martes, 11 de diciembre de 2012

EL HOBBIT, UNA GOZADA. MI CRÍTICA EN LA PÁGINA WEB DE ACCIÓN

Esta tarde, en el pase de prensa de El Hobbit, un viaje inesperado, he recuperado mi confianza en el cine de aventuras y acción. La película me ha gustado más que la primera entrega de El señor de los anillos. Además creo que es mejor por una serie de motivos que explico en mi crítica para la página web de la revista Acción:  http://www.accioncine.net/reportajes/criticas-proximos-estrenos/1784-el-hobbit-un-viaje-inesperado-xxxxx.html
Todo lo que no consiguió darme La Comunidad del Anillo me lo ha dado El Hobbit. 
 
En mi opinión, ésta sí es fiel a la propuesta épica y fantástica, a los paisajes y los personajes, y a las sensaciones que me produjo el libro de J.R.R. Tolkien en el que se basa. 
Tenía mis dudas. Especialmente cuando ví esos paseos aéreos por los paisajse que tanto me tocaban las narices en El señor de los anillos, pero que en esta ocasíon encuentran su justificación en las acciones que muestran. 
Me mosquee mucho cuando tras ver un trailer los enanos se me parecieron demasiado a los de Blancanieves y la leyenda del cazador. 
Y ver a Bilbo corriendo en el trailer y gritando en el doblaje al castalleno que va a correr una aventura, me recordó en su manoteo y su tono de voz del del doctor Sheldon Cooper de la serie The Big Bang. 
De manera que iba a verla película con suspicacia. Mosqueado. Sin fiarme mucho. 
Además, la trilogía de El señor de los anillos no me dejó del todo convencido. 
Tenía momentos memorables, junto a valles de pretenciosidad supuestamente poética que no me llegaba nada. 
Y no aguantaba a los elfos. 
A los diez minutos de proyección, con la primera aparición de Martin Freeman ejerciendo como Bilbo y protagonizando un divertido encuentro con Gandalf todas esas dudas y suspicacias se han esfumado. 
Bilbo no es Frodo. Bilbo no me cae gordo. Y además, Martin Freeman se come con patatas y dormido a Elijah Wood.   
En ésta, incluso aguanto a los elfos. 
Aunque afortunadamente los protagonistas son enanos.
Guerreros enanos. 
Y lo parecen. No son monigotes y ni peluches. 
Guerreros. 
Tal como lo oyen
No se despisten por la simpática ilustración que sigue a estas palabras.  
Estos tipos pelean de verdad.  
 
Y, hablando de oír, la música, de la que nos ha hablado ya en otro post de este mismo blog Jezabel Martínez, refleja ese tono épico y más de aventura. Basta comparar la banda sonora de El señor de los anillos con la de El Hobbit, un viaje inesperado, para entender todo lo que diferencia ambos proyectos. 
Y por qué me gusta más éste.     
 
Toda El Hobbit es una apuesta por lo épico, lo trepidante, lo fantástico y lo impresionante. 
Ésta vez sí que ha conseguido Peter Jackson llevarme, de verdad, a la Tierra Media. 
Y con sentido del humor, algo que apenas aparecía en El señor de los anillos. 
Así que las casi tres horas de metraje se me han hecho cortas. 
Y tengo ya ganas de volver a verla. 
 
De cinco estrellas, según mi criterio y mi opinión. 
Una gozada que me a devuelto la condición de niño entusiasmado con la magia del cine durante algo menos de 180 minutos. 
Y ya saben los que me leen que estoy en plan orco cabronazo con pintas y este no es el mejor año para tocarme las narices. 
Más explicaciones en la crítica que ya está colgada en la página web de la revista Acción. 
Yo aquí termino diciendo que nunca me apunté a la Comunidad del Anillo, pero ahora mismo saldría disparado a apuntarme a la Compañía del Escudo de Roble para acompañar a Thorin, hijo de Thrain. 
                  

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