domingo, 22 de noviembre de 2015

STAR WARS Y LA BATALLA DE INGLATERRA: FUENTE DE INSPIRACIÓN

Ayer noche, para escapar a los estragos de la debacle del Real Madrid con el Barcelona, decidí ponerme la edición definitiva de La batalla de Inglaterra, que es uno de esos DVD de colección imprescindible para todo aficionado al cine bélico.

El caso es que repasando una vez más la película, dirigida por Guy Hamilton, uno de los artífices de la saga de 007,y estrenada en 1969, me ha convencido mucho más que la primera vez que la vi. Por varios motivos.

Es cierto que la trama sentimentaloide que se sacaron de la manga los guionistas entre el personaje de Christopher Plummer y el personaje de Susannah York está metida con calzador y no aporta nada más que un ligero respiro a las batallas aéreas que son la clave de todo el asunto, pero no obstante esta vez me ha molestado menos porque me ha gustado la manera en la que concluyen dicha subtrama sin llegar a darnos la típica secuencia de reencuentro de los amantes después de la tragedia. La cosa se queda en una mirada de la esposa que rememora su encuentro con el rostro quemado del compañero de su marido, una pincelada de las consecuencias de la guerra después de la guerra, y el sacrificio del futuro cotidiano por el presente bélico. Interesante resolución del asunto sentimental que me había pasado desapercibida en visionados anteriores, pero que unida a la manera en la que solucionan la otra subtrama de matrimonio de la película, protagonizada por el personaje de Ian McShane, también con un corte seco que cierra en tragedia, testimonia un cuidado en el tratamiento de esas dos peripecias más intimistas como apunte o subrayado de las consecuencias del conflicto entre la gente común. El plano de los niños jugando a batallas aéreas en el refugio improvisado en el metro enlaza con esos otros dos fragmentos que ponen de manifiesto el coste a nivel individual de las pérdidas humanas derivadas de la batalla que da título a la película. Además algunas de las escenas más espectaculares de la película están precisamente en esas escenas nocturnas del Londres bombardeado por los alemanes que se rodaron en un barrio a punto de ser derruido, cuyos escombros prestaron aún mayor verosimilitud a los planos de infierno dantesco del largometraje.

Y todo eso sólo en la parte de menos acción bélica propiamente dicha de la película, cuyo epicentro, como no podía ser de otro modo, son los enfrentamientos de la aviación británica contra la alemana en los cielos británicos. El resultado de los mismos me lleva a pensar que no es exagerado calificar esta película como la mejor que se ha rodado sobre los combates aéreos que se libraron en la Segunda Guerra Mundial, y sin duda una poderosa influencia sobre el cine de acción posterior, y más concretamente sobre las producciones de la era blockbuster, con Star Wars, cuyas batallas aéreas le deben mucho a La batalla de Inglaterra como fuente de inspiración. La influencia se extiende incluso hasta lo que hemos visto de combates aéreos en el tráiler de El despertar de la fuerza. Incluso hay términos como “enjambre de buitres” y diálogos de combate como  “Rojo Uno…” etcétera que Lucas tomó claramente para el desenlace del ataque a la primera Estrella de la Muerte con el que cerró La guerra de las galaxias, y que han pasado a formar parte de la mitología de Star Wars, pero nacieron en La batalla de Inglaterra. Incluso la utilización de la música compuesta para esta película por William Walton es una clara base de influencia para el trabajo de John Williams en la saga de Star Wars.

La manera en que se filmaron esos enfrentamientos entre la RAF británica y la Luftwaffe alemana, recuperando aparatos reales y contando con la colaboración de la aviación española para aportar instalaciones y aparatos a la reproducción de la aviación germana, fue en su momento revolucionaria, filmando desde el aire y consiguiendo algunos planos particularmente espectaculares con aparatos reales en vuelo. Se rodó desde un bombardero americano B-25 que prestó para la filmación un coleccionista de Florida con el fin de que se convirtiera en la principal plataforma de filmación aérea del largometraje. Muchas escenas se rodaron en España, en un aeródromo cercano a Sevilla para reproducir las escenas iniciales de las fuerzas alemanas preparando el ataque a Inglaterra, o en San Sebastián, que se utilizó para reproducir la ciudad de Berlín por la noche. Además el comandante Santa Cruz de la aviación española ejerció como coordinador de los vuelos en los que, dando muestra de la heterogénea tribu de pilotos reclutados para la ocasión, participaron 4 Messermicht y 1 Spitfire de lo que se denominó la Fuerza Aérea Confederada de Tejas, coleccionistas que habían adquirido recientemente los aparatos y accedieron a prestarlos para la filmación con la condición de que les dejaran pilotarlos a ellos mismos en las secuencias de acción. Gil Parrondo, una de las figuras más internacionales del cine español, aportó también su talento como escenógrafo a muchos de los aspectos fundamentales del largometraje.

Me convence además la manera de controlar el protagonismo coral de manera más equilibrada de lo que pudiera parecer en principio. Un reparto que reúne a Robert Shaw, el cazador de escualos de Tiburón, al gran Michael Caine, a un joven Ian McShane, Christopher Plummer, Laurence Olivier (que seguramente recordaría la Batalla de Inglaterra de primera mano, porque durante la guerra había rodado una de sus adaptaciones de Shakespeare con aviones británicos y alemanes combatiendo prácticamente sobre su cabeza y la del resto de su equipo), Ralph Richardson, Kenneth Moore, Michael Redgrave, Trevor Howard… coincide con la coordinación de las distintas historias y aspectos históricos en torno al enfrentamiento que sirve como epicentro de la trama, sin descuidar darle a los antagonistas, los alemanes, un papel digno garantizado por la presencia entre los consejeros del rodaje del general Galland de la Luftwaffe. La escena de la mesa donde comen los pilotos alemanes, donde empiezan a crecer las sillas vacías a medida que progresa la batalla que da título al largometraje es especialmente significativa en ese sentido de equilibrio y respeto por los antagonistas.

            Pero junto a todo eso, lo mejor es que en la Edición Definitiva se incluye uno d de los mejores Making of que he visto. De hecho, es la perfecta definición de lo que deberían ser estos materiales de Cómo se hizo, y casi nunca son. Presentado por Michael Caine, es un documental en toda regla que durante aproximadamente una hora de duración no sólo narra cómo se rodó la película, con muchas claves interesantes, sino también los datos esenciales sobre el acontecimiento histórico que la inspira. Por ejemplo es particularmente significativa la colección de respuestas que dan los norteamericanos preguntados a la puerta de la embajada de Estados Unidos sobre lo que fue la Batalla de Inglaterra. Las respuestas no tienen desperdicio. Y eso sólo es el principio del documental. 
Ante tal despliegue de estulticia y lugares comunes, sólo se me ocurre repetir el diálogo de uno de los momentos más recordados de la película: ¡Taca, taca, taca, taca...!

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