domingo, 12 de mayo de 2013

ALFREDO LANDA, CONSTANTINO ROMERO… LLORANDO POR LA LECHE DERRAMADA

Me despierto tarde y me tropiezo en internet con la noticia del fallecimiento de Constantino Romero apenas un día y pico después de la muerte de Alfredo Landa. Y como es lógico las redes sociales echan chispas hablando del asunto, entonando elogiosos réquiem por el finado y recordando sus frases míticas. En el caso de Constantino yo diría que hay dos que ganan por goleada: “Anda, alégrame el día”, de Harry el Sucio, que era menos Harry y menos sucio con la voz de pito de Clint Eastwood que con las forjadas cuerdas vocales del actor español, y “Yo soy tu padre”, de Darth Vader, aunque el "Volveré" de Schwarzenegger-Terminator también tenía su aquel, como el “Me llamo Bond” de la etapa Roger Moore… En el caso de Landa personalmente me quedo con el “Bareta, devuélveme el mechero o te quemo los huevos” que soltaba en ese principio tan de Harry el Sucio en plan castizo interpretando al detective Germán Areta, alias el Piojo, en El Crack de José Luis Garci, o con el “Que le den por saco a la vaca” que le escupía a Pepe Sacristán, su compañero de fatigas en sus tiempos mozos más denostados por la crítica, aquellos tiempos que algunos etiquetaron como "comedia de calzoncillos blancos", en uno de los muchos momentos inolvidables de la mejor película sobre la Guerra Civil que recuerdo, La vaquilla, de Luis García Berlanga.

            Es lógico. Es comprensible. Es incluso honesto que los aficionados que han disfrutado tanto tiempo de estos artistas les rindan homenaje espontáneamente. Y por otro lado también es cierto que es momento de recordar cómo en otras épocas o en otro contexto se habló peyorativamente y con mala leche del “landismo”, o se atacó el doblaje en el cine como elemento corruptor de almas cinéfilas inocentes, presas de una perfidia dobladora que las privaba de la inmaculada voz original de las gandes estrellas "made in USA".

            Son dos posturas distintas, y aunque entre los “homenajeadores” habrá algún cambiacapas que haya cambiado de chaqueta tirando de fondo de armario para quedar bien de manera oportunista y pillar la ola de la popularidad de los finados cual surfero vampiro de la fama ajena, yo me inclino por pensar que la mayoría simplemente reconoce el mérito de los artistas honestamente, sin dobleces, sin acomodarse al momento para arrancar su segundito de gloria prestada en las redes sociales a la sombra de los muertos.

            Resumiendo: elijo creer más en la honestidad del homenaje espontáneo que en el calculado homenaje del periodismo profesional, donde escribimos a tanto por palabra y no es infrecuente que el plumilla tecleador se acomode a las circunstancias para completar la pieza y pasar su minuta. Me molesta más el crítico que aplicó zurriagazos al “landismo” y ahora se baja las bragas o los calzoncillos glosando la brillante carrera del finado, o el que echa pestes del doblaje y luego ensalza las cuerdas vocales ya difuntas de la alargada sombra oral de Clint Eastwood, Darth Vader o Terminator en castellano.

            Personalmente no creo en los homenajes indiscriminados, sino en los sinceros, en los selectivos. No creo que todo muerto merezca homenaje simplemente por haberse muerto. Pero estos dos que han fallecido en la última semana me hicieron pasar muy buenos ratos en el cine. Ver a Landa como Germán Areta fue una gozada, porque demostraba algo que siempre me ha gustado: que se puede jugar contra pronóstico y que las apariencias engañan. Me pasaba lo mismo con Constantino, un tipo que conseguía hacer mucho más duro a Clint Eastwood en los años setenta.

Pero también pienso que a la gente hay que reconocerle el mérito cuando están vivos, no cuando se van a dar de comer a los gusanos.

Por eso digo lo que siempre he dicho: que Clint le debe mucho a Constantino, como Bruce Willis y otros le deben mucho a Ramón Langa. Al menos en castellano. Y que el doblaje en España es de los mejores que hay en el mundo. No porque se haya muerto Constantino, sino porque los actores de doblaje españoles son cojonudos, a pesar de lo que pasó con El resplandor de Kubrick…

Y que el “landismo” era simple, pero  te echabas unas risas… aunque luego metieran esos mensajes subliminales tan simplones y además se empeñaran en añadir interludios morales dramáticos que no pegaban ni con cola con el tono gamberro del resto de la propuesta, fundamentalmente asentadas en un celtíbero audaz persiguiendo suecas y españolas de buen ver y mejor catar. 

Que la gente va al cine a divertirse, no a aprender idiomas o cobrar conciencia política o social.

Y por eso creo en la honestidad de los homenajes espontáneos de los aficionados.

Y creo que hay que homenajear a la gente cuando está viva.

Y creo que los plumillas tecleadores como un servidor que cobramos por nuestro trabajo deberíamos ser más ponderados tanto en la crítica en vida como en el homenaje en la muerte, porque nosotros sí tenemos la responsabilidad de medir nuestras palabras con la regla de la objetividad y la sinceridad.

La gente muere. Es un hecho. Ocurre continuamente.

Mi consejo es que les rindamos respeto y homenaje cuando están vivos.

Luego ya es siempre demasiado tarde.

No vale llorar por la leche derramada o porque se nos olvidó el aceite de las lámparas, como las cinco necias del evangelio según San Mateo, porque la verdad es que no sabemos ni el día ni la hora.

El asunto acojona, ¿eh? Pues nada, a buscar aceite para las lámparas…
Y conste que ante todo lo anterior asumo, como no puede ser de otro modo, que el primero que tiene que aplicarse el cuento soy yo, como aficionado al cine y como tecleador profesional, aunque en este blog teclee porque me gusta y sin pagarme un duro. 
 

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