sábado, 26 de enero de 2013

LOS MUERTOS EXILIADOS, de Graham McNeill

Prosigue el recorrido de los novelistas del universo Warhammer 40.000 por el momento clave que define al mismo, la Herejía de Horus, esa guerra civil entre Horus Lupercal, el Señor de la Guerra, y su padre, el Emperador de Terra. Un conflicto fratricida que en esta novela está narrado desde el punto de vista de los astrópatas y los navegantes que se internan en la disformidad para dirigir las naves del imperio. La catástrofe de la nave Argos y el trauma que genera en sus dos supervivientes, la navegante Roxanne y el astrópata Kai Zulane, sirve a Graham McNeil para introducirnos en una trama cuyo pun to de vista se aparta del de los Adeptus Astartes, el más habitual en este tipo de historias, para explorar otras posibilidades narrativas. Eso da como resultado una de las mejores novelas del ciclo La Herejía de Horus, al mismo tiempo que completa con algunas piezas esenciales el puzzle de la disformidad y el complemento terrorífico de la mezcla de géneros que sirve como motor a las novelas de Warhammer 40.000, que hace ya mucho tiempo dejaron de ser simplemente un complemento de un juego y hoy se han convertido por derecho propio en una de las propuestas de narraciones de ciencia ficción más completas e intrigantes que puede encontrarse en las librerías, capaz de rivalizar, y las más de las veces superar, a cualquier otro universo de ficción fantacientífica en la literatura, el cine, el cómic o el mundo del videojuego.

Entre astrópatas y navegantes, McNeill desliza su historia dejando más claro que nunca que las novelas de Warhammer 40.000 han encontrado su propia personalidad literaria llegando mucho más allá del juego que las inspiró. Varias claves de sus temas están claramente expuestas en Los muertos exiliados, donde se nos sitúa cronológicamente en un momento en que la guerra civil entre los capítulos de marines rebeldes dirigidos por Horus Lupercal y los leales al Emperador ya ha estallado y la amenaza se acerca al trono de Terra. En ese ambiente un mensaje de anticipación sobre lo que ha de ocurrir, que dicho sea de paso hace del Emperador una especie de eco de martirio cristiano que anticipa su sacrificio con resignación, es encerrado en la mente turbulenta y aquejada por la culpa del astrópata Kai, uno de los dos supervivientes del ataque de las fuerzas de la disformidad contra la nave Argos, y todos los esfuerzos por revelar ese futuro torturando al protagonista de la historia parecen destinados al fracaso.

Esa trama de arranque permite a McNeill profundizar en la idea de la conquista del espacio por parte de la humanidad como una aventura maldita, un viaje al infierno del vacío espacial que acecha ahí fuera una vez que se abandona la plácida existencia en el planeta Tierra, Terra. El encuentro en el vacío del espacio con una nueva amenaza inmaterial, desconocida, la disformidad, el caos, los demonios de lo inmaterial, se produce cuando las expediciones humanas de conquista del espacio rasgan el ligero velo que separa todos esos terrores lovecraftianos de nuestra realidad. Los terrores cósmicos de las historias de H.P. Lovecraft se revelan así como la principal inspiración de la faceta más terrorífica y dantesca de las novelas de ciencia ficción de Warhammer 40.000, multiplicando por cien la amenaza de lo desconocido materializada en el Alien de Ridley Scott, igualmente emparentado con la fórmula lovecraftiana para narrar el miedo.

La Ciudad de la Visión es el primer escenario en el que empieza a desarrollarse esta trama que entre otras cosas incluye un momento de catástrofe con el ataque a las fuerzas de la disformidad que acompañan la manifestación del primarca Magnus para avisar al Emperador de cuál es la verdadera amenaza en la guerra que ya se ha desatado. “La población entera de Terra sufrió debido al orgullo desmedido de Magnus, pero en ningún sitio se padeció más la onda expansiva psíquica de su recuerdo que en la Ciudad de la Visión”.

Esa onda expansiva destroza las mentes unidas en el Coro Astropático y revela el futuro a Aniq Sarashina, Señora de la Scholastica Psykana: “Incluso desconectada de sus poderes principales, Sarashina notó cómo la abrasadora oleada de energía psíquica atrapada en la sala mental encontraba un modo de salir a través de las mentes de los astrópatas del Coro Primus. Quinientos de ellos murieron de forma inmediata cuando sus cerebros quedaron reducidos a cenizas ennegrecidas por la colosal descarga de energía mental”.

Pero si alguien está pensando que la novela se limita a navegar por las amenazas psíquicas que esconden la subtrama política de la guerra civil, que no se apure. Junto a esta componente más mística y lovecraftiana, la acción se incorpora a la trama en clave de relato de fuga carcelaria cuando la Hueste Cruzada, formada por marines espaciales pertenecientes a capítulos rebeldes que se han aliado con Horus y por tanto encarcelados en esa especie de Alcatraz futurista que es la isla flotante de Kangba Marwu, toman la decisión de montar un motín y huir. Son los Muertos Exiliados que dan título a la novela, miembros de los capítulos de los Hijos del Emperador, la Guardia de la Muerte, los Lobos Lunares de Horus (no confundir con los Lobos Espaciales, que se mantienen fieles al Emperador, faltaría más), y los Devoradores de Mundos. El variopinto y furioso grupo de renegados que forman la Hueste Cruzada será perseguido por dos personajes que introducen cierto aire de relato de samuráis japoneses, los cazadores Yasu Nagasena, cazador vidente de las Naves Negras, y su siervo, el paria Kartono, quienes acompañados por el Mayor General Maxim Golovko, comandante de la guardia de los astrópatas, los Centinelas Negros, y Saturnalia, guerrero de la Legio Custodes que vigila a los presos, inician una caza que llevará a todos los personajes hasta los dominios de un clan mafioso dirigido por el misterioso Babu Dhakal y su sicario, Gotha, dos gigantes cuya presencia abre el relato a un flashback de las guerras míticas anteriores a la fundación del Imperio de Terra.

Reuniendo todos estos elementos, McNeill consigue no sólo una nueva visión del universo de Warhammer 40.000, sino una de las más trepidantes aventuras del mismo que debería hacer enrojecer a George Lucas pensando en cómo han sido adaptadas las claves de su fórmula de Star Wars de manera mucho más interesante y completa de cómo él mismo las aplicó en la primera trilogía de su saga galáctica.

Un universo el de Warhammer 40.000 que contiene en algunos de sus fragmentos un aviso que puede servir como reflejo de hacia dónde se encamina nuestra propia sociedad: “Gregoras dio un grito cuando vio un oscuro mundo lleno de insectos vestido de negro y gris, trabajando sin cesar jamás en oscuras colmenas y nidos subterráneos de sufrimiento y miseria. Era un mundo en el que nada cambiaba, nada crecía y nada de valor era creado. Y aún así era un mundo donde tal horror no era visto como la pesadilla que realmente era, sino como una victoria, como una existencia que celebrar y considerar magnífica”.

Como siempre digo, el día que el cine finalmente se atreva a entrar a saco en la adaptación del universo Warhammer 40.000 a la pantalla grande el fenómeno generado por la adaptación de El señor de los anillos o los cómics de superhéroes de las editoriales Marvel y DC va a quedarse en pañales frente a la tormenta que puede desatarse en los universos de ficción.

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