viernes, 20 de noviembre de 2015

SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, CHURCHILL CONTRA STALIN: OPERACIÓN "IMPENSABLE"

Libro esencial para los aficionados a temas de la Segunda Guerra Mundial. Los planes de Winston Churchill para una posible Tercera Guerra Mundial con la Unión Soviética, que podría haber empezado un día después de que hubiera terminado el enfrentamiento con la Alemania de Adolf Hitler, e incluso reclutando a soldados alemanes para ese nuevo conflicto, motivo por el cual el primer ministro británico ordenó a Montgomery que no destruyera las armas incautadas a los germanos…

No me nieguen que la premisa de partida es ya suficientemente interesante para ponerse a leer, que es lo que hice yo ayer, leerme el libro en un día, casi del tirón,  interrumpiendo la lectura solo para dar mi clase de historia del cine sobre el melodrama en la escuela y luego seguir leyendo hasta llegar al final de este libro de historia que se lee como una novela de intriga y ciencia ficción y en ocasiones entra en el territorio de la ucronía. Pero lo más interesante del libro de Jonathan Walker sobre los planes secretos elaborados por un gabinete de planificadores británicos que en 1945 y siguiendo órdenes de Churchill evaluaron el desarrollo de un enfrentamiento armado con la Unión Soviética, está en su valor como testimonio de una época,  de la geopolítica que dominó los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial, de esa etapa en la que Hitler ya había sido derrotado y la guerra en Europa iba tocando a su fin, pero todavía quedaba derrotar a los japoneses. Un juego de alianzas, medidas y contramedidas, complots y conspiraciones, reuniones en la cumbre y encuentros y desencuentros entre los que habían sido aliados en su enfrentamiento con la Alemania nazi.

La ofensiva que daría lugar a la denominada Operación Impensable estaba previsto para el 1 de julio de 1945, y la gran duda era si los Inglaterra, Estados Unidos y sus aliados, incluyendo un ejército polaco de más de 250.000 hombres, podrían derrotar rápidamente al Ejército Rojo, o por el contrario esa operación sería el comienzo de un nuevo conflicto a escala global en el que al capacidad industrial aliada, que sextuplicaba la soviética, iba a ser un factor decisivo en la contienda. La pregunta es si, como había sucedido en el enfrentamiento con una Alemania exhausta, iba a ser suficiente para vencer a una Unión Soviética pletórica y en plena celebración de su victoria contra Hitler. El general invierno ya había vencido a Napoleón, que de sus 600.000 soldados reclutados para combatir en Rusia sólo vio llegar hasta las puertas de Moscú a 90.000. Y la Operación Barbarroja emprendida por Hitler para invadir la Unión Soviética había dejado muy claros los numerosos inconvenientes que planteaba el ataque contra la URSS. 
El Ejército Rojo había perdido más de 10 millones de hombres durante la Segunda Guerra Mundial, pero todavía contaba con 7 millones de combatientes, incluyendo 600.000 hombres de la temida NKVD, el Comisario de Asuntos Internos del Pueblo. A estas cifras, el Ejército Rojo sumaba un absoluto desprecio por las bajas primando la consecución del objetivo, una especial habilidad para el combate nocturno, una enorme resistencia en el campo de batalla… Lo habían demostrado en el enfrentamiento con los alemanes, que según los planes de “Impensable” podrían reconvertirse en aliados de Inglaterra en el intento de vencer a los soviéticos para pararle los pies a un Stalin cuyo régimen había salido pletórico de fuerza de la Segunda Guerra Mundial y se iba extendiendo por los territorios de Europa del Este forjando un imperio. Diez divisiones alemanas estaban en los planes de “Impensable” para incorporarse a las fuerzas de los aliados contra la Unión Soviética. De hecho, muchos soldados alemanas habían querido alistarse ya con los ingleses y los estadounidenses para ir a luchar contra los japoneses.

No deja de ser paradójico, y al mismo tiempo trágico, sobre todo para los habitantes de aquel país tan torturado en el siglo XX, que Polonia volviera a estar en el epicentro del desacuerdo entre las grandes potencias del momento, forzada a ejercer nuevamente el desagradable papel de casus belli. Stalin había montado su propio gobierno títere pro-soviético en Lublin. Los británicos tenían sus propios candidatos para formar el nuevo gobierno polaco en Londres. La tensión fue creciendo entre los antiguos aliados con Churchill empeñado en tratar a Stalin como la nueva amenaza, quizá una mayor amenaza que la del propio Hitler.

Pero Churchill tenía un principal escollo que superar: la desconfianza de los estadounidenses. Primero Roosevelt. Luego Truman. Tal como explica el libro Operación Impensable: “Ante Japón, Truman necesitaba más a Stalin que a Churchill”, y además los estadounidenses desconfiaban más de Churchill que de Stalin, porque temían que el primer ministro británico los estuviera utilizando para reconstruir el Imperio.

Esas y muchas otras claves esenciales de la última etapa de la Segunda Guerra Mundial están en ese libro de lectura adictiva que desvela los entresijos de la política del momento, haciendo caer muchos mitos propagados por el cine sobre la alianza de Estados Unidos y Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial, y aclarando muchas dudas sobre la política de Stalin antes, durante y después de todo el conflicto.

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