domingo, 27 de enero de 2013

TAMBORES APACHES, de Hugo Fregonese

Una de las más interesantes películas dirigidas por el argentino Hugo Fregonese en Hollywood, donde dejó una huella de imaginación, sorpresa e imprevisibilidad en los géneros que abordó realmente memorable. Intenten ver todas las películas que rodó para el cine norteamericano porque ciertamente merecen la pena y siempre le dan otra vuelta de tuerca al asunto que abordan.

 

En Tambores apaches trabajó a demás a las órdenes de uno de los productores más interesantes del Hollywood clásico, Val Lewton, maestro de las atmósferas tenebrosas e inquietantes y pieza esencial del cine de terror, y comprensiblemente este western es uno de los más terroríficos que recuerdo. 
  
Además el diálogo está salpicado de algunas frases de esas lapidarias y que no entienden de épocas, esto es, que valen para cualquier momento, lugar y condición. Por ejemplo la explicación del protagonista, un antihéroe poco habitual en el cine de la época, que intenta justificar por qué es un jugador y pistolero errante en lugar de dedicarse a “levantar el país” honradamente. Me ha recordado una charla que acabo de mantener en el twitter con mi compinche Sandra sobre el trabajo como regalo y no como obligación. Dice el buen hombre: “Hay quienes siembran, quienes trabajan por lo que quieren. Yo sólo recojo. Es mi obligación”. Vamos que el hombre es un precursor de los Greyjoy de Juego de Tronos, que llevan en el escudo el lema: “Nosotros no sembramos”. 

 

Eso en una película donde los héroes que salvan el día son los personajes tradicionalmente secundarios, el jugador egoísta, el explorador indio traidor a su raza, el mejicano que vende agua y leche…
 
Y donde en el momento del asedio final que ocupa el tercer acto del relato todas las miradas se fijan en esos tres ventanucos cerca del techo por los que van a entrar los indios dispuestos a degollar a los supervivientes.  
Un triángulo sentimental entre el jugador, la chica y el sheriff y una rebelión de 100 a 200 apaches mescaleros dirigidos por el temible Victorio, atacando un pueblo donde se dan las más bajas pasiones de celos y racismo (el propio cura es un racista)...
 
...sin defensas, y asediando una iglesia como auténticos monstruos del terror y el resultado es una película altamente recomendable, sin fisuras, con una planificación y uno uso de los planos generales, primeros planos, picados y contrapicados realmente notable y que imprime autoridad a Fregonese como autor por encima de cualquier fórmula genérica que le pueda plantear un estudio de producción americano.  
 

 
 
Y con un arranque que visualmente anticipa el tratamiento visual del comienzo de un clásico del género que también estaba poderosamente marcado por un aire de terror, sobre todo en su arranque, Centauros del desierto, de John Ford, con la cual Tambores apaches comparte un mismo tono de hibridación de géneros. 

 
Una muy recomendable película a la que le doy:

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