viernes, 5 de junio de 2015

LEÓN TROTSKY, EL REVOLUCIONARIO INDOMABLE, de Joshua Rubenstein

"En la historia no se ha logrado nada importante sin fanatismo". 
Quien así decía no era otro que el protagonista de esta biografía editada en España por Península, León Trostky, nombre "de guerra" revolucionaria de Lev Davidovitch Bronstein, conocido en sus primeros tiempos de colaboración con Lenin como "La Pluma", y cuyo recorrido por la Historia, con mayúscula, de la revolución rusa queda resumido por el autor del libro con la siguiente frase: "La historia está repleta de héroes trágicos similares. Sueñan con la justicia y, luego, causan estragos". 
Coincidamos o no con esta definición, ante la que me reservo mi opinión porque no es este el momento ni el lugar para meterse en ese tipo de fregados, creo que Joshua Rubenstein consigue plenamente lo que se había propuesto. Asegura que no quiere hacer una biografía laudatoria ni intimidatoria o crítica sobre Trotsky, sino simplemente aportar información más o menos equilibrada y objetiva sobre el hombre que estaba tras esa especie de tótem icónico de la revolución que según se traduce de su libro quedó atrapado entre bolcheviques y mencheviques, persiguiendo sus propias ideas sobre la lucha obrera, siendo traicionado por la historia, por el tiempo y por los que fueran sus camaradas, recorriendo el laberinto del complejo ascenso al poder de Stalin incluso antes de la muerte de Lenin. Vemos aquí a un Trotsky incapaz de protegerse a sí mismo de sus enemigos y lidiar con sus contradicciones, poco interesado en reconocerse como judío. Un Trotsky huido, fugado, desplazado y finalmente exiliado, testigo de la defenestración de su propia familia, con sus hijos inmolados en la lucha por el poder, víctimas del miedo que según las páginas del libro siempre le tuvo Stalin, perseguidor incansable de los ecos de Trotsky, empeñado en borrarle del paisaje de la historia de la revolución... 
El enfrentamiento Trotsky-Lenin y luego Trotsky-Stalin, las discrepancias sobre los conceptos de "revolución permanente" extendida a otros países de Trotsky frente al socialismo en un único país de Stalin, el papel de los judíos trabajadores del Bund empeñados en no asimilarse al resto en el Segundo Congreso del Partido Obrero, y la respuesta de Trotsky con el concepto del "proletariado judío", se unen en el libro a otros temas, como la evolución del epicentro de la lucha contra el zarismo sobre las alternativas de campesinado, terrorismo o proletariado, los bolcheviques, los mencheviques, el fallido levantamiento revolucionario de 1905, el papel de las Centurias Negras y los pogromos contra los judíos, de los que el zar Nicolás II decía: "Nueve de cada diez alborotadores son judíos"... Añadan a todo lo anterior los planes de Trotsky para desarrollar la revolución en un país tan atrasado como la Rusia zarista, donde no se había dado siquiera el primer paso de desarrollo del capitalismo, y mucho menos el segundo de creación de una sociedad industrial y una clase media urbana, lo cual hacía imposible llegar al nivel de la democracia parlamentaria y la revolución burguesa como pasos previos a la revolución del proletariado (Alemania era el país de referencia en la época con todos esos pasos al completo)... Trotsky había pensado en la revolución permanente, que le permitiría a la revolución en Rusia saltarse la parte burguesa y pasar directamente a la revolución de los trabajadores, confiando en que la revolución se extendiera a otros países, como Alemania, que pudieran en su momento ayudar a una revolución rusa, enfrentada al riesgo de quedar aislada y ahogada entre potencias hostiles y políticamente contrarias. 
Son muchos los datos, informaciones y reflexiones que aporta el libro sobre ese camino político revolucionario de su protagonista, sobre la lucha por el poder, sobre la represión como arma empleada por el propio Trotsky contra los marineros de Kronstadt, junto a detalles menores, pero igualmente curiosos y muy significativos, como la evolución del periódico Pravda, cuya "versión original" fue fundada en 1905 en Ucrania y que Trotsky pasó a dirigir en 1908, antes de que en 1912 Lenin decidiera abrir una nueva versión de Pravda en San Petersburgo dirigida por Lenin...
Todo eso y los 1111 pasos que Trotsky se propuso dar cada día dentro de su celdaen el primero de sus 20 encarcelamientos. 
El libro consigue dar una visión de lo privado, lo público, lo político, lo histórico, el triunfo y el fracaso de la carrera de Trotsky, sin caer en el elogio ni en el ataque gratuito, con un tono muy periodístico en el que prima la intención de objetividad. Algo muy necesario en estos tiempos en que los medios de comunicación se dejan atrapar cada vez con mayor frecuencia en el pantano de lo subjetivo. 
Hablando de subjetividad, si me permiten la gilipollez ante un personaje y una figura tan seria, tengo que reconocer que no puedo evitar que la foto de portada del libro me produzca la impresión de un Trotsky camarero, más dispuesto a presentar un concurso de gastronomía tipo Master Chef o Pesadilla en la cocina con Chicote, que presto a meterse entre los fogones de la historia de la revolución rusa. 
Cosas mías, no me hagan caso...


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