martes, 13 de octubre de 2015

AMERICAN HORROR STORY: HOTEL

Ante todo, recomendación: mejor leer después de ver el capítulo, así no se le revienta nada a nadie. 
Dicho esto, ahí vamos. 
Tal y como le comentaba esta mañana a una de mis ex-alumnas de artes escénicas, visto el capítulo 1 de American Horror Story: Hotel, me queda claro que Lady Gaga cumple de sobra con su cometido, aunque con matices. Esos matices son claros: primero que lo que hace, y lo hace muy bien, no es otra cosa que lo mismo que podría hacer, y ha hecho en algunos de sus vídeos. Está plenamente dentro de su registro habitual. Está en territorio que controla. El reto se le planteará cuando le den más texto, tal y como me decía mi ex-alumna, que del tema entiende, para eso estudia artes escénicas. Y cierto es. Tan cierto que me he apostado con ella que los artífices del asunto van a darle cancha, pero sin darle más texto, porque saben en qué territorio pisa ella más firme y seguramente. Y además porque tienen a una auténtica máquina de interpretación, pura magia como actriz, Sarah Paulson. Si esta increíble criatura fue capaz de sobrevivir al truñaco de papel de siamesa que le enchufaron en la temporada anterior de American Horror Story, apuesto a que aquí se va a lucir a lo bestia a poco que le den opciones y no la fastidien. Paulson ya lo demuestra con esa escena de "dime que me quieres", con violación anal incluida, que está en el primer capítulo de American Horror: Hotel. 
Repleta de guiños varios, y claramente inspirada, al menos en lo referido a localización, pasillos, alfombras, puesta en escena, decoración, etcétera, por El resplandor, de Stanley Kubrick, esta temporada en su primer capítulo de presentación, ha conseguido recuperar algo del tono inquietante que sigue haciendo de la primera temporada de la serie la más completa e interesante como propuesta, al menos en su principio, con la trama de las dos extranjeras en el arranque del relato. Luego, con el personaje del poli, vuelve a jugar a perderse, en una clave que recuerda los terrores y en general casi todo el cine estadounidense de los años setenta, que argumentalmente presentaba primero varias historias protagonizadas por distintos personajes y destinadas a encajar finalmente en una sola. Ese juego no le ha salido tan bien a la serie como esperábamos desde la primera temporada, que fue donde mejor se ajustó al mismo, tendiendo a perderse en las temporadas dos, tres y cuatro, y siendo la peor en ese sentido, con la brújula absolutamente desnortada, en la de Freak Show. La historia del policía, el asesino, el niño desaparecido, va por ese camino, y además no es especialmente original. 
Tengo también algunas reservas con el asunto vampírico, aunque me gustara el guiño que le hicieron a Nosferatu, no por tremendamente obvio menos entrañable para los aficionados al terror. Rendir homenaje a los clásicos siempre está bien, aunque sea de manera tan poco sutil.  Menos me convence la orgía de sangre, que me recordó aquella peripecia vampírica del fallecido Tony Scott, El ansia, quizá menos sangrienta pero sin duda mucho más erótica y sugerente, dado que estaba protagonizada por Susan Sarandon, Catherine Deneuve y David Bowie, nada más y nada menos. Palabras mayores. 
Eso sí, el guiño final con la canción Hotel California de los Eagles me parece tan obvio como brillante, es más, creo que es doblemente brillante por ser obvio y casi obligado. 
Y Paulson, Sarah Paulson, creo que tiene que darnos muchas alegrías. 

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