viernes, 15 de mayo de 2015

VIAJERAS DEL TIEMPO (THE STICKY FINGERS OF TIME), de Hilary Brougher


Una escritora de novelas baratas hard boiled de los años cincuenta, asiste a una prueba atómica y descubre su capacidad para viajar en el tiempo en una película que no es fácil de ver y tiene bajones de ritmo importantes, pero que contiene algunas claves curiosas. 
Viajeras del tiempo es el título que le pusieron en España a The Sticky Fingers of Time (Los pegajosos dedos del tiempo) cuando se estrenó en el año 2000, aunque es una producción independiente norteamericana dirigida por Hilary Brougher en 1997. Yo la pesqué en vídeo VHS en la edición que sacó la ya desaparecida Lauren Films. Ya conocen mi lema: ¡los VHS no se rinden!
Me pareció curiosa por el tema del viaje en el tiempo y la he visto sin ningún tipo de expectativa a favor ni en contra. Es una mezcla de cine de ciencia ficción y cine negro que ciertamente no le recomendaría a nadie para pasar el rato, evadirse o entretenerse, pero me interesa esa idea de su directora cuando afirma que en lo años cincuenta el mal y la creatividad eran vecinos y eso daba como resultado un espacio cultural más emocionante que el de los años noventa. La Guerra Fría y la Bomba H convivieron con la Beat Generation que marcó la literatura norteamericana en el mismo momento en que el jazz y el arte entraban en la modernidad. La película que fue seleccionada para los festivales de Venecia, Rotterdam y Toronto, y habrá quien piense que sus actores podrían ser algo más expresivos y las localizaciones podrían estar más curradas, lo mismo que la foto, pero todos esos aspectos le dan un curioso aire amateur que tiene su gracia. Ciertamente el guión podría ser algo más elaborado, menos farragoso y confuso, más organizado. Pero como rareza sobre los viajes en el tiempo la película tiene su gracia, siempre que te acercas a ella con optimismo y consigas dejar de pensar que en manos de un director como Jim Jarmush estos mismos elementos podrían haber dado lugar a algo tan interesante como Sólo los amantes sobreviven
No es así, claro, pero tampoco lo pretende. El asunto es más personal y más modesto. 




Lo bueno de mi obsesión con el cine es que por un lado o por otro siempre encuentro algo con lo que quedarme enganchado en las películas. Y en este caso, aunque ha habido algún que otro momento ciertamente aburrido, me he quedado enganchado con varias cosas. Por ejemplo con la explicación de un de los personajes sobre el tiempo no lineal: "El tiempo no lineal es como una tarta, podemos comer los trozos que queramos, pero no podemos comer el miso trozo dos veces, y yo, cariño, he comido mucho". O con la frase con la que inicia la protagonista su novela negra Los pegajosos dedos del tiempo, mientras revuelve dos dedos cortados que le han llegado dentro de un sobre: "El tiempo tiene cinco dedos: el primero es el pasado, el segundo es el presente, el tercero es el futuro, el cuarto es lo que podría haber sido y el quinto es lo que podría ser". 
También me he quedado enganchado de la protagonista, Terumi Matthews, y de la idea de que esté huyendo se su propio asesinato.




Sin olvidar la amenaza asociada al cactus.
 
Pero lo que más me ha enganchado es esa inocente manera que tiene la directora de asumir las limitaciones de su presupuesto limitándose a plasmar los cambios de tiempo pasando del blanco y negro al color, y viceversa, sin arrogancia, un seductor acto de absoluta impudicia narrativa que reta a la suspensión de la credibilidad del espectador. 

Esto sí que era cine independiente de verdad, y no esa farsa del cine "indi" que suelen vendernos hoy los grandes estudios de Hollywood a través de sus filiales disfrazadas con la capa de la falsa modestia, anzuelo para pescar "hipsters" despistados proclives a dejarse impresionar por cualquier gilipollez que les salga al paso. 



























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