viernes, 21 de agosto de 2015

LOS REYES DEL JACO, de Vern E. Smith


Publicada en 1974, cuando las películas de “blaxplitation” tipo Shaft o El padrino de Harlem estaban de moda entre los amigos del cine de acción, Los reyes del jaco es algo así como el eslabón perdido entre las novelas de Chester Himes y la serie de televisión The Wire, cuyos creadores reconocen su deuda con esta novela como fuente de inspiración.

            Es imposible empezar a leer esta novela sin seguir hasta llegar a su última página. Yo me la leí ayer de una sentada, un par de horas bien empleadas para meterme de lleno en ese mundo ya desaparecido de los traficantes de droga del gueto negro de la ciudad de Detroit.

            El asunto empieza un sábado por la noche en el entierro de un camello que ha sido ejecutado por enfrentarse al gran capo de la zona, lo que permite presentar a los primeros personajes de esta novela de protagonismo coral que nos zambulle en el submundo criminal de las ciudades norteamericanas en los años setenta con una envidiable capacidad descriptiva del ambiente que es casi como estar viendo una película. El paisaje, el vestuario de los personajes, los automóviles, son casi un personaje más de la trama…

            “Zorro y la chica atravesaron el paso a nivel y continuaron por una explanada sembrada de basura y desechos de coches viejos. Atajando de ese modo llegaron a los bloques de Wilmot en diez minutos.

            Los bloques brotaban de la extensa panza de la zona oeste y se cernían sobre la transitada vía como altas cárceles enladrilladas…”

            La idea central gira en torno a la ambición, que será la maldición que lleve a todos los personajes a enfrentarse con su destino. Lennie Jack, veterano de Vietnam, que quiere establecerse como nuevo amo de la zona eliminando al veterano McDaniel, a su vez empeñado en progresar en el negocio eliminando a los intermediarios de Nueva York que le venden la droga para sustituirlos por los productores del material en Asia. El yonqui chivato Zorro, que quiere montar su propio picadero de caballo…

            En torno de estos tres personajes se agrupa una galería de tipos humanos inolvidables que hacen las delicias de todo buen aficionado a la novela policiaca. Por ejemplo, T.C. Thomas, el asesino que va por la vida matando a diestro y siniestro, siempre armado hasta los dientes, y que se define a sí mismo como “el Increíble Hombre de las Pipas”; o el policía Grandullón Al Lewis; o Marsh, el chivato adicto a la lotería que explica en pocas palabras el paisaje del crimen y las calles: “Hoy en día todo el mundo quiere dedicarse a la droga, pasearse con la bolsita”. 
           Novela esencial y adictiva para los aficionados al género y en general para cualquier buen lector. 

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