viernes, 9 de noviembre de 2012

TEXAS 1870, de Gianfranco Parolini

Gianfranco Parolini, alias Frank Kramer, dirigió su tercera incursión en las peripecias del pistolero Sabata en 1971, con el título en castellano de Texas 1870, alias É tornato Sabata… hai chiuso un´altra volta, en su título original. 

 
 Y para ello, además de recuperar a Lee Van Cleef en el papel de Sabata (en la segunda película de la trilogía, Adiós, Sabata, de 1970, fue Yul Brynner quien se ocupó de interpretar al personaje), vuelve a contar con dos de los elementos secundarios que a título de socios del protagonista aparecen como contrapunto picaresco a las chulerías del hombre de negro: Ignacio Spalla como Bronco, el hombre con el bombo adornado con un puñado de revólveres cargados, Y Aldo Canti como el acróbata, que había interpretado al Indio en el anterior largometraje de Sabata progagonizado por Lee Van Cleef en 1969, que en España se tituló Oro sangriento
 
            La trilogía de Sabata, a la que dado su éxito no le faltaron imitadores, incluso con su mismo nombre, como le ocurriera también a Sartana y a Django, siempre se inclinó hacia el espectáculo circense, pero en este caso aún más, aceptando su verdadera naturaleza como broma de evasión y con su punto de autoparodia del espagueti western. 
 
            Empeñado en robarle el dinero adquirido con malas artes e impuestos abusivos a una organización irlandesa de carácter mafioso, Sabata se alía con un antiguo enemigo, un pintoresco y barbudo músico y dos acróbatas, uno de ellos armado con un peligroso tirachinas, para dar el golpe de su vida. 
 
Con ese punto de partida argumental, se suceden las peleas a puñetazos, los tiroteos, emboscadas, traiciones, chulerías varias, alguna que otra frase ingeniosa de diálogo y una exhibición de armas de lo más variopintas entre las que destacan el revólver Derringer del protagonista su “exprimelimones” letal, además del tirachinas mortífero de su colega saltimbanqui y el bombo tipo metralleta del barbudo Bronco. 
  
      No hay ni buenos ni malos. Todos son pícaros en esta peripecia que desde el principio deja bien claras sus intenciones con esas secuencias de tiroteo en el circo que parecen sacadas del principio de El hombre de la pistola de oro, con Lee Van Cleef ocupando el puesto de 007.
Divertida y título obligado para los amigos del western mediterráneo, así que le atizo: 
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