sábado, 12 de abril de 2014

CRÓNICAS MARCIANAS, DE RAY BRADBURY

Bueeno, pues aquí seguimos, reactivando el blog, que llevaba inactivo unos días por motivos que no les voy a contar a ustedes porque llorar por las esquinas no soluciona nada y además para eso me voy a los tribunales y pongo una denuncia en condiciones sobre el particular. 
O escribo un libro que podría ser toda una antología del disparate médico que se practica en algunos hospitales universitarios de nuestro país, los cuales, me temo, tienen más tecnología de la que los caletres o la experiencia de sus galenos les permiten manejar. 
Dicho lo anterior, y para inaugurar este reencuentro, nada mejor que un consejo para ponerse a leer, especialmente ahora que muchos van a tener vacaciones. 
Crónicas marcianas, de Ray Bradbury. 
Estamos en Marte, el planeta Tyrr para sus habitantes. Porque Bradbury tiene la habilidad de empezar a contarnos todo el asunto desde el punto de vista de los marcianos, esto es, de la cultura invadida, con lo cual de algún modo le sigue la pista, desde la otra cara de la moneda, a la estrategia narrativa aplicada por H.G. Welles en su novela La guerra de los mundos.
Ambos maestros de la ciencia ficción están utilizando el género de la misma manera, para hablar de su tiempo, y no del futuro. Ambos están comentando el mismo tema: el genocidio perpetrado por las metrópolis contra las colonias. Escriben en épocas distintas, pero los problemas siguen siendo los mismos, aunque en el libro de Bradbury se advierte la huella indeleble del bombardeo nuclear contra Hiroshima y Nagasaki a finales de la Segunda Guerra Mundial, cruzado en la serie de relatos que integran la saga de invasión humana de Marte con un cierto paisaje de western y exterminio de los nativos americanos, sobre todo en los primeros relatos, aunque el eco de ese tema se transmite incluso a través del paisaje en casi cada momento de esta colección de historias. 
Algunas pistas sobre este viaje al exterminio de una raza perpetrado por nuestra intrépida especie. La canción que "invade" antes de la invasión. El asesinato y el terrible destino de la primera expedición, que no resta un ápice de protagonismo o coherencia al punto de vista de los marcianos, pero sí nos habla sobre la mirada y el miedo el invadido frente al invasor, y de cómo el miedo se convierte siempre en el arma más temible a la hora de encontrarnos con el otro. 
La actitud de insolente despreocupación de los marcianos, la señora Tt y su marido, frente a la visita de los extraterrestres humanos, propia de la gente del entorno rural frente a los forasteros. Es el equivalente del "están locos estos romanos" que leemos en cualquier tebeo de Asterix y Obelix. 
El manicomio: la llegada de los hombres de la Tierra al planeta es en cierto modo una comedia de humor negro, especialmente porque los humanos se sienten mucho más importantes de lo que en realidad son para la gente que los recibe, una sátira de la arrogancia que caracteriza a los seres humanos de cualquier edad, procedencia, sexo y condición. 
"Alrededor, en la sala, brotaban llamas azules, brillaban un momento, se evaporaban. Unos diablillos de arena roja corrían entre los dientes de los hombres dormidos. Las mujeres se transformaban en serpientes aceitosas. Había un olor de reptiles y bestias..."
Este fragmento del relato Los hombres de la Tierra es buena prueba de otra de las características de la novela, su ambiente de sueño hipnótico, de onirimo inducido por sustancias psicotrópicas, la imaginación descriptiva del autor que se desborda en sus cuentos para ponernos realmente en este Marte/Tyrr, en un viaje de alucinación sensorial y sugestión hipnótica que materializan el cohete, la sculebras en al cabeza de los parientes, el doctor Xxx... Hay en ello tambíén algo de sátira de las historias de ciencia ficción de space opera, viajera y desinhibida, pero también es en cierto modo una sátira sobre la psiquiatría y la locura. 
Junto a eso, la indiferencia de los invadidos es una lección de humildad para el lector: "Cuando a la caída de la tarde la gente del pueblo encontró el cohete, se preguntó qué sería aquello. Nadie lo sabía; por tanto fue vendido a un chatarrero que se lo llevó para desmontarlo y venderlo como hierro viejo". 
El tema central en todos los cuentos que integran Crónicas marcianas es la arrogancia humana. Reaparece en el relato de la emigración de los negros de Estados Unidos, uno de los mejores de la colección, con párrafos que merecerían haber sido trasladados al cine por John Ford con el tratamiento visual que aplicó a La ruta del tabaco, e incluso se presenta en el relato de la extinción final, porque al parecer nuestro objetivo más lógico es exinguir a los otros y luego extinguirnos a nosotros mismos... 





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