miércoles, 4 de junio de 2014

DIARIO DE GUERRA, de George Orwell

"¡Cuánta porquería arrastrará consigo esta guerra si aguantamos todo el verano!. La guerra no es más que otra cara de la vida civilizada; su lema es: "Mal, tú serás mi bien". Existe tanta maldad en la vida moderna que, a la hora del balance, habrá que preguntarse si realmente la guerra es dañina". 
Tan sorprendente afirmación habita en una de las muestras de memorias más interesantes y al mismo tiempo inquietantes que dejó la Segunda Guerra Mundial. Escrito por George Orwell, este Diario de guerra es una de las mejores escuelas de periodismo que puede encontrarse en libro de bolsillo, y al mismo tiempo, incluso considerando la inclinación ideológica de algunas afirmaciones del autor, es una de las más objetivas desde el subjetivismo que impone estar viviendo una situación límite como es el caso del autor. 
Orwell escribe desde el tiempo en que Inglaterra se enfrenta a la Alemania de Hitler y todo está en el aire. Vista desde hoy, la situación puede adquirir tintes diferentes, pero es tal el talento de Orwell al describir sus experiencias emocionales en ese momento que pronto empezamos a leer el libro más como una novela narrada en primera persona que como un diario, y naturalmente entramos totalmente en su mundo y su tiempo, adquiriendo rápidamente su propia perspectivas de vivir de primera mano una época histórica. 
La clave no es tanto la objetividad como la subjetividad de las emociones que quedan impresas en negro sobre blanco: "No quiero ser un refugiado, un periodista expatriado que da alaridos a una distancia prudencial. Hay ya demasiados exiliados antifascistas. Es mejor morir, si es necesario; tal vez la muerte deuno sea más útil como propaganda, que irse a vivir al extranjero (...). No es que quiera morir. A pesar de mi poca salud y no tener hijos, tengo mucho por lo que vivir". 
Junto a esas reflexiones desde la emoción, Orwell incluye pinceladas sociales que definen su opinión sobre el mundo en el que vive: "Toda la aristocracia británica está corrompida y no tiene ni el más mínimo sentido patriótico. Sólo se preocupa de proteger su nivel de vida".
Tirando de los titulares e incluso de las páginas de anuncios por palabras de los periódicos del día, Orwell hace un repaso a la vida cotidiana en tiempos de guerra, sin ahorrarse nada de crítica ni caer en lo polítiamente correcto que tantas veces ha marcado las maquilladas crónicas a posteriori de la vida durante el conflicto: "El comunismo occidental europeo y el extremismo de izquierdas parecen ser ahora una forma de masturbación. La gente que no tiene ningún poder sobre los sucesos, se consuela pensando que controla en cierto modo los acontecimientos. Desde el punto de vista de los comunistas nada importa mientras puedan persuadirse a sí mismos de que la Unión Soviética se encuentra en la cima". 
Pero no se queda ahí. Reparte en todas direcciones: "Lo único positivo de la situación es que se está acabando cxon el fondo de pretensión de Hitler de ser el amigo de los pobres. La gente dispuesta a pactar con él son banqueros, generales, obispos, reyes, gfrandes industriales, etcétera...". 
Orwell nos habla de los tiempos de guerra, cuando florecen los oportunistas en todas las esferas sociales, cuando el miedo crea monstruos por todas partes, cuando, al contrario de lo que se empeñan en contarnos las novelas-panfleto que abordan esa época en años posteriores mitificándolas, no todo son héroes y villanos, blancos y negros, sino más bien grises teñidos de sangre.
 
 
 


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