jueves, 6 de diciembre de 2012

ABANDONADOS, RECHAZADOS, EXILIADOS ESCAPANDO DE LA SOMBRA: EL BAR, LA RAMA Y LA PALOMA SINATRA

El otro día volvía del trabajo y me tropecé con tres imágenes a las que les apliqué instantánea automáticamente. 
La primera es lo que queda de un bar que en su momento estuvo repleto de gente, con la terraza a tope en verano y el interior a tope en invierno.  
 Ponían unas tapas de paella por las que el personal casi se peleaba los fines de semana, especialmente los domingos por la mañana. 
Ahora está cerrado. 
Es sólo un pequeño caserón vacío. Otro resto perdido en el mar de la crisis.  
Yo me pasé allí unas cuantas horas de vermut dominguero dándole al Martini rojo y al arroz con gambas, chirlas y demás abalorios alimenticios. 
Y otras cuantas horas de verano leyendo tranquilamente un libro en la terraza, a la sombra de un pino, mientras mi hija jugaba en el parque. 
La siguiente foto es la de una rama que intenta escapar del seto, una rama exiliada, marginada o rechazada. 
Vaya usted a saber si al final las plantas no son tan cabronas como nosotros, las bestezuelas humanoides. 
 Le saqué foto para recordarme que las ramas que se apartan o marginan, voluntariamente o por la fuerza, también son ramas. 
Y en muchos casos incluso son las ramas más interesantes. 
Si les dejas un mínimo de margen, casi siempre te sorprenden. 
Saqué la foto también para recordarles a las ramas que se apartan del seto que deben estar orgullosas de sí mismas. 
Formar parte del grupo no siempre es lo más sensato, ni lo más recomendable. 
Y finalmente me tropecé con una paloma saliendo de la sombra por su cuenta, sin dar explicaciones. 
A su aire, a su manera, como Frank Sinatra. 
La bauticé como Paloma Sinatra. 
 Cuando saqué esta tercera foto iba pensando lo bien que me sentaría un vinito de aperitivo. Con alguna tapa. Pero al mismo tiempo pensaba si no sería mejor salir disparado para casa y ponerme a darle a la tecla. 
Al final tomé ejemplo de la paloma y escapé de la sombra. Subí a casa de mis padres y estuve allí arriba hora y pico de charleta, tomando unos vinitos y degustando las especialidades de la cocina de mi madre, que naturalmente estaba tan contenta con la visita. 
Mi sombra, la que todos llevamos dentro, me invitaba a hacer lo contrario, pero no le hice ni puñetero caso. 
Así que aunque las palomas se caguen a veces en mi pijama recién lavado porque no paran de bombardear los tendederos del barrio, a ésta concretamente le estoy muy agradecido por el ejemplo. 
Tomo nota, rata con alas: no siempre hay que obedecer a nuestro lado oscuro. 
      
            

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