jueves, 28 de mayo de 2015

DRIVER, de Walter Hill

Era 1978. 
Era otro cine distinto del que conocemos ahora. 
Era CINE con mayúsculas, siempre. No serie de televisión reciclada, ni viñeta de cómic apañada al celuloide, ni francachela secuelosa para sacar pasta. 
Walter Hill, guionista de uno de los clásicos del cine policíaco, La huida, de Sam Peckimpah, recogía el testigo de manos del maestro y se trabajaba en Driver una especie de western urbanita, furiosamente noctámbulo, con un montaje rápido, sin transiciones, un ritmo ejemplar y un tono a caballo entre el policíaco de serie B y el homenaje a otro clásico de serie A, Bullitt, de Peter Yates, multiplicando sus secuencias de persecución automovilística. 
Sus protagonistas: la Jugadora, una reescritura por la vía del distanciamiento y la apatía del icono de mujer fatal interpretada por la imposiblemente bella y enigmática Isabelle Adjani. 
El Cowboy, conductor de fugas, un Ryan O´Neal peleándose con su imagen de galán flojeras para seguirle la pista al mismísimo Steve McQueen (y consiguiendo salir bastante bien del empeño). 
El policía obsesionado con la caza del Cowboy, un Bruce Dern que sabe cómo deslizarse elegantemente como un felino por el delgado hilo que separa la obsesión depredadora del policía de raza empeñado en atrapar a su presa de la corrupción pura y dura, entre la ley y el delito, entre el abuso de poder y una equivocada manera de entender la justicia. 
La relación tensa de enfrentamiento y dominación/sumisión chulesca del policía con su segundo, que lo marca como protagonista en clave de antagonista. 
Los delincuentes a los que ficha para tenderle una trampa al Cowboy, que como el resto de los personajes parecen salidos directamente de una de las novelas negras de Donald E. Westlake sobre el carismático delincuente Parker. 
El personaje de la intermediaria, interpretado por Ronee Blakley, y esa secuencia de "felación" con el cañón del arma de uno de los criminales, que anticipa otra secuencia similar en Alien, otra película con guión de Walter Hill, protagonizada por la Ripley a la que dio vida Sigourney Weaver. 
Las localizaciones que son una declaración de adhesión al principio de la ciudad convertida en laberinto que es básico en el cine policíaco y ne el cine negro. Callejones oscuros que parecen abalanzarse sobre los personajes, habitaciones de pensiones tipo caja de cerillas cuyas paredes están dispuestas cerrarle toda vía de salida a los protagonistas, desfiladeros de muros que parecen dispuestos a aplastar a los tres policías mientras caminan discutiendo su plan para capturar al Cowboy. 
Una lección de cómo rodar acción en cada persecución. 
Un homenaje a los clásicos. 
Y esa música country malamente escupida desde un casete. 
Un clásico del cine de acción que ha tenido además influencia poderosa en otros directores, como por ejemplo en el cine de Nicolas Winding Refn, no sólo en Drive, su adaptación de la novela de James Sallis, que tanto tiene en común con Driver, de Walter Hill, sino también en su etapa europea, con esas carreras de coches en las noches urbanitas de sus películas Pusher, un paseo por el abismo, Con las manos ensangrentadas y Pusher 3: soy el ángel de la muerte

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