jueves, 28 de marzo de 2013

NICK FURIA, SEGÚN GARTH ENNIS


             Que Garth Ennis es uno de los mejores guionistas de la historia del cómic no es ya a estas alturas ningún secreto. Que puede abordar cualquier personaje, por maltratado que haya sido en los planos de la editorial de turno e infundirle nueva vida con su talento y su capacidad para buscarle las vueltas y redescubrir el potencial que otros no advirtieron tampoco, especialmente después del excelente trabajo que hizo con Punisher. Que el cine debería sacar provecho a este gran narrador porque sin duda sus cómics suelen ser mejores que muchas películas que nos estamos tragando últimamente, también está sobradamente demostrado. 
 Pero lo que  aporta a todas estas características de eficacia probada su trabajo con el personaje del Coronel Furia es mostrar su capacidad para salir de un huerto muy complejo y tratar temas espinosos con solvencia y gran rigor histórico en el abordaje de los mismos.

            Hoy quiero reseñar dos tomos editados en España en la misma colección que acogió el trabajo de Ennis con el personaje de Punisher, Max, de Editorial Panini. 
 

            El primero es un paseo por los últimos compases de la participación de Nick Furia en la Segunda Guerra Mundial y sirve como prólogo al gran trabajo que Ennis piensa aplicar al personaje. Titulado Furia, Pacificador es una historia con cierto significado nostálgico para quienes pasamos la juventud leyendo los cómics del Sargento Furia y sus comandos aulladores. Pero pasado por el tamiz de madurez y solvencia narrativa que Ennis siempre le aplica a sus guiones. 
 
Quiero decir que es el mismo personaje, es la misma guerra, pero revestida con el tono cínico y realista que Ennis aplica a sus historias para elevarlas por encima de la producción media de cómics de nuestros días. Es además interesante como primer test de tanteo e Ennis con el personaje con el que va a trabajar. Es un buen prólogo para lo que viene después. Y además puede incorporarse a la producción del guionista sobre historias centradas en torno a la Segunda Guerra Mundial. 
 
Esencialmente es una necesaria visita al pasado más remoto de Nick Furia. Naturalmente hablamos del verdadero Nick Furia, no de la versión descafeinada y políticamente correcta interpretada en el cine por Samuel L. Jackson, que cumple bien ante las cámaras, pero es tan Nick Furia como en su momento fue Shaft… No cuela.

Para que se hagan una idea, si quieren ver al mejor Nick Furia del cine recuerden la aparición de Charlton Heston en Mentiras arriesgadas de James Cameron, y su célebre diálogo: “Eso no me la pone dura”. Un homenaje en toda regla del director al personaje de los cómics de la Marvel por la vía del guiño. 
 

Aclarado ese lamentable asunto, paso al segundo tomo que quería comentar, Furia. Mis guerras perdidas, el número 1 de una colección que se promete realmente jugosa y que recomiendo claramente seguir a los aficionados a los buenos cómics, a las buenas historias, porque es Ennis cien por cien, en su apogeo, mostrando toda su pericia para construir personajes masculinos y femeninos, sacarle el máximo partido a los tópicos jugando con sus principales claves para convertirlos en justo lo contrario que suelen ser a base de sarcasmo y cinismo.

La primera frase de diálogo del protagonista es toda una declaración de principios de por dónde van a ir los tiros. Furia confesándose a una grabadora, como Walter Neff (Fred MacMurray) en Perdición (Double Indemnity) de Billy Wilder: “Me llamo Nick Furia. Tengo una bala en la cabeza desde 1944. Parece que no muero. Ni siquiera envejezco mucho. Peleo y follo como un puto demonio. Me trago la guerra como si fuese azúcar. Estas son las cosas que he hecho por mi país…”

¿Entienden ahora mi comentario sobre el Furia políticamente correcto de Samuel L. Jackson? Pues eso.

Ese primer tomo de Furia. Mis guerras perdidas cuenta con dibujos de Goran Parlov, cuyos trazos en mi opinión se ajustan mucho mejor al estilo desgarrado de contar del guionista que Darick Robertson en el tomo Furia. Pacificador, aunque no es menos cierto que para narrar la etapa “épica” y de “triunfo” del personaje en la Segunda Guerra Mundial los lápices de Robertson pueden ser más adecuados que para abordar esta otra etapa de entrada en el mundo de las guerras secretas, sucias y siniestras de Furia como testaferro del Imperio Americano salido de aquel conflicto. Dicho sea de paso, Robertson propone un Furia tomando como referencia a Clint Eastwood.
Volviendo al guión de Furia. Mis guerras perdidas, basta reparar en el personaje femenino de la trama, excepcionalmente bien construido con apenas un puñado de viñetas, o en el senador Pug McCuskey, al que Ennis infunde una personalidad como representante de las tramas de conspiración ciertamente ejemplar, para entender por qué Ennis es en mi opinión el mejor guionista de cómic que está ahora mismo en activo… Añadan a eso el conocimiento que muestra incluso de los menores detalles que atañen a los paisajes históricos por los que se pasea, como muestra la conversación de Furia con el oficial francés sobre las armas de que disponen los galos en su campaña de Indochina, o el afinado análisis de los motivos de la derrotas francesa en esa guerra que sería el penúltimo acto del imperio colonial francés antes de Argelia y sirvió también como prólogo a la intervención norteamericana en Vietnam, expuesto en el escueto informe de Furia a McCuskey: “Es el mismo problema que tenían en 1940: buenos soldados, buenos oficiales a los que malos jefes les piden hacer lo imposible (…) Las autoridades militares están fuera de onda. Se creen que esta es una antigua guerra colonial, pero esos días ya pasaron. Están haciendo lo más estúpido que se puede hacer, que es no tomarse en serio al enemigo”. 
 
No me digan que ese diálogo no tiene cierta cualidad de anticipación de lo que iba a ocurrirles a los propios estadounidenses posteriormente en Vietnam. O en cualquier otra guerra, si pensamos incluso en la de Irak. Y no me digan que, sacado del contexto puramente geopolítico que plantea esta trama, no vale esa misma conclusión para muchas de las malas decisiones que se están tomando en esta crisis económica que nos está mordiendo el culo, si cambiamos el escenario bélico por el de las empresas y los gobiernos encargados de gestionar los fondos públicos…

Volviendo al cómic que nos ocupa, decir finalmente que Furia se pasea en el mismo por los últimos días de lo que fuera la Indochina “francesa” y luego salta a la Cuba de Bahía de Cochinos y Fidel Castro. Y todo eso sin caer en patriotismos gratuitos ni tesis conservadoras o progresistas. Simplemente poniendo a Furia de testigo y partícipe en unos acontecimientos históricos con una pericia para contar y un talento que en mi opinón está muy por encima de lo que ha hecho Brian Azzarello, otro buen guionista, si bien en ese caso no muy acertado, en un trabajo similar con el personaje del Comediante en la colección Antes de Watchmen.

Resumiendo: si van a invertir en cómic de calidad, no se lo piensen, paguen los 12 euros que cuesta este primer tomo y vayan pensando en seguir una colección de historias que se presenta ciertamente interesante.

Y a ver cuándo el cine tiene los huevos de llevar algo así a la pantalla.

Pero no con Samuel L. Jackson. 
 

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