sábado, 18 de julio de 2015

DILUVIO, de Pona y Hervás

 “Los poetas y los pintores vieron cómo sus sueños se convirtieron en realidad. Y murieron”.
Obra notable. Dinero y tiempo bien invertido en un cómic de ciencia ficción capaz de mezclar la épica aventurera del relato postapocalíptico con una trama que esconde una interesante reflexión sobre la adoración de los mitos y los iconos de la belleza.
Imaginen un planeta Tierra anegada por las aguas. La premisa no es nueva. Estaba en la película Warterworld, aunque utilizada como pero pretexto argumental, sin contenido ni el poder de evocación ambiental y paisajística que sí posee este cómic en sus viñetas, protagonizadas por esa ciudad de París sumergida, esa Torre Eiffel sometida y esas avenidas parisinas hundidas en aguas donde todo puede suceder.
Diluvio luce las mejores características del juego con la imaginación y la enorme capacidad para sorprendernos que caracteriza al cómic europeo. Asocia esos paisajes del pasado de una tierra pre-diluvio, que para los protagonistas es antediluviana, con otros paisajes del presente que sirve como tapiz sobre el que se desarrolla la trama de exploración y aventuras de los dos álbumes que contiene el tomo, Retorno y Cuenta atrás. La selva del invernadero hidropónico, el tanque en el que habita la reina sirena de Coriolis, la base a cielo abierto, son las espectaculares localizaciones por las que nos pasean los minuciosos y épicos dibujos de Jesús Hervás, aunque posiblemente el paisaje más notable de todo el relato sea el del rostro de la co-protagonista, Normaee, inspirado por Marilyn Monroe, Norma Jean, un personaje que es torturado inmediatamente después de “nacer” como el único clon superviviente de una nave espacial con la misión de cambiar drásticamente el futuro de ese planeta Tierra anegado.

En el guión brillan momentos como los del niño y la reina sirena tras temas que incluyen el racismo, la xenofobia, los ejércitos fantasmas reclutados en secreto para realizar salvajes operaciones encubiertas… y esa obsesión por la belleza ajena que, como en todo buen relato de ciencia ficción, nos hablan más de nuestra actualidad que de la de ese futuro imaginario. 

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