domingo, 17 de enero de 2016

LOS ODIOSOS OCHO Y EL MUELLE DE LAS BRUMAS

Esta semana ha llegado a la cartelera española la octava película dirigida por Quentin Tarantino, Los odiosos ocho, de la que he escrito amplia crítica en la página web de la revista Acción, que puede leerse en: http://www.accioncine.es/reportajes/criticas-proximos-estrenos/3847-los-odiosos-ocho-xxxxx. En esa misma página, el colega Jesús Usero y yo repasamos en un vídeo que grabamos al salir del pase de prensa algunos aspectos destacados del largometraje que puede verse en: http://www.accioncine.es/multimedia/videocriticas/3854-video-critica-los-odiosos-ocho. 
Pero además esta relectura que hace Tarantino de su primera película como director, Reservoir Dogs, me ha recordado una referencia más remota que aprovecho para recomendar como antecedente lejano, pero no por ello menos interesante, de Los odiosos ocho. 
Me refiero a El muelle de las brumas, una de las tres películas esenciales basadas en las novelas de Pierre Mac Orlan que fueron el motor de combustión esencial para crear la imagen del perdedor como antihéroe precursor del existencialismo en el cine, preludio ya ocompañamiento del cine de gásnter en Estados Unidos, que alcanzó su desenlace en la brillante El último refugio, de Raoul Walsh, en 1941, la primera película de Humphrey Bogart como protagonista. 
Junto a El muelle de las brumas, que en su adaptación cinematográfica dirigió Marcel Carné en 1938, las otras dos películas que completan el trío de adaptaciones clave de las obas de Mac Orlan fueron La bandera y Pepé Le Moko, dirigidas por Julien Duvivier en 1935 y 1937. La primera planteó una interesante versión alternativa, trágica y oscura a las fábula colonialistas del cine de aventuras, hablando sobre antihéroes que no buscan el éxito sino el olvido, al contrario que los del cine de Hollywood, y la segunda fue un antecedente más maduro y pesimista de muchos aspectos que posteriormente, de forma más ingenua, iban a convertir a la película Casablanca, de Michael Curtiz, en un éxito mítico del cine cocinado en Hollywood. Es curioso que las tres películas francesas, protagonizadas por Jean Gabin, tuvieran en un eco tan claro en las películas que iban a convertir a Humphrey Bogart en una estrella. De hecho no sería ocioso mirar a Bogart como una versión estadounidense convenientemente edulcorada para paladares estadounidenses de los conflictos e inquietudes exisenciales que materializaran los personajes interpretados por Jean Gabin en estas tres obras maestras del cine galo. 
Pero volviendo a Los odiosos ocho , El muelle de las brumas propone con su Barraca de Panamá, punto de encuentro de un puñado de náufragos de la sociedad de su tiempo, todos ellos con pasado, un antecedente remoto de la Mercería en la que van a coincidir los personajes de la última película de Tarantino que los enamorados del cine harían bien en visitar. 
 
Tal y como ocurre con El muelle de las brumas de Marcel Carné, la película de Tarantino expresa a través de esa espera a que están sometidos sus personajes náufragos cierto aire de anticipación de la catástrofe, la Segunda Guerra Mundial en el caso de la película francesa, y este mundo nuestro a la espera de una nueva crisis económica o supercrisis, que supere la de 2008, o del próximo atentado terrorista del Estado Islámico, o de la próxima amenaza atómica desatada por Corea del Norte, o del próximo caos generado por cualquiera sabe qué otro problema nos pueda estar esperando a la vuelta de la esquina. 
 
La claustrofobia que sienten y esa cualidad de anticipación, de tensa espera, hermana a los personajes atrapados en ambas películas, donde el turbulento clima exterior es un reflejo de las turbulencias interiores de cada personaje, que a su vez son una anticipación de las futuras turbulencias que esperan en el mundo exterior. 

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