martes, 11 de marzo de 2014

TRUE DETECTIVE, ÚLTIMO CAPÍTULO



Dos actores enormes. En absoluto estado de gracia. Sin un momento flojo. Sin desperdiciar una mirada o una sola palabra, aceptando las cuchilladas de la cámara como si estuviera despellejándolos y dejándoles las tripas tiradas por los suelos.
Un guión de intriga adulto, para variar, donde cuando un tío llora, te lo crees y está justificado, no es una moñada bienpensante y buenrrollista para anunciar compresas con alas, sino un momento de dolor con el alma derramada en lágrimas de los que tarde o temprano nos acaban agarrando a todos, queramos o no queramos. Porque la vida es así de hija de puta.
Ocho capítulos que son, cada uno de ellos, mucho mejores que el 90 por ciento del cine que llega a nuestras pantallas.
Unas gotas de Seven pero con menos afán de postal y más Kevin Spacey metido en vena que Brad Pitt haciendo posturillas.
50 minutos de mala leche como media por cada capítulo.
Algunas sorpresas visuales tan gratas como ese plano secuencia del capítulo cuatro que he puesto en casi todas mis clases para explicar por qué a veces la única manera de meternos de verdad dentro de una situación de tensión dramática es precisamente el plano secuencia, y por qué algunos planos secuencias están indicados y otros no tanto o casi nada.
Una utilización del flashback modélica, esencial para montar la intriga, construir la historia y presentar a los personajes en la primera mitad de la temporada. Ya podrían aprender muchos de cómo hacer que un flashback sea fluido, no interrumpa o frene la trama principal, muy al contrario. Entre tanto flashback como nos llega hoy en día desde el ocio audiovisual, soy de los que piensa que deberían estar prohibidos en todas las series y películas, salvo en True Detective. Los flashback de Perdidos, los de Sleepy Hollow y hasta los de Arrow lloran a moco tendido o esconden la cara avergonzados ante estos sus hermanos mayores, los flashback de True Detective.
Una lección de narrativa y cine contenida en cada capítulo.
Una escuela de ocho capítulos perfectos que cualquier día me voy a meter seguidos, en plan maratón de más o menos ocho horas de gozada.
Después de esto, las cosas se le han puesto muy difíciles a series como The Following o Hannibal.
True Detective ha dejado el listón muy, pero que muy alto.
Hoy he visto el último capítulo de una magia que me temo tardará en repetirse.
Simplemente inimitable.
Grandes. Muy grandes. 
Ahora voy a tener que leerme otra vez todas las novelas de Jim Thompson para combatir el vacío. 

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