viernes, 15 de marzo de 2013

BLACK MIRROR: CIENCIA FICCIÓN PARA IMPRESIONAR A GENTE QUE NO HA LEÍDO MUCHA CIENCIA FICCIÓN

 
Antes de nada, pido disculpas por la ausencia de tecleo en el blog esta semana y pico, pero es que he tenido la agenda más liada que la pata de un romano y apenas he encontrado tiempo para comer, dormir y jugar a engañarme a mí mismo pensando que tengo vida. 
Si me estuviera forrando, perfecto. Pero como no es el caso, y merced a subidas de impuestos y subidas de todo lo demás, menos de los sueldos, que en mi caso incluso se ha reducido en alguna de mis múltiples ocupaciones, pues uno no llega a entender para qué carajo se da la palizas si al final cada día saca menos agua del pozo. 
Y el pozo, tanto el de la paciencia como el del talento y las ilusiones, lo tengo ya más seco que la vagina de la momia de la madre de Tutankhamon
No sé si me explico. 
Planteadas las disculpas y prometiendo permanecer más atento a ir renovando los post del blog con más frecuencia, retomo esta actividad algo indignado y no poco mosqueado con alguno de mis consejeros habituales en esto de series y demás material audiovisual. 
 
Vamos a ver: conozco a un montón de personas que me haan asegurado que Black Mirror era la leche en bote. Sublime. Acojonante. Muy buena. De pelotas... Estos y otros apelativos superlativos han llegado a mis orejas relacionados con esta serie, y ahora me arrepiento de no haberlos apuntado, para coleccionarlos, porque finalmente he terminado los tres primeros capitulos de la serie y he llegado a una conclusión: está curiosa, pero es ciencia ficción para flipar a la gente que no ha leído mucha ciencia ficción. 
Con todos mis respetos -que es lo que suele decirse cuando le vas a llevar la contraria a gente a la que no quieres tocarle mucho los huevos, aunque ya sabes que se los vas a tocar igualmente-, Black Mirror no me parece nada del otro mundo. 
 
El capítulo del cerdito, vale, tiene su cosa, pero tampoco es tan imrpresionante. Y obviamente le faltan pelotas. Es como un chiste picaruelo contado en el recreo en voz baja. Y cae en el buenrrollismo cuando de repente el personal que jaleaba la emisión al principio luego de repente es mostrado con rostros compungidos, así como empatizando con la víctima de la cerdada. 
Es que, la verdad, tal como está el mundo, la fiesta no me parece para tantos fuegos artificiales. 
En cuanto al segundo capítulo, no es por llevar la contraria, pero imagino que les produce más impresión a las víctimas de una generación capaz de descargarse aplicaciones al móvil hasta para rascarse los cojones. Yo lo entiendo. Y les acompaño en el sentimiento a todos. Pero personalmente me la trae floja porque mi móvil es primo hermano del que usaba Pedro Picapiedra en las cavernas, paso de las aplicaciones y mi relación con la tecnología es, digamos, conflictiva. Vamos que en general no soy un tecnoadicto. Y mira que mi trabajo me pone la zancadilla continuamente para que lo sea, pero todavía consigo mantener las distancias. 
 
Por otra parte, si juzgamos ese segundo capítulo por su desarrollo, es demasiado largo, le falta ritmo, se puede contar lo mismo en menos tiempo y además eso de introducir intertítulos con "Final de la primera parte".... "Segunda parte"... es pedante
En cuanto al contenido argumental, como los programas de talentos me son tan ajenos como las aplicaciones para los móviles, y en lo demás se han limitado a tomar prestadas las mejores aportaciones de dos novelas esenciales de la literatura de ciencia ficción, 1984, de George Orwell y Un mundo feliz, de Aldoux Huxley... entre otras.  
Una distopía de andar por casa, sencillita, sin complicaciones. 
Vamos que a cualquiera que se haya leído las pesadillas psicóticas acumuladas en la obra de Philip K. Dick no creo que les impresione mucho o les pille de sorpresa. 
Eso sí, el actor protagonista muy bueno. 
Punto. 
Y nuevo repliegue al llegar el momento de la verdad, en esta ocasión con las supuestas películas porno.   
Lo dicho, ciencia ficción para impresionar a gente que no ha leído mucha ciencia ficción.    
En cuanto al tercer capítulo, se le puede aplicar lo mismo: está curioso, pero no es nada realmente sorprendente, o por lo menos no tan soprendente como me lo habían vendido. Y además le falta el tercer acto. 
Lo que no le falta es la pedantería del intertíulo de "Fin de la primera parte".... "Segunda parte"... 
Así que, por hablar más claro, los tres primeros capítulos de Black Mirror no están mal, tienen su calidad, pero están lejos de ser tan buenos y sorprendentes como me los habían vendido.
Igual es que ya me estoy volviendo muy cínico y cada vez es más difícil que me impresione o sorprenda algo, pero los he visto incluso blanditos, cobardones a la hora de meterse de verdad en el argumento que proponen. 
Creo que son una denuncia de temas interesantes, pero en clave ligera, sin querer hacer sangre, como si tiraran la piedra pero escondieran la mano para que no les pillen, eso de: denuncia pero con moderación. 
Una especie de crítica domesticada, elegante y bien vestida, pero domesticada al fin y al cabo, sin rabia, sin ira, con moderación. 
Es como la frase esa que se lee en los anuncios de cerveza: se aconseja el consumo responsable, que suena a coña marinera. 
O como lo de Doña Inés en el chiste aquel: "¡Ay! Don Juan, Don Juan, la puntita nada más, que soy doncella..."
Vamos que hay roce, pero no hay penetración a fondo en el asunto. 
Domesticado todo. 
Y previsible.
Sin nervio. 
Demasiado civilizado para cumplir su objetivo de mover el árbol, a ver si caen bellotas. 
Curiosa, bien planificada, con buen estilo visual... pero narrativamente inofensiva
  
  
       
  

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