sábado, 30 de mayo de 2015

DAREDEVIL: EL DIABLO EN LA BAHÍA, de Waid, Samnee, Krause y Rodríguez

Mañana de sábado sabadete recuperando lectura de viñeta atrasada. 
Cae Daredevil, El Diablo en la bahía, con guón de Mark Waid y dibujos de Chris Samnee y Peter Krause, con Javier Rodríguez a los colores. 
De banda sonora le aplico un cóctel de Johnny Winter, el Breakfast in América de Supertramp y un concierto en directo de los Grateful Dead, todo en casete, para ver si recupero la música con la que leía los cómics de Daredevil cuando era más joven. 
Un nuevo punto de partida del personaje lejos de Nueva York y abriéndose paso en la ciudad de San Francisco bien merece el despliegue de acompañamiento musical. 
Además anda por ahí El Búho, Lelan Owlsley, personaje que ha aparecido ya en al serie Daredevil de Netflix, y que fue el primer antagonista de peso con el que se enfrentó Matt Murdock en los inicios de su carrera como vigilante. El Búho es precisamente el personaje que tiene la mejor frase de todo el guión del tomo: "Las pérdidas de un hombre no son banalidades. Son la clave para entender sus debilidades". 
Posiblemente ese es todo el lema que persigue a Daredevil desde el momento en que empezó a funcionar como personaje en el seno del universo Marvel, pero al mismo tiempo un poco apartado del mismo. Lo bueno del personaje y lo que mejor ha sabido captar la serie de televisión es precisamente eso: que estaba dentro pero en los márgenes del universo de los superhéroes de Marvel. Detalle de la serie: cómo citan la batalla de Nueva York de la primera película de Vengadores, pero de manera más tangencial y sutil (titulares de periódicos, diálogos sesgados de algunos personajes), sin entrar a saco con el subrayado burdo que le aplicaron a esas mismas referencias en la primera y la segunda temporada de la serie Agentes de SHIELD, que es demasiado "vengadoresdependiente", y en mi opinión confunde continuidad con abuso excesivo e incluso cierta tendencia al spoiler en los últimos capítulos de la segunda temporada. 
Volviendo al cómic, me sigue molestando que hayan sacado a Daredevil de Nueva York, y que lo hayan arrastrado desde esa posición de marginado de los entramados superheróicos, convirtiéndole en miembro de los Vengadores y demás (¿Daredevil en Los Vengadores? ¿En serio? No todo puede ser ir a por la pasta, colegas...). Pero después de leer este tomo estoy dispuesto a darle un voto de confianza a este intento de renovar el personaje, siempre que lo devuelvan al camino del que nunca debería haber salido, y quizá en el exilio a San Francisco esté el camino para que recupere su natural independencia de las movidas de sobrexplotación de personajes que están maltratando a algunas de las figuras más icónicas de la galaxia Marvel. Un monólogo del protagonista me ha convencido de que el asunto tiene posibilidades: "Me llamo Matt Murdock. Y estoy totalmente fuera de mi elemento. Recientemente me he mudado desde Nueva York a la Costa Oeste. "No puede ser tan difícil ajustarse", dije, en voz alta. Lo que no tuve en cuenta es mi mayor debilidad. Sobrecarga sensorial..."
El retorno a Matt Murdock pasándolas canutas, recibiendo golpes con el instinto y la capacidad de buen fajador que heredó de su padre boxeador, y que tan bien han reflejado en la serie de Netflix, puede ser una de las bazas para que el personaje recupere el tono de sus momentos más grandes, que son muchos. Porque Daredevil está entre lo mejor de la galería de personajes y títulos con que cuenta la Marvel. 
Confío bastante menos en eso de que le hayan quitado la identidad secreta y se convierta en una figura popular con la que el público se hace selfies poniendo cuernecitos en la cabeza. Me parece más farsa comercial que comedia, y percibo cierto contagio de ese optimismo del famoseo y la alfombra roja populista que funciona bien en el caso del Tony Stark/Iron Man reconstruido para la pantalla grande por la desbordante personalidad de Robert Downey Jr., pero creo que a Matt Murdock/Daredevil le sienta fatal, y está metido con calzador. 



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