viernes, 1 de noviembre de 2013

DÍA DE DIFUNTOS: MI VELA PARA RECORDAR A MIS MUERTOS

Vale que los profes de primaria aprovechen para fumarse unas clases vistiendo a los niños de micos terroríficos. 
Vale que en España tengamos gran habilidad para importar fiestas ajenas y exportar gilipollas porque de éstos últimos tenemos muchos. 
Vale que si tuviera un hijo o hija pequeños, el primer gilipollas dispuesto a disfrazarse y hacer el chorras con el chaval o la chavala sería yo, y tan contento, porque esa es una de las glorias y goces de ser padre: disfrutar de las chifladuras y disparates de tus hijos. 
Pero, como digo casi cada año en estas fechas: hoy no es Halloweeen, hoy es el día en el que cada cual honra a sus difuntos. Al menos los adultos debemos retener esa información en nuestras cabecitas locas. 
Porque si unos celebran Halloween y luego en Alcalá celebran Hollyween cambiando monstruos por angelitos, puedo llegar yo y ponerme a celebrar a todas las putas que se tiró Don Juan Tenorio y ya la tenemos liada. 
No, señores, no.
Hoy honrramos a los caídos en esta guerra de la vida. Hoy recordamos a nuestros muertos. 
Y de todos los disparates que he visto hoy en los informativos de televisión sobre este asunto, me quedo con la imagen de un tipo en Filipinas que se ha acercado a dejar un sándwich y otra comida a la tumba de su hermano muerto. 
Si los quisimos, a nuestros muertos los recordamos cada día y no nos hace falta ponerles una vela, ni llevarles comida, ni nada parecido. 
Pero el tipo que ha dejado el sándwich en la tumba de su hermano me ha llegado al alma. 
Como la vela que he visto luciendo junto a los fogones de la cocina de mi madre. 
Una vela por mis abuelos, abuelas, mi tía Emma, mis tíos...
Gente esencial que ya no está con nosotros y a la que le debemos el ser como somos. 
Algunos de ellos, como mi abuelo Pepe o mi tío Felipe, siguen enseñándome cosas muchos años después de haber muerto. 
Cuestión de recordar cómo eran y cómo actuaban. 
Gente que nos enseñó a vivir y que ahora ya están muertos. 
Nuestros difuntos.
Esta es mi vela para recordarles. 
Sin lagrimeo gratuito. Al contrario. Con alegría y con orgullo por haber tenido la suerte de contar con ellos. 
Y un consejo al que todavía no haya perdido a sus mayores: disfrutad de ellos. Luego siempre los estaréis echando de menos, así que lo que os queda con ellos es un regalo, incluso en los peores momentos de discrepancia, enfermedad o cabreo. 
Más importante aún que recordar a los muertos es disfrutar de los vivos. 
Otra cualquier conducta a este respecto es pura gilipollez. 


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