miércoles, 14 de octubre de 2015

MAGNETO, NÚMERO 3

Cullen Bunn sigue cumpliendo, y muy bien, con el guión de este tercer número de la serie de Magneto, que agrupa varias entregas del original norteamericano y comienza en Hong Kong, China, con una trama de gladiadores muy curiosa. Eso vale ya para confirmar que esta colección se niega a estancarse en un mismo camino de repetición y evoluciona con cada nueva entrega. Nada de estar siempre en un mismo sitio, en un mismo tipo de historia. La continuidad la da el protagonista, que sigue recorriendo el mundo con sus poderes mermados pero con más mala leche si cabe que cuando los tenía completos, dispuesto a continuar en plan destroyer su cruzada de venganza por el abuso contra los mutantes. 
Se perfila más claramente en esta entrega la verdadera naturaleza de esa cruzada, aproximándose a un relato en ocasiones casi policial, con Magneto siguiendo la pista de distintos ataques contra mutantes perpetrados siempre con la implicación de tecnología centinela. Los viajes al pasado del protagonistas abren una nueva manera de entender su obsesión por la venganza como intento de redención respecto a lo que ocurrió en los campos de concentración, lo cual humaniza aún más al personaje.
Una cosa que me ha llamado la atencióne en este tercer número es el lenguaje visual y cómo éste se acerca desde las viñetas a planteamientos que parecen mas propios de cine o televisión, recordando incluso un curioso ejercicio de "montaje" en plano contra plano en el encuentro de Magneto con Raleigh en la cafetería. Y no sólo porque el momento en cuestión sea algo tan televisivo o cinematográfico como la construcción de la narración en flashback, que también, sino sobre todo porque la técnica narrativa empleada para describir esa conversación es un buen ejemplo de hibridación entre cine o tele y cómic, abriendo con un plano general de situación para pasar a un plano de dos, luego escorzo, picados, etcétera. 
Está claro que las fronteras entre distintos medios nunca han sido tan permeables como ahora. 
Añadan a eso que a esta colección no le ha hecho falta organizarse un fenómeno del estilo de las Secret Wars para apartarse lo suficiente de lo más convencional del universo Marvel y buscar nuevos caminos argumentales y de herramientas de narración. 
Eso sí, mientras en las entregas anteriores Magneto parecía ser el nuevo Lobezno de las viñetas Marvel, en esta ocasión más cerca está de ser una especie de versión mutante de Punisher (el Castigador), mezclado con características del Old Man Logan: ¡el Old Man Magneto!
Detalle curioso: en el último número de este volumen, Magneto se tropieza en Genosha con una curiosa vinculación entre mutantes e inhumanos que me parece significativa a jugar por lo que está pasando en la Marvel con ese tipo de personajes en los últimos tiempos. 
Mayor complejidad de tramas igual a mejor aprovechamiento de los personajes clásicos. 
Blanco y en botella. 

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