domingo, 12 de abril de 2015

LA RUTA SANGRIENTA, de Sven Hassel

El otro día me llevé un alegrón de la manera más sencilla. Trepé hasta las colinas más altas de libros de la Payáncueva y revolví en las entrañas de la librería hasta que tropecé con mi alijo de libros de Sven Hassel. 
Gozada total eso de descubrir un tesoro y no tener que gastarte un euro para poder volver a leer toda la colección que devoré siendo adolescente (así he salido, claro... todo se explica). 
Lo mejore es poder leer estas cosas con otros ojos y más años de pateo de vida. Te da otra perspectiva, pero afortunadamente descubro que en lo esencial no he cambiado un ápice de opinión. 
Cuestión de no ser un veleta y cambiar según sopla el viento. 
El caso es que me lancé a leer La ruta sangrienta y he vuelto a reírme un montón con el Obergefreiter (por la gracia de Dios) Josef Porta, personaje que ya me sirvió de guía dándome pistas para muchas cosas cuando era chaval, sobre todo para cómo mirar la vida. 
Un pícaro de tomo y lomo. Me he reído con su desafío a la autoridad establecida por la vía del cachondeo, que es la más sana. Esas pieles infestadas de pulgas, ese paseo escoltando al prisionero de burdel en burdel y de taberna a taberna, camino de la cárcel en la que inevitablemente le van a joder la vida al hombre, razón de más para que antes de llegar allí el viaje sea una colección de disparates esencialmente vitalistas. 
Y luego, junto al humor, lo peor de la guerra y unas cuantas pistas de crónica histórica sobre el terreno, sin paños calientes, sin buenos y malos. Todos igual de asesinos, todos igual de verdugos, todos igual de víctimas... 
Y la farsa de los discursos, las salmodias, los púlpitos, las consignas, las cruzadas, el racismo, la xenofobia, y todos esos ladridos que profiere nuestra especie. 
"Sólo nos han enviado la mitad de los refuerzos que necesitamos. Hace tiempo que están rebañando el plato en Alemania. Los racistas Waffen SS reclutan voluntarios rusos. Eran untermensch hasta que se ofrecieron voluntarios. El otro día tropezamos con una unidad de negros alemanes. No sabían una palabra de alemán...". 
"Hace ya tanto tiempo que estamos en el frente que no nos importa lo que pueda ocurrir en una hora". 
En las novelas de Sven Hassel, detrás de cada broma anida la tragedia, el caos y la muerte. 
"Ninguno de nosotros se atreve a pensar en el invierno, el feroz invierno ruso. Nadie que no haya pasado un invierno en las trincheras puede saber lo que es un verdadero invierno". 
"Surge la niebla sobre el suelo encharcado. El miedo es como un peso muerto en la boca del estómago". 
"Es noche cerrada cuando las pesadas puertas de la cárcel de Moabitt se cierran detrás de ellos. Nadie sabe qué infierno les espera". 
Hassel construye sus novelas sobre un encadenado de distintos relatos del frente protagonizados por el variopinto grupo de soldados alemanes que integran el Viejo, Porta, Hermanito. el Legionario, el fanático Heide, Barcelona... Al final del encadenado de aventuras de La ruta sangrienta, nos encontramos con el fragmento titulado El Comisario, relato de una misión suicida tras las líneas enemigas en la línea de clásicos del cine bélico como Doce del patíbulo, de Robert Aldrich, Uno rojo, división de choque de Samuel Fuller, Stalingrado de Joseph Vilsmaier o La cruz de hierro de Sam Peckimpah, que sigue siendo la mejor "adaptación" no declarada de las novelas de Sven Hassel al cine. Es leyendo este relato o cualquier otra novela de Hassel y recordando esas películas como uno puede llegar a la conclusión de que Quentin Tarantino desperdició una excelente oportunidad con sus Malditos bastardos... 
Dicho de otro modo: si has visto Corazones de acero (Fury) y te ha gustado, echa un vistazo a las novelas de Sven Hassel porque son de la misma familia. 
De cara al cine, el capítulo de El Comisario en La ruta sangrienta es el más adaptable. ¡Con oso y todo!
Sería la más propicia para arrancar una serie de adaptaciones al cine de las novelas de Hassel porque es la que mejor define a su reparto coral de personajes totalmente distintos que son cada uno de ellos una mirada totalmente diferente de mirar la guerra y entender el paso por el frente en una época tan distinta de la nuestra en lo superficial pero en el fondo tan cercana en lo esencial. Basta con ver En tierra hostil de Kathryn Bigelow, El francotirador de Clint Eastwood o la serie Hermanos de sangre, para saber que lo esencial no cambia. 
Ver al Viejo intentando mandar a ese grupo de locos en una operación tras las líneas enemigas y conocer de qué manera tan absurda culmina su esforzada misión suicida, es toda una lección sobre la futilidad de todo y el desprecio y el desperdicio del sacrificio ajeno que suele expresarse en las decisiones de quienes alcanzan el poder sin tener cualidades para ejercer el liderato. 
Muy instructivo de cara a administrar nuestro sacrificio y nuestros esfuerzos, sí señor. 
Lo dicho: hay que prestar mucha atención a las enseñanzas de Josef Porta, especialmente cuando intenta instruir a los nuevos reclutas sobre la mejor manera de sobrevivir en el frente o seguir vivos después de un ataque de tanques soviéticos. 
Si extrapolamos sus palabras a nuestra vida cotidiana actual seguro que aprendemos algo... 






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