirma Brian Switek en su libro Mi querido Brontosaurus. Y eso es lo que hace de la paleontología y los dinosaurios un tema digno de ser considerado como una de las intrigas científicas más interesantes de la historia del hombre, en lugar del entretenimiento infantiloide que algunos creen que es.

Y lo mejor es que esa intriga nunca se extingue, porque siempre habrá cosas nuevas por descubrir sobre los dinosaurios. Según apunta Switek: “Lo que sabemos hoy será puesto a prueba y cuestionado por lo que encontremos mañana”.

El cambio que ha sufrido nuestra manera de entender a los dinosaurios es el gran tema de este libro que comienza, ya desde su título, reflexionando sobre las diferencias en la manera de entender a los dinosaurios en décadas anteriores y nuestros nuevos conocimientos sobre la materia tomando como ejemplo la desaparición del animal que conocíamos como Brontosaurio barrido por la llegada del Apatosaurio Excelsus. O la forma en la que los saurisquios (cadera de reptil, pero de los que descienden las aves actuales) y los ornitisquios (cadera de ave, pero no aves), son el principio de un recorrido de conocimiento de los dinosaurios que hace este libro explorando todos los aspectos científicos y culturales de la paleontología y sus grandes protagonistas. El resultado es uno de los mejores libros divulgativos sobre dinosaurios  que al mismo tiempo repasa los tema centrales que rodean a estas criaturas del pasado, entrando en temas tan interesantes para un aficionado al asunto como el uso de la anatomía comparada como clave de la paleontología; la distinción entre crocodilios y dinosaurios mediante la construcción de su tobillo y cómo la derrota de los sinápsidos preparó el terreno para los progenitores de los dinosaurios (“Durante el Triásico, el argumento secundario de los dinosaurios no era más que una pequeña parte del relato mayor de los arcosaurios. No había pista alguna de que los dinosaurios fuerana  dominar la Tierra”); la espectacular diversificación de formas presentada por los dinosaurios después de su origen y las preguntas que plantea que no empezaran a ser dominantes a escala global hasta el Jurásico; el papel de la extinción del Triásico y la disminución de las faunas del mundo, con el cambio climático, el impacto de un asteroide y la actividad volcánica ejerciendo su papel tradicional de sospechosos habituales de la catástrofe; el papel de la extinción del Pérmico abriendo camino para que lo arcosaurios se diversificaran gracias a lo que el autor define como “argucias biológicas como la reproducción temprana y el crecimiento rápido”; el papel del estudio de los cololitos (el coprolito fósil que todavía no ha sido excretado) en el estudio de cómo se alimentaban los dinosaurios y la forma un extensión del intestino de los dinosaurios; la importancia de la horquilla filogénetica superviviente, aves y crocodilia, que pueden dar pistas para deducir cómo funcionaban los dinosaurios en alimentación, costumbres, comunicación, color, costumbres, reproducción… 
 
El libro incluso se zambulle en el tema del sexo entre los dinosaurios, lo cual da una idea de hasta qué punto se plantea el objetivo eminentemente divulgativo para sus páginas el autor de este completo, ameno y claro repaso al tema en el que se pasa del comentario sobre los problema que plantea el dimorfismo sexual, ausente en los dinosaurios, al papel de los cuellos de las jirafas o la falsa acusación de ser un ladrón de huevos lanzada contra el Ovirraptor.

En el texto están presentes las dudas sobre nuevas especies y eliminación de la clasificación de especies antiguas equivocadamente etiquetadas, o la constatación de los cambios en los Triceratops a medida que crecían, que dio lugar a una polémica por la supuesta “eliminación” del Triceratops que fue totalmente infundada, porque para empezar el Ticeratops había sido denominado primero y tenía prioridad científica sobre el Torosaurio. Tal como explica el autor: “Al volver a examinar la anatomía de muchos dinosaurios pequeños, los paleontólogos han descubierto que lo que antaño creíamos que eran especies diminutas eran en realidad los juveniles de dinosaurios mucho mayores”, o también que “Había muchos más saurópodos gigantes de los que consiguieron llegar al registro fósil”.

El libro es una buena opción para empezar a entrar en el mundo de los dinosaurios como aficionado por su elevada eficacia divulgativa incluso para profanos en el tema, y por su tesón en entrar a abordar a grandes rasgos todos los grandes temas que han marcado el desarrollo y el avance de la paleontología como ciencia desde la Guerra de los Huesos que desató al competición entre O.C. Marsh y Edward Drinker Cope a finales del siglo XIX, hasta las polémicas en torno a cada avance en el conocimiento de la materia, como la constatación de que los dinosaurios  no eran animales de sangre fría, sino de sangre caliente, y que ponían huevos, y que eran antepasados de las aves de la actualidad,  y que además podrían haber estado cubiertos por un plumón cuyos colores ya han empezado a estudiarse en algunos fósiles.

El recorrido por la historia de los dinosaurios se completa con algunas reflexiones interesantes como la manera en que, según el autor: “Nuestro prejuicio de mamíferos se cuela a veces en la manera de entender a los dinosaurios”. 
  
El papel del estudio de los melanosomas  en los estudios del color de los dinosaurios o el carácter especulativo de todo lo que se refiere a estos animales, desde su capacidad para emitir sonidos y comunicarse al comportamiento, el color, el sexo, hasta el papel de los microorganismos parásitos, las enfermedades y las pulgas de dos centímetros y medio que atacaban a estos gigantes de la fauna del pasado salen al encuentro del lector en el tramo final del libro, donde también se aborda cómo enfermaban los dinosaurios (“Las aflicciones a que se enfrentaban los dinosaurios siempre han estado con nosotros”, afirma el autor), así como las distintas teorías sobre por qué se extinguieron los dinosaurios no aviares y no se extinguieron los aviares que todavía existen entre nosotros como aves. El libro repasa desde las teorías más disparatadas –caza de una especie extraterrestre-, hasta las dominantes que han acabado dominando las propuestas de explicación para el fenómeno de extinción que a finales  del Cretácico, hace 66 millones de años, acabaron con estos animales que habían vivido 230 años en la Tierra: el meteorito que chocó contra el planeta desatando una cadena de catástrofes y cambios que acabaron por poner fin a los dinosaurios.

Lo dicho: uno de los libros más interesantes y estimulantes sobre paleontología que he leído. No está nada mal para ser el primer libro que leo este año.

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