martes, 24 de diciembre de 2013

SOYLENT GREEN COMO FELICITACIÓN NAVIDEÑA

Desde que se me antojó abrir este blog, allá por el año 2007, cada año he intentado dejar claro que la Navidad, en su faceta como farsa comercial e imposición del buenrrollismo por decreto, me trae bastante al fresco. Y cada año más, porque siendo más viejo cada vez pico menos con este sacaperras organizado y me quedo sólo con lo que realmente creo que importa de estas fechas. 
Por eso siempre intento conmemorar el asunto de la manera más friqui que se me ocurre. 
En esta ocasión creo que la mejor postal navideña, mirando al mundo que nos rodea, es una escena de Soylent Green, que en España se estrenó con el título de Cuando el destino nos alcance. 
No se engañen: como la cosa siga igual, con subidas de la luz, subida de impuestos, paro, problemas de vivienda y crisis económicas para los mismos de siempre, es decir, para la mayoría (las grandes fortunas están haciendo todavía más dinero con esta crisis, no lo duden ni por un momento), nos vamos a ver metidos en un futuro como el que habitaban Charlton Heston y Edward G. Robinson en ese clásico de la ciencia ficción que dirigió en 1973 Richard Fleischer. 
Charlton y Edward viven en un piso de menos de 50 metros cuadrados casi sin sitio para moverse, comen basura racionada y se quedan sin luz a la primera de cambio, así que el abuelete tiene que darle a la bicicleta para cargar la batería y recuperar la corriente, que imagino es lo que ya se están pensando las compañías eléctricas: ponernos a todos una bicicleta para que pedaleemos y de paso cobrarnos un incremento de tarifa para pagarla a plazos.
Lo peor es que Charlton y Edward pueden considerarse afortunados, porque sus vecinos no tienen ni casa, viven en la escalera y en los coches. 
En estas fechas, intenten ser felices, si les deja el sistema, los bancos, las hipotecas, etcétera. 
Como le dice Edward a Charlton: ¡Vayan con Dios!
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