martes, 27 de agosto de 2013

UNA MUJER ENDEMONIADA, de JIM THOMPSON


Uno de los objetivos que me marqué cuando empecé las vacaciones fue meterle unas horillas a leer o releer las novelas de Jim Thompson, que es sin duda uno de los grandes de la novela policíaca, y además, como en su momento hiciera Philip K. Dick con sus obras de ciencia ficción, llevó a la novela negra más allá de sus fronteras naturales para convertirla en literatura con mayúsculas y de paso en una experiencia inolvidable para el lector. 
Empecé mi recorrido por su obra sin orden ni concierto, entregándome a la casualidad, por el procedimiento de pillar la primera novela que me saltara a las manos. 
Y la primera que me saltó fue Una mujer endemoniada, que se publicó en 1954 y a la que otro grande de las teclas, Barry Gifford, señala como la mejor de las novelas de Jim Thompson. 
No estoy muy de acuerdo con esa apreciación, pero Una mujer endemoniada sigue siendo uno de los mejores paseos por el abismo de la mano de este escritor. 
Un vendedor de chismes inútiles puerta a puerta tropieza con lo que cree es la oportunidad de cambiar su vida y de encontrar aquello que está buscando cuando acude a la casa de una anciana que mantiene encerrada a su sobrina. 
Y a partir de ahí comienza una intriga, presidida, como todas las obras de Thompson, por ese monólogo del personaje protagonista que directamente habla con el lector contándole su historia y haciendo reflexiones que forzosamente le convierten en un siniestro pero lúcido compañero de viaje por la vida cotidiana de los condenados. 
"Y te encuentras haciendo lo mismo que todos los demás. Como el que corta el pelo a los perros o el que recoge mierda de caballo y odias tu trabajo y te odias a ti mismo. 
Y sigues esperando". 
Este tipo de frases acaban por calar en el lector hasta convertirse en una especie de eco en voz alta de los pensamientos de los monólogos de los antihéroes de Thompson, que siempre están buscando algo y cuya pregunta esencial para seguir viviendo otro día más es siempre la misma: ¿Qué estoy buscando?
En esta búsqueda la violencia brutal puede estallar en cualquier momento. Brutal y creíble, lo cual convierte la lectura de estas miradas al abismo en algo mucho más inquietante.
Arrastré el cuerpo fuera de la casa. Lo subí a uno de los vagones cargados de carbón y, a continuación, subí. Hice un agujero en el carbón y metí allí el cuerpo y luego lo enterré con mis propias manos”.
Y siempre, junto a los personajes maltratados y maltratadores, los otros, esos compañeros de viaje aparentemente secundarios, esos otros personajes más inquietantes que eligen trepar por las ramas del sistema buscando su sitio de poder y gloria en el seno del mismo a costa de todos los que le rodean. Personajes integrados en el sistema. Gente de orden, como Staples, el jefe del protagonista, ciudadano aparentemente ejemplar pero en el fondo manipulador y mucho más podrido que el propio asesino en su calidad como chantajista.
Solo. El tipo decía que parecía solo, y yo tenía todo tipo de acompañantes. Todos muertos. Todos saltando allí delante de mí en cuanto levantaba la vista. Todos riéndose y llorando y cantando en mi mente”.
Las novelas de Jim Thompson producen la sensación de estar viviendo un sueño febril, la misma sensación que producen películas como El delator o El fugitivo, de John Ford. Jim Thompson no escribe sobre el asesinato, sino sobre el estado de enajenación mental que vive al asesino.
Todos muertos. Y todo para nada. Todo por una chica que había acabado corrompida. Y se corrompió todavía más en el curso de su podrida vida”.
A esta temible conclusión llega Fred Jones, o Frank Dillon, mientras escribe su autobiografía, que aporta un sorprendente final a todo el relato: Hacia arriba y hacia adelante, la auténtica historia de la lucha de un hombre contra fuerzas superiores y mujeres de baja estofa…

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