domingo, 17 de mayo de 2015

ELEKTRA: LINAJES, de W. Haden Blackman y Mike Del Mundo

 Invertir 11,50 por este cómic merece la pena. 
Creo que ese es el mejor piropo que se le puede echar a un cómic hoy en día. 
El retorno de Elektra con guión de W. Haden Blakman y dibujos de Mike Del Mundo le sigue la pista a uno de los personajes más carismáticos de la galaxia Marvel y a dos de sus clásicos más destacados, como no podía ser de otro mdo, ambos con Frank Miller metido en el asunto. Me refiero a la miniserie Elektra Asesina, publicada en 1986, con guión de Frank Miller y dibujos de otro maestro, Bill Sienkiewicz, y a la novela gráfica Elektra Lives Again, de 1990, con guión y dibujos de Miller. 
Ambas son piezas esenciales de coleccionista, pero de Elektra Asesina guardo un buen recuerdo muy especial porque junto con la novela de Tim Powers Cena en el palacio de la discordia, me levantó la moral hace años, en un momento particularmente puñetero de mi existencia, alegrándome un viaje diario de dos horas de ida y dos horas de vuelta al trabajo, después de levantarme a las 6 de la mañana, esencialmente para ir a hacer el payaso con otros payasos, más o menos. 
Miller y Powers me mantuvieron ligeramente cuerdo. 
Ahora Elektra, Linajes, devuelve ese tono de sorpresa en cada página al personaje de la asesina que recupera vigor con este cómic en el que vuelve a ejercer como asesina a sueldo, persiguiendo una presa, Cuervo Negro, un asesino retirado al que pretenden dar caza todos los asesinos del planeta para cobrar una abultada recompensa. Es una carrera contra el tiempo en una fórmula argumental infalible como entretenimiento que incluye un antagonista de lujo, Labios Sangrientos ("Mi cabeza es una clase magistral de asesinatos, con repeticiones instantáneas de mil muertes"). Además, localizaciones espectaculares y exóticas como Isla Monstruo, ese guiño a las películas japonesas de Godzilla y sus colegas que está convirtiéndose en los últimos tiempos en una especie de equivalente de la Tierra Salvaje de los cómics Marvel décadas anteriores. 
Las páginas fluyen como una pintura en movimiento que pisa con seguridad, solvencia y madurez, la tierra de nadie entre el cómic, la pintura y el cine, con los dibujos liberados del enrejado de viñetas y reinventan el concepto de viñeta como si estuvieran reinventando el concepto del plano en una película. Un ejemplo de esa fluidez y ese elaborado concepto de la acción que luce este cómic está en la llegada de la madre-monstruo a su nido y la manera de plasmar las acciones en paralelo en un mismo dibujo, con el enfrentamiento monstruo/Cazador de Cabelleras en la parte superior del dibujo y el duelo Elektra/Lady Bullseye en la parte inferior. Es una muestra de cómo el lenguaje del cómic permite fundir en un mismo momento algo que en el cine forzosamente no puede llegar a conseguir, ni siquiera utilizando la pantalla partida como recurso visual. Es un ejemplo interesante porque nos permite reflexionar sobre las muchas diferencias del lenguaje del cómic frente al lenguaje del cine, incluso cuando cualquiera de los dos medios tira de la sinergia entre ambos para encontrar nuevas o más completas formas de expresarse. 
La manera de trabajar con el tiempo es otro de los detalles llamativos de este cómic que como he dicho merece el precio que cuesta. 


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