martes, 29 de diciembre de 2015

LEMMY KILMISTER HA MUERTO Y ESTO YA NO ES LO QUE ERA

De repente el mundo ha dejado de ser tal y como muchos aficionados al rock lo concebíamos. 
Se murió Lemmy Kilmister, el alma de la banda Motörhead. 
Después de 70 años metiendo caña. 
Primero rumores, luego confirmaciones, noticias en medios de comunicación fiables, la página oficial de Facebook del grupo... 
Lemmy ha muerto. 
Y mientras estoy decidiendo si me lo creo o no me lo creo, el mundo ha cambiado y resulta que en contra de lo que muchos pensamos inicialmente esto de la muerte de Lemmy no es la disparatada parida tardía de un día de los inocentes que se nos amargó en pesadilla. 
Lemmy ya no está. 
Mal momento para recordar que en agosto me llevé una de las sorpresas más gratas de las vacaciones. Recién aterrizado en Madrid después de estar en el Arenal Sound de Burriana me dijo mi hija que Lemmy venía a Madrid. Con su banda. Como él mismo decía en su libro, él era Motörhead. Y Motörhead era él. Amén a eso. En el mismo día, mismo concierto, una alianza de grupos difícil de superar: Lemmy y Motörhead, Saxon, Girlschool. 
Andaba ligeramente tieso de pasta pero la ocasión era obligada, así que horas después las entradas para el concierto en Madrid el próximo mes de febrero estaban en mi bolsillo. 
Y yo feliz de sacarles una foto y compartirlo con ustedes. 
Ahora resulta que ha muerto el mismo Lemmy cuya biografía me leí este verano para ir abriendo boca de cara al concierto. Por cierto recomiendo el libro a quienes quieran saber algo más del tipo que habitaba detrás del músico, aunque pienso que en el caso de Lemmy es imposible separar uno del otro.
Sobre todas las informaciones, datos y anécdotas que contiene el libro, después de leer esa biografía sazonada con mucho sentido del humor socarrón y una mirada hacia el mundo que a ratos me recordó los grandes momentos de Charles Bukowski, me quedó un cierto poso de tristeza por la impresión de que Lemmy había disfrutado de su vida, pero seguía pensando que Motörhead merecía más de lo poco que le dieron algunas de las compañías discográficas con las que trabajó. Me dejó triste que le pidiera a los seguidores que compraran discos, y que dejaran de pensar en la banda sólo como los tipos que tocaban el clásico Ace of Spades, como si no hubieran hecho nada más en todos los años posteriores a ese mítico tema. Él tocaba el tema en cada concierto, cada vez que se lo pedían y sin protestar, pero les pedía a sus seguidores que evolucionaran con la banda, porque la banda no se había quedado congelada en ese tema ni en ese momento. 
Y llevaba razón.
Así que mi homenaje a Lemmy será escuchar y disfrutar otra vez los últimos discos de Motörhead, sin quedarme atascado en Ace of Spades. 
Creo que eso le habría gustado.  
Lemmy era un monstruo del nivel Bon Scott, Charles Bukowski, John Huston, Sam Peckimpah, Henry Miller o Dashiell Hammett. Cada uno en lo suyo. Todos ellos gente creadora esencial para que este mundo absurdo siga teniendo algún sentido en lugar de ser simplemente un miserable despropósito. 
Se nos agotan las existencias de gente así. Se nos van acabando. Las estanterías de este tipo de creadores se van quedando vacías y no hay nada para reponerlas. 
Esa es la peor impresión de todas: que todos estos grandes mueren sin herederos. No hay quien pueda ponerse las coronas de estos reyes desaparecidos (no caídos, este tipo de reyes no cae, ni se rinde, siguen en la brecha, como Lemmy, hasta el final).
Reyes de la literatura, el cine, la música, van dejando los tronos vacíos en un paisaje cada vez más desolado y vacío, más adocenado y mas conformista, más cagón y más cabrón. 
Y todos somos cada día más cobardes. 
Nos hacen falta más Lemmys, no menos, pero ahora nos hemos quedado sin el único, genuino e inimitable Lemmy. 
Dicen que el rock llora, pero yo creo que no. 
Yo creo que hoy el rock no es un llanto, es una voz rota. 
La voz de Lemmy liándola parda en el cielo y en el infierno al mismo tiempo. 
Mientras nosotros temblamos de miedo. 
 

 
 
 

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