sábado, 28 de noviembre de 2015

LA BATALLA DE MIDWAY: LA "PELÍCULA FRANKENSTEIN", EL METACINE Y STAR WARS

La batalla de Midway es un buen ejemplo de lo que podríamos denominar “película Frankenstein”. Su parte de acción propiamente dicha fue construida con una mezcla de imágenes reales rodadas por la Marina para varios documentales sobre la batalla que da título al largometraje. El propio productor de la película, Walter Mirisch, reconoce en uno de los documentales que integran los interesantes extras de esta edición en DVD que entre las influencias más claras para la película se cuentan el documental The Battle of Midway, dirigido por John Ford, que estuvo en la marina durante el conflicto, y The Fighting Lady, del documentalista Louis de Rochemont, que abordaba la trastienda de ese enfrentamiento entre japoneses y norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial. De paso, incorporando el material de archivo de la marina de los Estados Unidos, pudieron conseguir una parte esencial de las escenas de acción de la película por un coste relativamente modesto de 60.000 dólares.

El asunto es curioso por dos motivos. El primero es que le da a la película un aire de mezcla de documental y ficción bastante curioso, convirtiéndolo en una especie de antecedente del falso documental o mockumentary. El segundo es que, sobre todo para los interesados en el conflicto, esa parte documental real le aporta un valor añadido testimonial a las secuencias de acción, en las que no vemos sólo batallas con maquetas y miniaturas, o retroproyección, o batallas simuladas para la ocasión, sino enfrentamientos reales y por tanto momentos reales de muerte en combate. Esos muertos no son “de cine”, sino tan reales como la propia batalla.

El material de la marina se hinchó de 16 milímetros a 35 milímetros, al tiempo que la parte filmada como ficción por el director Jack Smight se reducía ligeramente en calidad para que no cantara tanto la diferencia de procedencia del material. Trabajo de montaje fino el que hicieron en este largometraje que tiene una segunda naturaleza o identidad casi accidental en clave de metacine camuflado.

Me explico: en el documental de cómo se hizo que acompaña a la edición española, los responsables de la película reconocen tres referencias esenciales entre las escenas tipo “Frankenstein” con las que construyeron La batalla de Midway. Partieron de un clásico del cine bélico, 30 segundos sobre Tokio (1944), dirigida por Mervyn LeRoy sobre la operación de represalia de bombardeo sobre Japón emprendida por los pilotos norteamericanos de Dolittle, para las escenas iniciales de créditos, camuflando su blanco y negro original con un filtro de tonos sepia al que añadieron sus propios títulos de crédito. Citan también como suministro de material para las secuencias de acción Tora, Tora, Tora (1970), dirigida por Richard Fleischer, Kinji Fukasaku y Toshio Masuda sobre el bombardeo de Pearl Harbor, y la película bélica japonesa Almirante Yamamoto (1968), dirigida por Seiji Maruyama, y que Mirisch había comprado como suministro de más material bélico para complementar las escenas aportadas por la marina de los Estados Unidos con recreaciones del cine nipón sobre la armada japonesa en acción. Además de esos referentes, otros ojos más observadores destacan la incorporación de metraje de títulos como Salute to the Marines (1943), Escrito bajo el sol (1957), de John Ford, Zafarrancho de combate (1956), de la que tomaron el momento en que se estrella un Zero japonés sobre la cubierta del Yorktown, La batalla de Inglaterra (1969), de la que ya hablé en este mismo blog hace un par de semanas, MIGUEL JUAN PAYAN BLOG: STAR WARS Y LA BATALLA DE INGLATERRA: FUENTE DE INSPIRACIÓN , para incorporar algún plano de avión estallando en el aire, y la película japonesa De Pearl Harbor a Midway (1960), de la que tomaron numerosos planos de la armada japonesa.

Se da por tanto un caso de construcción de la criatura de Frankenstein que es La batalla de Midway con trozos de otras películas que además no era sino la aplicación de algunas de las estrategias de ahorro de costes de producción aplicadas sobre la base del vampirismo de títulos anteriores aplicadas con más frecuencia de la que algunos pueden pensar en el sistema de estudios de Hollywood en su edad dorada, y a las que les sacó brillo en el cine de bajos presupuestos el rey de la serie B, Roger Corman, en muchas de sus películas.

Es igualmente interesante desde el punto de vista de la producción reparar en cómo Walter Mirish aplicaba el ahorro no sólo a los costes de la producción de secuencias de acción, sino incluso a las líneas de guión de la película, ya que según confiesa en las entrevistas que acompañan la edición española de la película en DVD, fichando a estrellas de sobrada solvencia –estrategia tomada de las películas de catástrofe de Irwin Allen-, los propios actores rellenaban con menos frases de diálogo, y de paso permitiendo más acción, los personajes que interpretaban. Caso de Henry Fonda interpretando  Nimitz, Robert Mitchum dando vida a Halsey, Glenn Ford como Spruance, o una de las mejores bazas de la película para quien esto escribe: Toshiro Mifune dando vida con una solvencia elegante y honorable que rinde tributo al personaje real al almirante Yamamoto, que dicho sea de paso el actor-fetiche de Kurosawa ya había interpretado en Almirante Yamamoto (1968),una de las películas utilizadas para construir este monstruo de Frankenstein.

La naturaleza de criatura construida con pedazos de otros largometrajes tiene una segunda capa que surgió cuando se rodaron más de 40 minutos de escenas suplementarias para la exhibición de la película en televisión, atendiendo así a los requerimientos de las cadenas que querían programar el largometraje como una especie de variante de la miniserie que se estilaba en aquellos momentos. Charlton Heston filmó toda una subtrama de corte romántico no presente en la película en su versión para el cine donde se desarrollaban sus problemas de pérdida de facultades para poder volar como piloto de combate además de su relación con Susan Sullivan, en un sucesión de añadidos de corte claramente televisivos que no aportan nada realmente interesante para la película, que contaba ya con su propia subtrama dramático-sentimental con el tema de las relaciones del hijo del personaje de Heston con una japonesa a punto de ser recluida en un campo de concentración.

Un último apunte: la música de John Williams incluye sobre todo una parte final en la que casi echa uno de menos los largos créditos finales para poder escuchar más de la composición del maestro que al año siguiente iba a ser uno de los puntales del éxito de La guerra de las galaxias, y en su marcha militar para culminar esta peripecia bélica donde estaba ya afilando las garras para convertirse en uno de los más grandes compositores del cine de blockbuster.

Desde el punto de vista de lo bélico propiamente dicho, La batalla de Midway es quizá la película que mejor ha reflejado cómo eran las nuevas batallas navales que surgieron con el desarrollo de los portaaviones y marcaron el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, con los barcos enfrentados sin llegar a verse cara a cara, sino en grandes distancias atravesadas por los aviones de cada bando convertidos en el brazo armado del portaaviones para atacar al enemigo. Obviamente es el modelo de batalla que George Lucas aplica en su saga de Star Wars, y el que podemos encontrarnos en muchas de las novela de ciencia ficción militarista, como la saga de Seafort Guardiamarina escrita por David Feintuch o la saga de Honor Harrington escrita por David Weber, entre muchas otras.

Podríamos decir en ese sentido que los combates aéreos que vemos en la saga de Star Wars son hijos de la Batalla de Inglaterra y de los enfrentamientos entre portaaviones como los que marcaron la Segunda Guerra Mundial, mientras los combates de la saga de Star Trek son enfrentamientos entre submarinos.

No hay comentarios: