martes, 2 de junio de 2015

ESTE DEL OESTE: DOS, de Hickman, Dragotta y Martin

 El segundo tomo lo confirma: cómic de culto. Sin duda. Es aparentemente errabundo en su argumento, pero eso es un error de percepción del lector acostumbrado a líneas argumentales cada vez menos originales, más adocenadas, de temperamento fabril y taylorista, donde los hechos van encadenados, atados y bien atados, en perfecto orden, y donde las herramientas que otrora fueran revolucionarias para narrar y hacer progresar el relato, como el flashback o las acciones en paralelo, los viajes a otras realidades, los monólogos, los ensueños, las pesadillas, han terminado por ser domesticadas por la disciplina del orden lógico de las cosas.

Lo que nos propone este cómic es justo lo contrario, y consecuentemente es casi lógico que en principio nos confunda. Somos como ovejas obedientes y aburridas, hartas de mirar cómo pasa el mismo tren siempre a la misma hora y con los mismos vagones, y consecuentemente nos sentimos inicialmente superados por algo diferente. Así, el primer tomo de esta propuesta puede parecernos confuso.
Pero no es tal. Y si lo es, bienvenida sea la confusión que nos va a permitir volver a leer este cómic varias veces y descubrir siempre cosas nuevas en el mismo.
Terminado el tomo 2, vuelvo a repasar el tomo 1 con otros ojos. La historia progresa como una partida de ajedrez en la que de repente puedo entender los movimientos del contrario, y resulta mucho más apasionante que leerme la enésima aventura del superhéroe de moda haciendo lo mismo de siempre.
Lo que propone Este del oeste es todo lo que comenté sobre el primer tomo en un post anterior sobre esta colección… y más.
Me descubro ante un cómic que persigue lo mismo que persiguieron en su momento algunas de las historias de Alan Moore, pero como dije en el post anterior, manejando una colección de referentes narrativos y visuales que alternativamente nos sitúan en paisajes de Jodorowsky, Moebius, el manga japonés… 
Lo que queda más claro en el segundo tomo es la épica complejidad de su planteamiento, que se construye sobre un protagonismo aún más coral de lo que pueda advertirse en el primer tomo. Se incorporan aquí nuevos personajes y evolucionan otros. Muerte sigue su periplo asociado a la mística del relato, recorriendo lados aún más oscuro del cósmico paisaje en el que se desarrolla esta aventura de camino e iniciación, mientras el entramado social y geopolítico del relato va desvelándose ante el lector como un fresco a caballo entre el relato retrofuturista y el neowestern, dando lugar a un híbrido que lo mismo puede alcanzar cualidades de pesadilla lovecraftiana que tocar las cuerdas del arpa New Age y no haría mal papel en algún fanzine alternativo de cultura underground, junto a un artículo sobre rock progresivo, un estudio sobre la esquizofrenia o un relato sobre experiencias psicotrópicas.

Engancha y lo voy a leer varias veces. No se me ocurre mejor piropo para un cómic.
Los adictos a las viñetas repetitivas y las historias mil veces contadas, los amigos de lo previsible, los aficionados a que el puzle siempre encaje, harían mejor en abstenerse. 

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