viernes, 20 de diciembre de 2013

H.P. LOVECRAFT, CONTRA EL MUNDO, CONTRA LA VIDA, de Michel Houellebecq

Primera recomendación de lectura navideña de este blog. 
Lean, lean, lean. 
Leemos poco. Yo este año no he pasado de 80 libros. 
¡Vergüenza debería darme!
¡Hay que subir esa marca ya mismo!
Así que he decidido iniciar aquí una lista de recomendaciones de libros que seguro le dan otro aire a vuestras navidades. 
Y el primero es este interesante repaso en clave de reflexión sobre la figura y las obras de H.P. Lovecraft escrito por Michele Houellebecq que nos deja claro por qué es absolutamente imprescindible leer los relatos y novelas del indiscutible y absoluto maestro del terror. 
Y de paso nos informa de lo malo que puede ser convertirte en un maestro en lo que haces sin sacar beneficio económico de ello. 
Me explico: cuando Lovecraft murió estaba a punto de quedarse sin efectivo en la cuenta corriente. 
Y eso, tratándose de un monstruo de las letras como este tipo, es un pecado mortal. 
Sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de dinero que habrán ganado con su talento los editores después de su muerte. 
¡Mas vergüenza para este miserable mundo de buitres!
Lovecraft se consideraba un caballero, así que desde su caballerosidad, consideraba feo reclamar los pagos que le adeudaban los chorizos de los editores, no sólo por su trabajo como escritor, sino también por su trabajo como corrector del trabajo de otros. 
¡Corrector del trabajo de otros! ¡Lovecraft!
Lo dicho: una pena. 
Dan ganas de tatuarse en la punta del pene la frase "No seas caballero", para recordar por qué me dedico a esto de golpear teclas cada vez que vaya a mear. 
Houellebecq traza un dibujo de Lovecraft que no se queda en boceto y entra en algunas de las claves de su aportación a la literatura de terror del cual quien esto escribe ha deducido que no se puede hablar del terror sin mirar al abismo. 
Lovecraft miró a muchos abismos en su vida, y casi sin salir de su casa, porque el abismo más negro lo llevaba en su interior. 
Un trabajo esencial que además sirve como estímulo para ponerse a devorar los mundos lovecraftianos como posesos. 
 

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