lunes, 21 de septiembre de 2015

UN EJÉRCITO DE CINCO HOMBRES

Ya se sabe: el general Huerta, la revolución en Méjico y los trenes blindados repletos de oro que están ahí en la vía gritando "¡Asáltame!" son muy socorridos para las aventuras del oeste en la frontera con el crepúsculo del western. En esta ocasión, y a la sombra de títulos clásicos del género como Grupo salvaje o Los profesionales, se cocinó este largometraje del western mediterráneo con guión del maestro del terror Darío Argento y música de Ennio Morricone. Pilla algo de todas las películas citadas. Lo mezcla con el estilo y paisajes de las co-producciones italo-españolas dirigidas por Leone o Sollima en el desierto de Tabernas, ficha a Bud Spencer, que estaba casi en capilla para coneguir el estrellato en Le llamaban Trinidad, y para rematar la jugada se inventa una misión imposible para el protagonista de la función: Peter Graves, alias el Holandés; aunque para el público de la época era más conocido como el agente James Phelps de la serie Misión imposible... 
Se me olvidaba: hay también un japonés, Tetsurô Tamba; estrella del cine en su país fichado para interpretar a un personaje que responde por el nombre de Samurái, así, a secas, ni apellido ni leches, que total tampoco habla nada y con que reparta sablazos con la katana ya tiene dicho todo. Eso sí, protagoniza una de las escenas más absurdas de la película: se cae del tren que están asaltando y se pega una carrera para intentar alcanzarlo haciendo footing campo a través. 
En serio: uno de los momentos cinematográficos más gilipollas que he visto en mi vida. 
Resultado: para los friquis del western mediterráneo, curiosa y entretenida, aunque carezca de antagonista y se le atasque algo el concepto del western crepuscular de Sam Peckimpah, bastante forzado y metido con calzador a base de las frases o discurseo del personaje del Capitán que interpreta Tim Daly: "Ya estamos muertos desde hace mucho tiempo. Nuestra época ha pasado. Se fue". 
Peckimpah y Richard Brooks podían decir lo mismo sin diálogos tan obvios en Grupo salvaje y Los profesionales, y encima les salía una poesía épica que aquí ni está ni se la espera. 
Por cierto, además de la carrera del japonés se podían haber ahorrado la explicación final del Holandés sobre su pasado, metida con calzador y además bastante moñas. Y ese final... 
Hombre, si mojas en el tarro del western crepuscular y suicida, luego no recules y te rajes, carajo. 
Un pasarratos... a ratos.
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