sábado, 16 de febrero de 2013

CABO BLANCO, de J.Lee Thompson: ¿QUÉ COÑO ES ESTO? ¡Y QUÉ GRANDE ERA FERNANDO REY!

Ayer tenía algo menos de hora y media perdida a la espera de acontecimientos y me dije: ¡échale huevos! ¡Métete por las córneas alguna mierda de la que puedas abominar en el blog ese que tienes!

            Y lo hice: ¡me metí Cabo Blanco!

            Con un par.

            Hay que tener valor, porque ya la había visto en cine de estreno cuando la lanzaron contra la cartelera como un arma de destrucción masiva. Concretamente fue en el Palacio de la Prensa.

            Imaginen cómo me liaron en aquellos momentos: Charles Bronson apuntando al personal con una pipa y cara de pocos amigos desde el cartel. Jason Robards, al que le tenía mucho respeto después de verle en La balada de Cable Hogue de Peckimpah y en Hasta que llegó su hora de Sergio Leone, y que además había interpretado al gran Dashiell Hammett en Julia, de Fred Zinnemann y al jefe de los periodistas de Todos los hombres del presidente. Una institución. Añadan a eso a Fernando Rey, auténtico icono del cine español. Y el director de La India en llamas, El cabo del terror, Los cañones de Navarone…

            La fórmula prometía. Además estaba Dominique Sanda.

            ¿Qué fricazo del cine sería capaz de resistirse?

            Yo no. Pagué la entrada, la vi, pillé que era una especie de homenaje a Casablanca y me acordé de la madre que la parió porque me dejó  a medio pistón en todo. Abismo, de Peter Yates, que más o menos se le parecía argumentalmente, le daba cuarenta vueltas.       

Esta otra nació antigua por decisión propia, no por situar la acción a finales de los 40 y poner a un nazi fugado de opereta como el malo de la película, que también ya les vale, sino porque todo eran posturillas, planos y diálogos con poca fuerza, algo así como un coitus interruptus en toda regla, un gatillazo de ochenta minutos y pico que ni siquiera era capaz de estar a la altura de un solo diálogo de los que adornaban Casablanca. Y lo mismo se podía aplicar a las situaciones, el argumento, la intriga…

            Me dio la impresión en el cine y ayer al volver a verla en el dvd, que esa película nació cansada, que salió adelante como a trompicones, con poca garra, acumulando situaciones y personajes tópicos pero sin la gracia de otras de Bronson. De hecho, creo que no aprovecharon a Bronson en absoluto, empeñados en ponerle en plan Bogart moderno, algo que no le cuadraba en absoluto.

            Total, que un fiasco adornado con uno de los finales más absurdos que puede imaginarse.

            Si tienes a Bronson en aquel momento, ponle a repartir leña, leches, a decir sus chascarrillos. Esto es como fichar a Chuck Norris para que te recite a Shakespeare, no es lo suyo.

            Pero, en medio de toda la debacle me llamó la atención algo: Fernando Rey paseándose por todo este absurdo y fallido enredo como su apellido indica. Absolutamente regio y digno, brillante, ejemplar ejercicio de supervivencia entre las ruinas de un argumento y un personaje comido por la desidia y los tópicos. Un pedazo de actor en un ejercicio notable de supervivencia y talento contra viento y marea. 
 

            La película era una mierda. Bronson y Robards estaban totalmente desaprovechados.

            Pero Fernando Rey no. A él no le hacía falta nada. Reinaba igualmente.

            Señores estudiantes de interpretación, si quieren aprender dignidad contra todos los pronósticos, toneladas de talento ganando la batalla contra los elementos, vean a Fernando Rey en Cabo Blanco.

            Impresionante. 

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