martes, 29 de enero de 2013

TIBURONES, de Angelo Mojetta


Vale, pues sí, evidentemente soy un aficionado a los tiburones, así que he dedicado el pasado fin de semana a darle un repaso al mejor libro para meterse de lleno en el mundo de estos peces cuyos dientes eran considerados en la antigüedad rayos petrificados o lenguas de dragones, cuya existencia en este planeta se remonta a 150 millones de años, y cuyo organismo, ecología, costumbres, etcétera es garantía de una sorpresa constante que este libro desvela a base de numerosas ilustraciones y explicando muy claro el asunto.

Tiburones, de Angelo Mojetta, es un complejo viaje al mundo de estas sorprendentes criaturas que son en sí mismas una pieza esencial para explicar el mar y sus características, de manera que como especie depredadora están conectadas con otros muchos habitantes de mares y ríos, al estar presentes, a través de una u otra de sus variantes, en todos los mares del mundo. 
 

Tan repleto de curiosidades como los propios tiburones, el libro de Mojetta comienza dando un repaso a la evolución de estos peces y el lugar que ocupan en los distintos periodos geológicos para continuar repasando la anatomía del tiburón, empezando por las aletas y continuando con la piel, los dientes y la sorprendente colección de órganos sensoriales que poseen, antes de meterse de lleno en su reproducción, hábitos de caza, etcétera, para terminar con un repaso a la principales familias a través de su representantes y características más destacadas. 
 

Es imposible no quedarse atrapado en esa colección de datos que van desde el repaso al tapetum lucidum en el ojo del tiburón, que agudiza la vista en condiciones de baja intensidad lumínica, la membrana nictitante, con la que protegen el ojo en el momento del ataque, el órgano de línea lateral, una de las herramientas sensoriales más importantes de estos depredadores que actúa como un sonar natural, las ampollas de Lorenzini, órganos electroreceptores que además de facilitar la detección de las presas permiten también orientarse siguiendo la emisión de electricidad en las corrientes, las narinas que advierten de la presencia de otros tiburones mediante el olfato,  la válvula espinal, que evita que las partes no digeribles de las presas se desplacen por el intestino, siendo regurgitadas en lugar de eliminadas como heces, o los misterios que plantean todavía para los estudiosos del tema los rastrillos branquiales en el gigantesco tiburón peregrino, que parece perder esta herramienta esencial para su alimentación durante el invierno, planteándose la incógnita de cómo afrontan los meses más fríos del año y de qué forma se alimentan en los mismos, antes de que estos rastrillos reaparezcan en su anatomía para atrapar los pequeños organismos transportados en el agua que le sirven como alimento. 
 

Estas y otras peculiaridades de la anatomía de los tiburones convierten este libro en una suerte de cajas de sorpresas adictiva sobre una máquina de supervivencia perfecta, 350 especies  descubiertas (aunque se afirma que quedan muchas más po descubrir) que desfilan por las páginas pintando una especie de árbol de familia de los tiburones en la que lo mismo nos podemos tropezar con el inofensivo tiburón ballena, el pez de mayor tamaño que existe, como con el célebre (sobre todo después de la película de Steven Spielberg) tiburón blanco, que puede lanzar un mordisco en menos de un segundo, el agresivo Tiburón Tigre, el único jaquetón ovovivíparo, que además tiene los hábitos alimenticios más extraños, el Tiburón de Port Jackson, con sus curiosos dientes trituradores de moluscos, el Tiburón Martillo, el más reciente en la evolución que lleva aquí desde hace “tan solo” 25 millones de años y es el más gregario, capaz de desplazarse en grupo de hasta 100 individuos, la Pintarroja, que es el tiburón más vago, el Jaquetón Toro,  habitante de mares tanto como de ríos y calificado como ávido devorador de hombres, la Mielga, que no puede vivir en una temperatura superior a los 15 grados centígrados, o el más pequeño de todos, el Tiburón Enano, de sólo 25 centímetros.

Añadan a todo lo anterior un paseo por las curiosas costumbres reproductivas de los tiburones, vivíparos y ovíparos, la formación de sus curiosos huevos o cuestiones como la ovofagia que se produce en los Peces Zorro, donde el primer huevo fecundado se alimenta de sus propios hermanos, y tendrán uno de los paseos más interesantes que puede darse por el mundo de la naturaleza en uno de los libros más amenos que cabe echarse a las córneas.

Eso sí, después de leerlo resulta difícil permanecer ajeno a la caza indiscriminada y salvaje de estos peces que no han obtenido tanta simpatía del público como las ballenas hasta fecha muy reciente. De hecho, costumbres de caza de ballenas perseguidas por considerarse inhumanas se han seguido aplicando sin ningún pudor a la caza de tiburones, buscando las sustancias que pueden encontrarse en el tiburón, por ejemplo en el peregrino, cuyo hígado es perseguido no sólo para la creación de cosméticos sino también para sofisticados sistemas hidráulicos en aviones de gran altura.

La primera conferencia sobre tiburones y su preservación no tuvo lugar hasta 1997, y muchos expertos en el tema temen que se haya llegado demasiado tarde para impedir la extinción de algunas especies.

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