miércoles, 12 de agosto de 2015

TRUE DETECTIVE 2: “GATILLAZO” TOTAL EN LOS DOS ÚLTIMOS CAPÍTULOS


Esta semana hemos hemos sido testigos de uno de los más curiosos fenómenos que pueden darse en una miniserie televisiva, pero que lamentablemente no son tan excepcionales como podamos pensar. Ni siquiera en el seno de una de las firmas más reputadas y de mayor prestigio en la producción de ficción televisiva como es HBO. El artículo que sigue es mi opinión sobre lo que ha ocurrido en la segunda temporada de True Detective, lo malo y lo bueno, como siempre sin revelar nada de su argumento, sin hacer spoiler, y hablando solo a un nivel de crítica de su desarrollo.

            La segunda temporada de True Detective partía ya con el lastre de las odiosas pero inevitables comparaciones con su brillante predecesora, que había dejado el listón muy alto. Y tal como he explicado en este mismo blog e incluso en algún que otro vídeo para la página web de la revista Acción, creo que en sus tres primeros capítulos dejó el pabellón bien alto, alcanzando una calidad y una madurez estética y narrativa que no es fácil ver en el cine o en la televisión en nuestros días, al menos en el seno de la ficción policial. Su despliegue de recursos en esos tres primeros capítulos era más que notable. Lo analicé en este mismo blog en varias entradas (MIGUEL JUAN PAYAN BLOG: TRUE DETECTIVE TEMPORADA 2, CAPÍTULO 1, MIGUEL JUAN PAYAN BLOG: TRUE DETECTIVE 2, CAPÍTULO 2 y MIGUEL JUAN PAYAN BLOG: TRUE DETECTIVE, TEMPORADA 2, CAPÍTULO 3).

            Llegados a ese punto, cubierta con el tercer episodio la etapa de lo que podríamos denominar presentación, la serie tenía en sus manos todas las herramientas para atacar su etapa de nudo. Lo hizo con similar solvencia a la de los tres primeros capítulos en los capítulos cuatro, cinco y seis, donde no obstante propuso una intrincada trama repleta de personajes que despistó y le puso las cosas difíciles a muchos espectadores, incluso a algunos especialmente forjados en los argumentos especialmente laberínticos de la narrativa policial. Para algunos espectadores, que se perdieron en ese laberinto, resultó molesto ese enredado bosque de relaciones cruzadas, tramas y subtramas que además apartaba cada vez más la serie de la primera temporada, buscando, como ya comenté en mis post sobre la serie en este mismo blog, un desarrollo más próximo al de las complejas tramas de las novelas policiacas de James Ellroy. En esa complejidad respiraban muchos momentos brillantes de nivel literario que aportaban una notable madurez a la historia, al precio, cierto es, de arriesgarse a perder a algunos espectadores por el camino. No era fácil, ni lo pretendía. Pero no creo que nadie que se acerque a la serie True Detective busque que le pongan las cosas fáciles. Más bien al contrario. Para argumentos fáciles, repetitivos, con intrigas de habitación cerrada apegadas a sus fórmulas como si éstas fueran los diez mandamientos ya hay otras muchas –y muy respetables- series en el mercado. Esto pretendía ser otra cosa. Y lo era. Lo estaban consiguiendo. Y yo aplaudía ese prometedor desarrollo del nudo, aunque empezaba a temer que con vistas a un total de ocho capítulos estaban empezando a meterse en un huerto excesivamente intrincado y difícil de solventar en los dos capítulos finales, pero en su conjunto, los capítulos cuatro, cinco y seis, me convencieron bastante. Interrumpí no obstante mis post sobre la serie en ese momento porque temía acabar desvelando demasiado sobre el desarrollo de la misma y hacer algún spoiler involuntario, no porque desconfiara en modo alguno de lo que estaba viendo en la serie. Mantenía su interés, su madurez, y un crecimiento en los personajes que me parecía prometedor. Tenía incluso un momento de acción con tiroteo que me recordó el atraco a tiros de una de las mejores películas de Michael Mann, Heat, que repasando el total de capítulos de la segunda temporada está entre lo mejor de la toda la serie. Y además en el final del capítulo seis, después de la incursión en la casa, me pareció que le habían echado mucho valor al asunto, metiendo a los personajes principales en un callejón sin salida.

            Lamentablemente el capítulo 7 me produjo la impresión de que en realidad lo que había ocurrido es que habían metido la trama, y no a los personajes, en un callejón sin salida. Dicho en lenguaje más popular: se habían metido en un huerto del que daba la impresión que no sabían salir. 
 Cualquiera que tenga la más mínima idea de narrativa sabe que eso es algo que nunca se debe hacer: improvisar sin tener un final, entrar en un laberinto sin conocer la salida. Se puede ser un escritor intuitivo y actuar por impulso dejándose sorprender por la trama, en lugar de un escritor estructural que planifica previamente una guía por la que se va a desarrollar la trama. Pero lo que no puedes hacer es meterte en un callejón sin salida como narrador. Siempre debes tener clara la salida.

            Conociendo cómo se trabaja en televisión está claro que los creadores de la temporada 2 de True Detective tenían muy claro cómo salir de ese callejón sin salida en que habían metido a sus personajes. Pero en mi opinión era una mala salida que al menos a mí me produce una desagradable sensación de improvisación. Otra norma esencial: no puedes dejar que la salida sea menos interesante, más tópica, menos sorprendente que todo lo que te ha llevado hasta ese callejón sin salida.

            Naturalmente si quisiera ir en contra de lo que realmente me ha parecido el desenlace de la serie, si quisiera defenderla contra viento y marea simplemente para defender los comentarios laudatorios que hice en este mismo blog de sus tres primeros capítulos y las buenas sensaciones que me habían transmitido los tres siguientes, del 4 al 6, podría tirar de la farsa y estafar a los lectores de estas líneas afirmando que en realidad los guionistas han querido transmitirnos a los espectadores esa sensación de los personajes encerrados en un callejón sin salida proporcionándonos un desenlace en el que realmente no haya salida alguna. Pero la ficción no funciona así y yo no voy a engañarles después de que dediquen su valioso tiempo a leer lo que escribo, ya sea gratuitamente en este blog o pagando en la revista Acción. Una de las pocas alegrías que me quedan en este oficio de darle a la tecla, además de cobrar el cheque a final de mes, es que puedo equivocarme, como cualquier periodista, escritor o crítico, y si considero que me he equivocado, rectificaré, pero lo que no voy a hacer es cambiar de criterio como de chaqueta cuando me conviene. Siempre digo lo que realmente pienso. Lo que noto en las tripas (no en el corazón, que es un cabrón mentiroso que suele confundirnos). Y en este caso, como siempre, mis tripas me confirman lo que ya piensa mi cabeza: que en los dos últimos capítulos, el 7 y el 8, la segunda temporada de True Detective se desmorona, o en lenguaje más coloquial, nos deja una sensación de gatillazo brutal.

            La soluciones pensadas para cada enrevesado jirón de la compleja trama, para cada conflicto y para cada personaje, no funcionan o, lo que es peor, son tremendamente tópicas.

            A partir de aquí puede haber algún SPOILER  así que si no han visto todavía el capítulo  7 y 8 mejor no sigan leyendo. Y si después de verlos les sigue interesando saber mi opinión sobre el particular, pueden reencontrarse con este texto para ver si coincidimos o no en lo que apunto.

            El capítulo 7 no aportó gran cosa, más allá de la resolución del personaje de Woodrugh (Taylor Kitsch), que ciertamente generó sorpresa pero por otro lado, visto lo ocurrido posteriormente, era también un anticipo del camino fácil y tópico que han emprendido para resolver la extrema complejidad de los personajes y todas las subtramas asociadas a los mismos. Que hayan repetido esa misma salida final en los personajes de Ray Velcoro (Colin Farrell) y Frank Semyon (Vince Vaughn), parece un intento de darle un aire peckimpahiano a lo Grupo Salvaje a todo el asunto, pero eso me lleva a otro punto negativo de lo que he visto en los capítulos 7 y 8: el bajón total en la manera de narrar visualmente los acontecimientos, que transmite cierta sensación de prisa, de precipitación, de vamos a quitarnos esto de encima como sea. Sorprende que una serie que ha destacado tanto en sus seis primeros capítulos en el cuidado casi exquisito de ese aspecto, pierda el tono y la fuerza y resulte tan plana en la resolución final del destino de los personajes. ¿Es una frialdad calculada? Posiblemente, pero en ese caso se les ha ido la mano en el concepto de “frialdad”, y por el resto de los “gestos” que acompañan a esas dos resoluciones de los personajes de Velcoro y Semyon, está claro que no podemos aplicarles el término de sobriedad. Más bien lo contrario. La narración de la acción propiamente dicha ha descendido mucho en general en estos dos últimos capítulos, sobre todo en el último. Se les ha quedado plano el atraco a los rusos, especialmente después de la exhibición de arsenal de Semyon, que parecía de repente una viñeta de los cómics de Punisher (El Castigador), o un fragmento de Ejecutor, con Arnold Schwarzenegger. Me gustaría pensar que ha sido un valiente intento de jugar con el espectador y darle justo lo contrario de lo que espera, algo así como un “coitus interruptus”, siguiendo con los símiles erótico-festivos, pero no me encaja porque luego se quedan a gusto tiroteando a otro personaje con las balas saliéndole por la espalda en plan peckimpahiano. Lo cual sería una total incoherencia. Habría aplaudido la opción del coitus interruptus: echarle valor y hurtarle al espectador la acción que espera ver en pantalla, negársela, con un par, obligarnos a reflexionar sobre la violencia. Pero no. Lo que ocurre es que la acción en el capítulo 8 se les ha quedado plana y que la resolución de algunos personajes tan prometedores como Osip es igualmente plana. Eso de quitarse de encima deprisa y corriendo personajes afecta también al alcalde en su piscina… ¿Y qué me dicen del destrozo que hacen en la resolución de uno de los personajes más desperdiciados de toda la serie, Jordan Semyon (Kelly Reilly)?  
Una muestra de lo plano que se les ha quedado visualmente este capítulo 8 es toda la resolución de la secuencia en la estación, con el encuentro de Velcoro y el chaval encapuchado empeñado en vengarse y el posterior encuentro con los policías corruptos, y las cuchilladas, los disparos… visualmente plano, plano, plano. Tan plano como el atraco contra los rusos. Tan plano como la resolución de Semyon en el desierto con los mejicanos, que además, para empeorar las cosas, tira de un tópico pedante de las apariciones en ese camino  renqueante por el desierto que podría haber sido un brillante homenaje al western, pero se queda en mero exhibicionismo de filosofía ramplona y filibustera. Puro embuste de metafísica para pardillos.

            El bajón, esa sensación de “gatillazo” que empezaba a extenderse por todas esas promesas incumplidas de los seis primeros capítulos, alcanza proporciones de farsa en el desenlace del personaje de Bezzerides (Rachel McAdams). Y yo les maldigo con el mismo cabreo intenso con que maldecía Charlton Heston arrodillado ante el monumento al final de El planeta de los simios, por haber desperdiciado ese gran personaje femenino, por haberlo vilipendiado entrampándola en una artificial subtrama romátnica con Velcoro, a última hora y con calzador. Que se aplicaran al fornicio en el final del capítulo 7 ya me parecía algo forzado, pero si hubiera sido un metesaca rápido para liberar tensiones, un polvete de motel entre dos animales acorralados podría habérmelo tragado. Pero ese despliegue de vinculaciones emocionales entre esos dos personajes, pasándose el cigarrito, tocándose las manos… ¡Es una ciénaga de tópico!

            Y lo peor estaba por venir.

            ¡Un crío!

            El gran tópico. Si querías matar a todo bicho viviente e imponer la realidad haciendo que ganen los de siempre, ole tus narices. Lo suscribo totalmente. Pero entonces no te bajes los pantalones. No te metas en la ciénaga de la herencia y el legado de padres a hijos. No me jodas reconvirtiendo el gran personaje de Bezzerides en paño de lágrimas romántico del héroe macho que fornica una noche y donde pone la picha pone el espermatozoide intrépido que va a inseminar a la fémina para transmitir su herencia…

            Además estás repitiendo un concepto que ya estaba mucho mejor sugerido y con un tono mucho más cabrón y siniestro, mucho más poéticamente dramático en la escena de la ex mujer de Velcoro sacando del sobre los resultados del informe de la prueba de paternidad.

            ¿Por qué cargarte el personaje de Bezzerides con un desenlace que parece sacado de un culebrón melodramático para distraer abuelas derrotadas y sin imaginación? De paso, así te cargas la menor posibilidad que tuviera el personaje de Velcoro de acercarse a las claves de los antihéroes crepusculares y autodestructivos de Sam Peckimpah, o de ser un maltratado icono masculino existencialista de la Nouvelle Vague.

            Se me retuercen las tripas pensando en este final, sobre todo si me acuerdo del final de la primera temporada de True Detective: Harrelson y McConaughey mirando al cielo…

            Resumiendo: creo que la temporada 2 de True Detective ha sido muy buena en sus seis primeros capítulos. Y una lamentable y tópica muestra de falta de tensión e ideas en sus dos últimos capítulos.

            Es lo que hay. Por mucho que piense que del 1 al 6 es de lo mejor que se ha visto en cine o televisión este año, no voy a engañarles:  el 7 y el 8 son de lo más flojo que he visto en mucho tiempo.

            Vamos que se me ha quedado la misma cara que a Colin Farrell en el final de la secuencia de la estación del capítulo 8… 

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