sábado, 22 de diciembre de 2012

FRINGE TEMPORADA 5, CAPÍTULOS 8 Y 9: MALAS NOTICIAS DESDE CALVOLANDIA

Tras dos capítulos siguiéndole la pista al Peter-Monchito con superpoderes, en plan Matrix, que se habían sacado de la manga supongo que para animar la cosa un poco, los de Fringe reculan, regresan al argumento central que plantearon en la visita al universo de bolsillo, lo cual se me antoja un excelente ejemplo de que guionistas y creadores del asunto están más  perdidos que cuando perpetraron la última temporada de Perdidos.

            Se han fornicado Fringe totalmente. O al menos esa es mi opinión después de ver el capítulo 8 y 9. A partir de aquí puede haber spoilers, así que ojo con seguir leyendo caso de no haberlos visto. 
 
El caso es que teníamos a Peter-Monchito (Monchito como homenaje al muñeco al que le metía la mano por el culo el ventrílocuo José Luis Moreno, porque el pavo empieza a imitar esa especie de movimiento de pájaro loco que ponen los calvos cuando  observan algo, totalmente ortopédico y artificial, poco creíble, forzado, de títere simplón…) adornado con superpoderes, y de repente, tras una conversación tan larga y sosa como las otras que mantienen los personajes principales en esta quinta temporada (parafraseando a Churchill: nunca tantos escupieron tantas palabras tontas a tan pocos, porque me temo que la audiencia de la serie dormita con frecuencia con esas largas parrafadas que no van a ningún sitio y cada vez me recuerdan más el discursillo de el Arquitecto en la segunda entrega de Matrix, que nos tumbó a casi todos), Olivia convence a Peter para que se saque el bicho del cráneo y deje de lado sus planes para cargarse a los calvos en plan caballo de Troya. Eso supone que nos han estado mareando la perdiz para nada durante dos o tres capítulos, y ahora retoman la hitoria del niño calvo que se encontraron en el universo de bolsillo, que por cierto era una adaptación bastante potable de la trama universal de Teseo, el Laberinto y el Minotauro. 
  
Esta retirada de la parte más Mátrix de la trama, que aparentemente no ha ido a parar a ningún sitio, aumenta el grado soporífero de los argumentos que nos están atizando en la quinta temporada cansina y repetitiva, e incluso excesivamente disparatada, porque lo del dibujo animado de Walter Bishop montado en la vaca no es un alarde de imaginación sino pura y simplemente una gilipollez pretenciosa y pedante. 
 
Resumiendo: una demolición en toda regla de una serie que nos ha dado muy buenos ratos en sus cuatro temporadas anteriores pero en la quinta nos está mandando al país de los sueños.

            J.J. Abrams repite la jugada de la última temporada de Perdidos cargándose su propia creación.

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