viernes, 22 de agosto de 2014

CAMELOT 3000, de Mike W. Barr y Brian Boland



Entre 1982 y 1985, Camelot 3000 cambió las reglas del juego en lo referido a la edición de cómics, constituyéndose como el primer comic book con un arco de desarrollo suficientemente amplio (doce números) como para poder desarrollar una trama de varios personajes y las tramas secundarias de los mismos, algo que no era nada habitual en aquel momento. Además nació ajeno al control censor del Comics Code, por lo cual podía tratar algunos temas como el sexo y la violencia de manera más madura y para un público adulto. 
 
Quizá esa madurez fue lo que hizo que algunos lectores que en aquel momento eran niños decidieran que esta obra maestra era un rollo para ellos, cuando simplemente era demasiado madura para ellos y jugaba en otra liga distinta a lo que habitualmente solían encontrarse en aquel momento en los cómics de grapa. 
 En esa misma línea, Camelot 3000 modificó también claves de la distribución de los comics, siendo el primer título de la editorial DC que se distribuía exclusivamente en tiendas, sin pasar por los quioscos, en su búsqueda de un público lector fiable en su número que pudiera respaldar los muchos riesgos que se estaban corriendo, en plan pionero, con este proyecto. 
Estas y otras características lo convierten en una obra capital para abrir camino y dar lugar a todo lo que ocurrió después, a Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons, que en 1986 continuó el camino iniciado por Camelot 3000 entre 1982 y 1985 adoptando también la fórmula de maxiserie de 12 entregas. O para la miniserie Batman: The Dark Knight Returns, de Frank Miller, que también comenzarse en 1986. Camelot 3000 fue la encargada de abrir el camino a estas otras obras maestras, y sería muy bueno no olvidarlo. 
El problema que observo hoy en día en muchos aficionados es que, para mi sorpresa, en lugar de interesarse por todas  las muestras de aquello que le interesa, independientemente de cuál sea su fecha de creación, caen en el error de interesarse sólo por aquello que adornó su infancia o produjo sus primeros afectos por el comic, la novela, el cine… sin interesarse demasiado por lo que ocurriera antes en ese mismo campo. Este relativismo que en algunos casos llega a ser incluso retrógrado no deja de sorprenderme. Lo observo en el cómic, en el cine, en la música… 
Dejando al margen su papel como pionera e iniciadora de todos esos aspectos que he mencionado, Camelot 3000  era una entretenida muestra de lo que puede producir el arte de las viñetas cuando quienes lo crean llegan a alcanzar la fórmula perfecta para traer al mismo referentes previos de otras formas creativas. En esta maxiserie sus autores actualizaron las claves esenciales de la leyenda del Rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonde, la búsqueda del grial, el triángulo sentimental y de infidelidad formado por Arturo, su reina Ginebra y el caballero Lancelot, con elementos de la ciencia ficción. Anticiparon también así una de las habituales fórmulas narrativas de nuestros días, trabajando la hibridación de géneros. 
A la gesta épica de la caballería añadieron una invasión alienígena, además de una visión del futuro en clave de sátira en la que tienen cabida desde las luchas por el poder, reflejadas en los personajes de políticos que refleja el cómic, empezando por esa especie de versión satírica de Ronald Reagan como “vaquero loco” que es el presidente de Estados Unidos, hasta los cambios en la expresión y los roles sexuales, ejemplificados por uno de los caballeros de Arturo, reencarnado en fémina y empeñado en volver a ser un hombre.  
De ese modo, Camelot 3000 siguió el mandato no formulado de la ciencia ficción, según la cual toda trama ambientada en el futuro sirve esencialmente para hablarnos de los problemas y cuestiones que nos preocupan en nuestro presente. La falta de liderazgo y la pérdida de confianza en los líderes políticos que dominó en Occidente durante la era Reagan, se hizo así también presente en esta maxiserie que se convierte ahora en una excelente muestra y espejo de las inquietudes que dominaron la década de los ochenta a través del cómic.
 

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