sábado, 13 de julio de 2013

EL EMBAJADOR y LOS DIENTES DE URSUN, de Graham McNeill: ¿PERO QUÉ COÑO HACE ESTO EN EL UNIVERSO WARHAMMER?

A ver, que alguien me lo explique: ¿qué carajo hace un embajador militarote llorando como una perra por su churri en el universo Warhammer? 
¿Qué será lo siguiente? ¿Poner a los enanos a cantar como Peter Jackson en El Hobbit?
Un poco de decencia, por favor. Y coherencia con los seguidores de Warhammer. 
¡Un embajador del Imperio dejándose mangonear por una colipoterra del Caos!
¿Dónde se ha visto eso?
Es una pena porque debo decir que después de leerme un montón de novelas del universo Warhammer y Warhammer 40.000, incluyendo unas cuantas escritas por el mismo autor, Graham McNeill, esta es la primera vez que me he tropezado con los estigmas del bestseller más baratillos y habituales, los rolletes sentimentales metidos a capón y en plan postalilla romántica, las lloreras y las babillas. 
En suma, lo deleznable. 
Y es una pena porque, de partida, el asunto prometía más. 
 
La primera novela, El embajador, es la historia de la llegada de un representante del Emperador Karl Franz a la ciudad de Kislev, para representar los intereses del Imperio ante el trono de la zarina bruja kislevita en un momento en que las hordas del Caos amenazan la ciudad. Añadan a la fórmula un asesino en serie que opera dentro de la ciudad de Kislev, a la que no dejan de llegar refugiados, y un mafioso que trapichea desde su burdel con todo lo que se compra y se vende en esta epecie de equivalente de Moscú en el universo Warhammer. 
La novela tine varias cosas interesantes, pero fracasa en sus personajes y sus conflictos. Lástima. 
La segunda entrega, Los dientes de Ursun, es algo más interesante. De hecho, lo más inteligente es leer las dos seguidas, porque es una continuación directa de la primera. 
Pero de repente el protagonista se pone a lloriquear como un triste varón domado por la mujer fatal de turno. 
Y eso no encaja ni en el personaje, ni en la situación, ni en el universo Warhammer. 
Eso sí, la batalla de unas 50 páginas al final del relato, merece echarle una lectura. 
Con todo: de lo más flojo que he leído en las novelas de Warhammer. 

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