sábado, 24 de octubre de 2015

CABALGANDO AL INFIERNO, de Vic Morrow

Un raro western y sin duda uno de los más raros espagueti western que he visto. El actor Vic Morrow dirige con desiguales resultados y una forzada caligrafía visual que peca de efectista en muchos planos de contrapicado, como por ejemplo en la entrada de Garner y su colega en el bar después de asaltar la diligencia. 
 
En el intento por seguirle la pista a las claves visuales, estilísticas y narrativas del western mediterráneo, este largometraje pierde el norte, a pesar de que en principio tenía algunos elementos que lo hacían especialmente interesante. 
Empecemos por su reparto. Ver a James Garner, un icono del género en Estados Unidos, metido en una película italiana no deja de ser exótico, aunque vistos los resultados evidentemente fue un error de casting. El intento de jugar contra su etiqueta o encasillamiento como simpático protagonista para pasar a interpretar a un forajido asesino no le pega nada. 
La asociación de Garner, que fuera protagonista de la serie Maverick, con otros dos célebres rostros televisivos, Dennis Weaver, protagonista de la serie McCloud, y Claude Akins, protagonista de las series En ruta y El sheriff Lobo, pintaba bien, especialmente en un momento en que estaba todavía fresco el eco de Grupo salvaje, donde la asociación de Wiliam Holden con Ernest Borgnine, Warren Oates, Ben Johnson y Robert Ryan era un referente inevitable. Aquí nada de eso se da. No hay suficiente desarrollo del grupo de forajidos que lidera Sledge, el personaje de Garner, como para que el trío tenga posibilidades de enganchar al espectador. La referencia  a Grupo salvaje es pertinente porque el guión lo escribió el propio Vic Morrow junto a Frank Kowalski, y en la filmografía de éste se encuentran varios trabajos en distintas áreas en las películas de Sam Peckimpah, por ejemplo escribiendo la historia original de Quiero la cabeza de Alfredo García, o dirigiendo la segunda unidad en Aristrócratas del crimen y Junnior Bonner, en las que ejerció también como supervisor de diálogos, algo que haría también en La balada de Cable Hogue
 
El caso es que el guión tiene ideas interesantes, como la de atracar una prisión desde dentro dejándose capturar para conseguir el botín de oro, o el ejército de mercenarios ex soldados que custodian el oro –elemento desperdiciado, por cierto-, o ese duelo final entre los forajidos, que se produce en una ciudad con tonos surrealistas y procesión de la muerte incluida que recuerda a los escenarios de muchos espagueti western. Pero la dirección de Morrow no sabe sacarles partido.  
En el reparto despertaba también curiosidad ver qué había hecho en el entorno del espagueti western Laura Antonelli, estrella del erotismo italiano merced a películas como Malicia o Me gusta mi cuñada
 
Lamentablemente ese registro no está presente en esta película anterior a su lanzamiento como símbolo sexual de los setenta, y además el papel naufraga con esas absurdas escenas de relleno de corte sentimental, intento fallido de humanizar el personaje de Sledge. Lo cual no deja de ser una tremenda contradicción, visto el empeño del director y co-guionista por adaptar al cine del oeste la fórmula crook story del cine negro protagonizado por delincuentes. 
El arranque en la nieve, que me han recordado dos películas a tener muy en cuenta de las que ya he hablado en este mismo blog, El gran silencio y El día de los forajidos, hacía presagiar un papel más interesante del paisaje en el conjunto de la historia, con carácter tan protagónico y definitorio de las propias emociones y conflictos que arrastran los personajes como las que afloraban en el western mediterráneo, pero finalmente no es el caso, simplemente es otro rehén de la búsqueda casi desesperada de nuevos caminos para el desarrollo del género y de una fallida y equivocada idea que tienen los artífices de la película sobre lo que le otorga la originalidad y la identidad del espagueti western . 
 

 Afirma la leyenda que algunas escenas fueron dirigidas sin aparecer en créditos por un maestro del cine de acción como John Sturges, lo que ha desatado todo tipo de cavilaciones y rumores sobre una dirección a varias manos que podría justificar los cambios de estilo, planificación y la alternancia de escenas torpes y sin ritmo con algunas otras mejor terminadas que en algunos encuadres son un mejor eco del auténtico western mediterráneo y sus encuadres.
El propio Morrow, descontento con el resultado final (no es para menos, algunos momentos son torpes y otros no es que se salten el eje, es que directamente lo mastican y luego lo escupen), quiso retirar su nombre de la película, y es probable que el co-guionista colaborador de Peckimpah acabara dirigiendo también alguna escena. Todo eso no le hizo ningún bien al ritmo de la película.
Entretenida es. Pero muy por debajo de las expectativas creadas. Lástima. No me explico por ejemplo cómo no se les ocurrió sacarle más partido a los mercenarios que custodian el oro, que desaparecen de la trama tan bruscamente y de manera muy gratiuita como el sheriff interpretado por Wayde Preston, siendo ambos elementos muy destacados y a los que se les dedica tiempo de metraje en la primera mitad de la película. Trabajo desperdiciado que además despista al espectador. Una persecución de los mercenarios tras los ladrones habría sido lo más lógico y proporcionaría más recursos de acción en el tercer acto de la historia, por ejemplo.


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