viernes, 29 de marzo de 2013

FURIA, de Garth Ennis y Darrick Robertson: ¡AJEDREZ CON SANGRE!



¡Ajedrez con sangre!

Eso es lo que le ofrece como alternativa al ocaso profesional el ex-agente soviético Rudi Gagarin a un Nick Furia machacado por el paso del tiempo en Furia, una saga escrita por Garth Ennis con dibujos de Darrick Robertson que acabé releyendo ayer después de engancharme al tema con los cómics que reseñé ayer en este mismo blog, Furia. Pacificador y el primer número de Furia. Mis guerras perdidas
 
Ya lo había leído pero me apetecía comprobar cómo fue aquel encuentro de Ennis con Furia, a la vista de su posterior trabajo con este mismo personaje, y me sorprendió por ese marcado tono crepuscular y un punto derrotista que imprime a la historia Ennis, que en aquel momento tenía todavía relativamente reciente el trabajo en Predicador, una biblia del cómic de acción, disparate y estallidos gore que siembra ecos en esta otra saga de Furia a través de personajes como el sobrino del protagonista, Wendell, y el mercenario Cara Jodida. 
 

Un Furia crepuscular y nostálgico de la Guerra Fría al que Garth Ennis le hace la autopsia como personaje icónico de una manera de ver el mundo en clave imperialista norteamericana desde la ficción de las viñetas es el tema más interesante de este cómic, en el que el guionista colabora además con el dibujante Derrick Robertson, con el que volverá a encontrarse frente a este mismo personaje en Furia. Pacificador
 
Y es curioso descubrir las constantes tanto en el guión como en el dibujo de este dúo creativo. Por ejemplo en Robertson se mantiene la idea de pedirle prestado el rostro a Clint Eastwood para dibujar a Furia.
 
El referente cinematográfico se extiende al colega de Furia, “Dum Dum” Dugan, que aparece dibujado con el rostro de Gene Hackman. 
 

Pero, insisto, lo más curioso es el trabajo de guión de Ennis con un personaje icónico al que, siguiéndole la pista a las película de ocaso de Sam Peckimpah, le construye una imagen de vejez y marginación profesional en un mundo donde han dejado de necesitarse sus servicios como héroe de guerra o director de SHIELD. 
 
Esa imagen del ocaso de Furia hay que relacionarla además con los acontecimientos que marcaron el año de publicación del cómic en Estados Unidos, 2002, y con todo lo que ocurrió después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. 
 
De hecho en el diálogo incluso se incorpora un chiste sobre las torpeza del presidente George Bush e incluso el ataque contra Irak, lo que convierte este cómic, como todos los escritos por Ennis siempre muy pegado a la actualidad y las peripecias geopolíticas de cada momento, en una sátira perfecta de un momento histórico del que se hace eco y al mismo tiempo ejerce como espejo desde la ficción más disparatadas, confirmando a Ennis como uno de los narradores más importantes de la actualidad, no sólo en el cómic, sino en general en la ficción del arranque del presente siglo. 
 

De manera que ojo a esa doble lectura del argumento de Furia que nos plantea Ennis, desde una clave de análisis y autopsia del desmoronamiento del sueño imperialista norteamericano, visto por un ciudadano de Irlanda del Norte. 
Es al cómic lo que en su momento fuera al cine el análisis punzante de los grandes momentos e iconos modernos de los Estados Unidos en manos de Oliver Stone, salvo que Ennis no se muerde tanto la lengua ni está tan condicionado por una necesidad de rescatar los restos del naufragio, sino simplemente los observa con un cinismo notable que hace más grandes y divertidas sus reflexiones sobre el asunto de lo que nunca lo fueron las películas de autocastigo y flagelación un punto sadomasoquista de Stone. 

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