sábado, 25 de enero de 2014

OJOS DE PERRO AZUL, de Gabriel García Márquez


"El invierno se precipitó un domingo a la salida de misa".


Andaba yo saliendo de la adolescencia para meterme en el lío tremebundo de la edad adulta cuando mi padre me hizo un regalo de lujo comprando en el quiosco, cada semana, la colección de libros de bolsillo de Bruguera.

Hoy están a la venta a 2,50 euros en algunas tiendas de segunda mano. Al verlos en la tienda, con el vicio del coleccionista que llevo dentro, no he podido evitar añadir un libro de esa colección a mi dieta de lecturas de cada semana. 
Por supuesto sin seguir un orden cronológico. 
Nada de empezar por el número uno.

Eso no va con mi manera de entender la vida, que según sigo pensando es un caos incontrolable.
Me puse delante de la estantería y pillé al vuelo el primer libro que me saltó a las manos.  

Ojos de perro azul, una colección de cuentos de Gabriel García Márquez que incluye un puñado de joyas de la palabra escrita. 
La tercera resignación (1947), La otra costilla de la muerte (1948), Eva está dentro de su gato (1948), Amargura para tres sonámbulos (1849), Diálogo del espejo (1949), Ojos de perro azul (1950), La mujer que llegaba a las seis (1950), Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles (1951), Alguien desordena estas rosas (1952), La noche de los alcaravanes (1953) y Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo (1955). 
Alguien desordena estas rosas es uno de los relatos más tristes que he leído, y tambíen uno de los más intrigantes. Es la perfecta combinación de intriga y tristeza. Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo es inquietante como el paseo de la yema de un dedo por un cuchillo, lo mismo que La noche de los alcaravanes, que además me parece un excelente recordatorio de lo fácil que es perder la objetividad y lo mucho más fácil que es que los medios de comunicación pierdan la confianza de los consumidores de noticias precisamente por haber perdido la objetividad, algo que lamentablemente está de plena actualidad con el periodismo que tenemos en nuestros tiempos. Acabaremos por no creer aquello que leímos en la prensa ni siquiera cuando lo tengamos ante nuestros ojos. Pero lo mejor del relato, que es un tratado sencillo pero demoledor contra esa "ceguera social" es precisamente, como en el resto de los cuentos que integran este volumen, la capacidad del autor para nadar entre las aguas de la realidad y la fantasía, de lo posible y lo imposible, de lo material y lo inmaterial. Todo eso con frases tan evocadoras como "Entre él y su tumba sólo se interponía su propia muerte", que en el primer párrafo de un relato te empujan ya a seguir leyendo cueste lo que cueste hasta terminar la historia. 
"Resignado, oyó la gota, gruesa, pesada, exacta, que golpeaba en el otro mundo, en el mundo equivocado y absurdo de los animales racionales". 
Ocurre con los libros como con el cine, que hay libros para evadirse y reflexionar y otros que sólo sirven para evadirse, y con ese objetivo único fueron concebidos. 
 "Estaba cansada de ser el centro de todas las atenciones, de vivir asediada por los ojos largos de los hombres. En la noche, cuando clavaba en sus párpados los alfileres del insomnio, hubiera deseado ser mujer ordinaria, sin atractivos".
La magia de la literatura de García Márquez es que ni en una sola de sus frases pierde la oportunidad de proporcionarnos evasión, de intrigarnos, de llevarnos a otro sitio, un sitio nuevo e imposible, cual si fuera el conejo blanco que reloj en mano y con andar apresurado conduce a Alicia al otro lado del espejo. 
Historias de muertos que no quieren dejar la vida, historias de vidas que se acostumbran a vivir con la muerte, de resistencia a cerrar la puerta de los días para dejarse arrastrar por los recuerdos, historias en las que percibimos ese "aleteo del aire volviéndose viejo en las alcobas cerradas"
 

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