miércoles, 16 de julio de 2014

FUEGO CRUZADO: MÁS MALA Y MÁS FEA QUE PEGARLE A UN PADRE CON UN CALCETÍN SUDADO



 Ayer tropecé con esta película que es, con diferencia, lo más malo que he visto en mucho tiempo. Telly Chavalas me la prestó en plan "mírala tú antes y ya me dices", y ahora tengo ganas de cortarle los huevos.  Y tengan en cuenta al leer esto que soy de los que coleccionan películas malas, e incluso muy malas, y que el término Cine de Mazmorra para definir lo más infumable de la serie B y sus aledaños es mío, aunque ahora se lo haya cedido temporalmente a uno de mis colegas de la revista Acción, Crítico Sombra, para que lo explote en una sección de carteles que, dicho sea de paso, no deberían perderse.
            Pero es que esta película no es cine de mazmorra. Es simplemente mala.
            Muy, muy mala.
            Tan mala que recomiendo verla a todos aquellos que algunas veces me preguntan por qué le pongo tres o cuatro estrellas a películas de acción que según su opinión no deberían pasar de una estrella. 
            Se equivocan. La de cero o una estrella es ésta. 
            En serio, si quieren entender mi criterio, vean este horror y comprenderán dónde trazo la línea para mis calificaciones.
            Vamos por partes. Primero aclaremos por qué no es cine de mazmorra. No es cine de mazmorra porque la muy cabrona y quienes la perpetraron, con alevosía, nocturnidad y torpeza supina encima están convencidos de hacerlo todo cojonudamente y de que se están fabricando una de acción sublime, o algo así. Se tiran del tirante, están satisfechos de sí mismos. Se nota. Se gustan. Eso les define como especialmente torpes.
            Por el contrario los perpetradores del cine de mazmorra son plenamente conscientes de que están haciendo una  película modesta o incluso puñetera mierda, evasión pura y dura con cuatro duros y medio, sin ambiciones, rodada rapidito, por poco dinero y casi para salir del paso.
            Estos de Fuego cruzado no. Estos se gustan. Se tocan incluso. Y se nota. Tienen toda la pinta de ser el tipo de gente que cree que metiendo a Bruce Willis en el reparto ya lo tienen todo hecho. Y como encima han fichado a Rosario Dawson la cosa debe parecerles una maravilla. Pero es que además tienen en el reparto a Richard Schiff, el inolvidable Toby Ziegler de El ala oeste de la Casa Blanca, y redondean con Vincent D´Onofrio ejerciendo de villano. Así que de fichajes bien, pero, claro, eso se consigue poniendo la pasta encima de la mesa y ya. Luego hay que darles un guión decente, y de eso aquí hay poco o nada. Y encima el papel de protagonista se lo han dado a Josh Duhamel, que igual para anunciar calzoncillos y propiciar el mojabraguismo del personal cuando protagonizaba la serie Las Vegas cumplía, pero la etiqueta de intrépido antihéroe haciendo justicia le viene claramente grande. En realidad sería mejor que le hubieran enchufado este personaje a John Cena, a cualquier estrella de la lucha libre televisiva, o si me apuran al gran Chiquito de la Calzada, que por lo menos nos habríamos echado una risas.
            El guión es torpe, obvio, simplón, previsible, tópico, repleto de lugares comunes, sin una gota de imaginación. Desde que empieza produce arcadas: el bombero audaz rescata un objeto del fuego (una caja de “güiski” cheli, como en la canción aquella, “saca el güiski cheli”) y ligotea en plan machote con una chavala que había quedado con él y a la que parece haberse llevado a ver el incendio en plan “mira lo que hago, nena”… Arcadas. En serio.
            Luego la trama está copiada, así en general, de otras ochocientas películas de ciudadano cabreado tomándose la justicia por su mano. Solo que aquí se les ha ocurrido que cuando el prota pringadillo se carga a un tiparraco siniestro (robándole frases al matarreyes de Juego de tronos: “las cosas que uno hace por amor”), vomita, porque es muy humanista, claro, y políticamente correcto. Faltaría más. Sí, vale, el tortura y mata, pero echa la pota mientras lo hace y repite incesantemente: "Oh, Dios, Dios...!"
              Muy entrañable, el puto peluche. 
              Si lo pilla Steven Seagal lo destroza a barrigazos por gilipollas y pipiolo. Lo dicho: lo de Duhamel ejerciendo como bombero-pistolero e intrépido héroe de acción es de traca.
            Estos no entendieron una mierda de la fórmula Jungla de cristal, o lo entendieron todo mal. Pero, oye, tienen a Willis poniendo el piloto automático para interpretar un papel totalmente novedoso en su carrera que sin duda sorprenderá a propios y extraños: poli veterano duro y amargado con cara de “te voy a calzar una chufa”. Sorprendente, ¿verdad? Nunca antes habíamos visto algo así.
            Luego está el romance entre la Dawson y Duhamel, más falso que un euro de madera. Esos dos pegan menos que Heidi empuñando la sierra mecánica en La Matanza de Tejas. De química nada de nada. Y no me extraña: les han enchufado un rollete tan tópico que es lógico que no se lo crean ni ellos. El caso es que la cosa podría haber funcionado si sólo se ponen a follar por deporte, en plan vamos a pasar el rato, chata/o. Pero no: se enamoran. La agente del FBI y el testigo que debe proteger. Vale, ver a la Dawson en sostén es un enorme valor añadido de producción, y las camisetas ajustadas le sientan muy bien. Pero por ese camino hay poco más que rascar. Pura satisfacción de córnea. El romance da risa floja.
            Lo raro del caso es que en el guión se les han colado, imagino que por puro accidente, algunas ideas curiosas. Por ejemplo la parte de los asesinos a sueldo, el propio villano nazi y sus sicarios, entre ellos el gran Vinnie Jones, que se patea todo lo que le pongan a tiro, y la banda negra de traficantes de armas que lidera 50 Cent. Ahí estaba la parte interesante de la historia. Pero el guionista y el dire han preferido volver a contarnos lo mismo de siempre, con poca gracia y haciendo que Duhamel ponga caras de tipo cabreado que no le pegan nada, y Willis ponga cara de “Dinerito fácil”.
            Hay momentos de tiroteo a cámara lenta y secuencias de acción que dan grima y un final en el fuego que da risa por lo absurdo. Por mucho que se lo curren Richard Schiff y Vincent D´Onofrio esto es una mierda como un templo, señores.
            Secuencia por secuencia, plano por plano, es una escuela perfecta para explicar qué es una mala película de acción.
             Si me permiten el exabrupto (niños, no digáis esto en casa a menos que os ponga cachondos recibir una colleja): ¡Hija de puta, qué mala es!

1 comentario:

Telly Chavalas dijo...

Vale, pos ya no la veo. Me quedaré sin guevos pero eso que se ahorran mis córneas. ¿Sale en bolas la Dawson? Minutaje por favor que no quiero ver esta mierda entera. Por cierto, era un regalo, así que te la quedas para tí. Si aparece por mi casa la uso de posavasos o para espantar a las guarras de las palomas.