jueves, 22 de octubre de 2015

CERVEZAS HUÉRFANAS, STAR WARS, MARTY McFLY, LECTURAS DE RETRETE Y JOHNNY DEPP

Ayer tuve uno de esos días raros, raros, raros de cojones desde que empezó la jornada. 
Primero, una llamada del destino en forma de lata de cerveza abandonada cual trapo viejo en la estación de metro de mi barrio. 
Y eso sólo para empezar la jornada. 
Preguntas que me hice: ¿Es la primera de la mañana o la última de la noche anterior? Y, si es la primera ¿qué significa eso para el que se la ha bebido? ¿Es un hola o un adiós a todas las cervezas que se va a beber en el día?
Y, si es la última, ¿cuántas se habrá bebido el día anterior? ¿Será una cervea huérfana de esas que se sienten tremendamente solas porque nunca encuentran compañía en la panza del consumidor y penan cotidianamente por tener algunas amigas con las que intercambiar chismes de cervezas? 
Ya puestos, ¿de qué demonios hablarán las cervezas entre ellas?
Ya, entiendo que preguntarse todo eso a las nueve y pico de la mañana suena a chifladura de proporciones bíblicas, pero es que me aburría esperando el metro, que en esa estación y desde que han prolongado la línea cada vez tarda más. Me da que a la línea 9 de metro de Madrid le ha pasado lo que a uno que conozco, que va por la vida de James Bond cuando apenas le alcanza el cuerpo-escombro para ser el Pitufo Gruñón o el abuelo de los dibujos animados de Agallas, el perro cobarde. 
 Afortunadamente vino el metro a tiempo antes de que siguiera profundizando en las incógnitas que plantea una cerveza abandonada a primera hora de la mañana. 
Luego, la locura de Star Wars. El anticipo visual de la película que había empezado a circular el día anterior y todavía sigue coleando, la furibunda compra de entradas anticipadas, la locura de ver el lado ocuro hasta en los yogures del súper y arrasando ya en los anuncios pre-navideños de la tele, el periódico, la radio... 
¿Saturación? Puede. Vamos camino de ello, por mucho que nos atraiga encontrarnos con las galaxias post-Lucas. 
Dicho sea de paso algunos periodistas perversos que salíamos ayer del pase de prensa de una película de obligado visionado para los aficionados al cine de temática criminal, y al buen cine en general, Black Mass, caímos totalmente en el lado oscuro dándole a la lengua e intentando dilucidar si la distribuidora española de Star Wars Episodio 7 va a hacer pase previo para periodistas o no... Y, claro, como cuando se nos calienta el caletre se nos pone lengua viperina, de ahí pasamos a debatir si J.J. Abrams debería incluir, como signo de elemental prudencia, un aviso previo de: "Tranquilos: en ésta no sale Jar Jar Binks y Lucas casi no ha metido mano"...
De frikada a frikada, no falta quien me recuerde, por enésima vez esta semana que era el día de Regreso al futuro y Marty McFly, porque esa era la fecha que pusieron en el DeLorean: 21 de octubre de 2015. Algunos alumnos ya me lo recordaron el lunes y ayer otra vez los compañeros de oficio... Hay mucho friqui suelto por ahí, le dijo la sartén al cazo. 
 Dicho sea de paso los más friquis del lugar que lean esto y sean aficionados a la saga de Regreso al futuro pueden buscar parte de las raíces espirituales de la misma en las películas de Frank Capra, y más concretamente en ¡Qué bello es vivir!, concretamente en lo que he denominado el "plano Pottersville"... 
 He vuelto a ver recientemente ¡Qué bello es vivir! para preparar una clase (parafraseando al Matarreyes de Juego de tronos: "las cosas que hace uno por amor...a la hipoteca"), y he llegado a la conclusión de que es mucho más cabrona si la miras desde el lado oscuro, así que al enésimo visionado incluso me ha empezado a gustar... Lo cual que o me estoy haciendo viejo, o lo de imaginarme mi propia versión de la película de Capra sustituyendo al abuelete angelical de sonrisa y mirada alegre por un ángel satánico que arrastra al protagosnita justo en sentido contrario, esto es, hacia el Lado Oscuro (el abuelete de Capra tiene pinta de ser la versión de misa dominical Palpatine), o camino de la Disformidad, si prefieren ponerse en plan novela de Warhammer 40.000, tiene su gracia. En el tiempo que tardé en verla incluso pude imaginarme una versión porno y otra en dibujitos animados de 3D con tazas, platos y cubiertos parlanchines diciendo toda clase de polladas dignas de la filosofía de puerta de retrete... 
Y juro que sólo me había tomado un café con leche y dos tostadas de esas que parecen un trozo de cartón con aspiraciones a desayuno continental... 
¡Vaya! no debería jurar tan temprano, que luego me quedo sin juramentos e improperios para el resto del día y la ración de imbéciles con los que me voy a tropezar, empezando por el que voy a ver dentro de un rato en el espejo cuando decida si hoy toca afeitarse o no...
Lo bueno del recorrido de esa jornada de ayer tan rara, es que Black Mass está muy bien. Y que además pude leerme del tirón un artículo de Henry Miller, Leer en el retrete, cuyo título apuntaba muy buenas maneras y que cumplió con lo esperado. Ya contaré algo luego de ese artículo, pero cuando terminé de leer llegué a la conclusión de que tengo que echarle otro vistazo a todas las novelas de Miller que me zampé mientras estudiaba periodismo para ver si, como sospecho, son capaces de perpetrar, con alevosía y nocturnidad, el mismo milagro que hizo el otro día conmigo volver a ver Grupo salvaje, y me devuelven al camino recto de la no-rectitud y la imprevisibilidad caótica en el que siempre me he encontrado más cómodo que en la pesadilla kafkiana de la burocracia burrocrática y oficionanista con la que me tropiezo cada vez con más frecuencia... 

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